Un matrimonio sin sueños

Por María Isabel Jaramillo

Después de cumplir varios anhelos y de olvidarse de otros tantos, los matrimonios pueden verse afectados por la falta de un propósito. Si ya tienen los hijos por los que oraron, compraron la casa que soñaban, alcanzaron el anhelado ascenso laboral, ¿qué queda? Ningún matrimonio sobrevive sin un propósito común.

Algunas personas llegan a una etapa de la vida en la que sienten que se quedaron sin sueños, pues estos se cumplieron, cambiaron o ya no podrán cumplirse. Esto, por supuesto, puede llegar a desmotivarlos y a afectar su relación matrimonial.

Para Silvia Salinas, coach especialista en relaciones de pareja, “esto ocurre cuando la relación es larga y pasa por varios procesos o cuando uno de los dos decidió someterse al proyecto de vida del otro. Esto es un grave error que tarde o temprano pasará factura. El otro punto es cuando se pone el interés en lo equivocado, como el dinero, las posesiones u otras personas”.

Cuando un matrimonio comienza, cada uno tiene sueños individuales y generalmente buscan construir sueños comunes en pareja, este es parte del motor que cada uno tiene para seguir adelante. Cuando los sueños de uno o de ambos se acaban, el matrimonio tambalea, pues no hay motivación para continuar. La motivación no es el cónyuge, ni los hijos, es el propósito que tiene cada uno para vivir día a día.

Para la psicóloga clínica y especialista en temas de familia, Diana Hernández, “muchas veces confundimos los sueños con etapas de la vida y creemos que al cumplirlos tendremos la felicidad absoluta. No es así. Los sueños son metas, pero si no disfrutamos la planeación y el proceso para conseguirlas, tampoco disfrutaremos cuando sean reales. Además, los sueños deben movilizarse, evolucionar y crecer. Si no, el problema realmente no está en el sueño sino en nuestro propósito y probablemente también en nuestra identidad”.

Un proyecto de vida juntos

Cuando Juan Carlos y Andrea se casaron, ambos trabajaban en una conocida aerolínea, lo que les permitía constantemente cumplir su sueño de viajar por el mundo. Uno de los propósitos que se plantearon juntos fue tener hijos, pero con los constantes viajes, el sueño se hacía lejano, por lo que tomaron la decisión de que Andrea renunciaría a su trabajo para dedicarse a sus hijos. Tuvieron tres. Sin embargo, con el paso de los años y cuando sus hijos ya tenían 15, 13 y 9 años, Andrea comenzó a sentir que no había hecho nada con su vida. Juan Carlos era exitoso en el campo en el que ella también lo había sido y sentía constantemente que no tenía un propósito. Esto hizo que su matrimonio comenzara a tener problemas y su vida familiar se viera gravemente afectada.

Después de un proceso de consejería, Andrea comprendió la situación. No se había quedado sin sueños, solo que no tenía claro cuál era su propósito.

“Muchas personas se frustran por haber dejado una carrera profesional para dedicarse a sus hijos, como si criar, educar y formar seres humanos no fuera un enorme propósito. Perder el empleo también se convierte en un motivo de frustración, pues se cree equivocadamente que el propósito del ser humano está dado por su profesión y esto no es así”, asegura Hernández.

Los sueños de vida se construyen individualmente y luego se alimentan en pareja. “Es necesario definir un proyecto de vida juntos que les dé una idea de lo que quieren lograr en cada etapa de sus vidas y del matrimonio. Será como un mapa que los guiará a lo largo del camino y les brindará sentido y dirección a sus días. Así podrán canalizar sus recursos más valiosos (energía, tiempo, atención, inteligencia y talento) y enfocarlos en un objetivo claro y especifico que, además de brindarles realización personal, les permita contribuir de manera positiva en esta sociedad de la cual forman parte”, asegura el coach Maurino Loyola.

El servicio como un sueño común

Como en el matrimonio estamos compartiendo la vida con alguien, lo más natural es que los sueños se establezcan juntos. Trazar una meta que ambos  quieran alcanzar y que los propósitos individuales no peleen con el propósito que tienen. Sin embargo, lo más importante es comprender el propósito que Dios tiene para cada uno y así alinear los sueños a ese propósito. No al revés. Dios no es injusto o cruel como para dar unos sueños a la pareja que jamás podrán cumplirse. De hecho, Él nos otorga dones y talentos, gustos y anhelos para que podamos cumplir con ese propósito y honrarlo con lo que disfrutamos hacer, pero también dispone a la persona que será nuestra ayuda idónea para cumplir con lo que Él ha propuesto.

Se trata de preguntarse juntos, en oración, qué es lo que Dios tiene para cada uno y para los dos como pareja y cómo pueden servirle. Comprender que el matrimonio también fue diseñado para adorar a Dios les permitirá comprender que tiene un propósito más grande del que creen y podrán definir el plan de acción, apoyarse mutuamente y trabajar arduamente para alcanzar ese propósito.

Una vida sin sueños no es vida, no es el plan de Dios. Poner nuestros sueños al servicio de Dios, de nuestro cónyuge y de los demás nos devuelve sin duda el propósito de vida y nos reactiva las ganas de luchar.

Por: María Isabel Jaramillo – isabel.jaramillo@revistahyc.com

Foto: Cookie_studio  Freepik (Foto usada bajo Licencia Creative Commons)

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