Eutanasia: ¿Mi voluntad por encima de Dios?

por Jennifer Barreto
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A Javier Acosta le quedan pocas horas de vida. Este joven Bogotano de 36 años, hincha furibundo del club Millonarios FC pidió la eutanasia. Mañana 30 de agosto dará fin a su vida “dignamente”.


Según cuenta Javier en sus redes sociales, todo inició con un accidente de tránsito que lo dejó en silla de ruedas. Meses después en un viaje de descanso, adquirió una bacteria en una piscina y ahí empezó la odisea. «Hace cinco años tuve un viaje a Melgar con mis dos mejores amigas, con el hijo y yo. Entré a una piscina y lastimosamente obtuve una bacteria en el glúteo izquierdo que me llegó al hueso. Eso se llama osteomielitis… La bacteria es una levadura que se alimenta hasta de los mismos antibióticos. En el momento estoy con tres antibióticos. Me sacaron sangre, un estudio aquí, un estudio allí y encontraron que la bacteria se desplazó más y más hasta llegar no solamente al hueso, sino a tejidos y la tengo en la sangre», expresó en el video.

Por otra parte, los especialistas le dieron la opción de quitarle una de sus extremidades. «Me dijeron que se podía desarticular, hoy en día se llama así, para nosotros es amputación», expresó Javier.

El miedo de saber que tiene osteomielitis, un cáncer en la sangre que ya le desarrolló un ganglio en la cabeza, y al parecer, dentro de poco le afectaría el habla; y saber que podría perder ambas piernas, lo llevaron a tomar una delicada decisión: la eutanasia, “muerte digna” o suicidio asistido. Un tema que en muchos países genera controversia y que explicamos con detalle en este informe.

¿Qué es la eutanasia?

Viene del griego eu (bueno) y thanatos (muerte). Fue acuñada por el filósofo británico Francis Bacon quien defendía su práctica y legalización: “Estimo ser oficio del médico no sólo restaurar la salud, sino mitigar el dolor y los sufrimientos, y no sólo cuando esa mitigación pueda conducir a la recuperación, sino cuando pueda lograrse con ella un tránsito suave y fácil”. (El avance del saber, 1605)

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la eutanasia como aquella «acción del médico que provoca deliberadamente la muerte del paciente».

La eutanasia, es una expresión que ha evolucionado. Actualmente hace referencia al acto de acabar con la vida de una persona, a petición suya o de un tercero cercano, con el fin de minimizar su sufrimiento.

Esta definición resalta la intención del acto médico, es decir, el querer provocar voluntariamente la muerte del otro. La eutanasia se puede realizar por acción directa: proporcionando una inyección letal al enfermo. O por acción indirecta: no proporcionando el soporte básico para la supervivencia del mismo. En ambos casos, la finalidad es la misma, acabar con una vida enferma.

Datos para tener en cuenta…

+ El primer caso registrado legalmente como eutanasia fue cuando en octubre de 1939 Adolfo Hitler firmó una autorización secreta para proteger a los médicos y enfermeros que la practicaban. El nombre clave de esta operación secreta era “T4”. Su finalidad era matar a niños, adultos y ancianos con discapacidades mentales y físicas que estaban internados, sin el conocimiento de sus familias. Alrededor de 70 mil personas murieron con esta práctica.

+ El doctor Jack Kevorkian, ex-patólogo del estado de Michigan en Estados Unidos, mundialmente famoso con el sobre nombre de “Doctor Muerte”, se hizo célebre entre 1990 y 1998 por asistir a la muerte de cerca de 100 enfermos terminales y quien también creó una máquina a la que denominó «Thanatron» (máquina de muerte) que permitía que los pacientes se auto administraran químicos letales para terminar con sus vidas.

+ Los países donde esta práctica es legal son 7: Países Bajos (Holanda), Bélgica, Luxemburgo, Canadá, Los estados de Victoria y Western Australia (Australia), España y Colombia, el único país de América Latina donde la eutanasia está legalmente permitida desde 1997 cuando fue despenalizada por la Corte Constitucional y ha sido reglamentada desde 2017 mediante varias resoluciones del Ministerio de Salud y Protección Social y ratificada mediante nuevas sentencias de la Corte Constitucional.

¿“Razones” para morir?

Hay quienes argumentan que se debe eliminar el dolor del otro lo antes posible, pues vivir enfermo y con dolor es visto como una pérdida de la dignidad. En otras palabras, que vivir enfermo no es vivir. El fallecido neurocirujano Juan Mendoza Vega, quien fue presidente de la Fundación Pro Derecho a Morir Dignamente dio razones más «piadosas» como la compasión. Por lo cual, si se pierde la calidad de vida, hay que permitir al enfermo eliminar el dolor teniendo una «muerte digna» a través de la eutanasia. “Creo que cada persona es autónoma y tiene derecho a resolver sobre su vida, incluida esa etapa final que es la muerte. A nadie se puede obligar a sufrir si no quiere. Y porque todas las personas tienen el derecho a morir dignamente”, aseguró en 2008 a la Revista Cambio.

Y es en este caso cuando salen a relucir aquellas frases que de una vez quieren enviar al paciente a la tumba: “está sufriendo mucho», «nos estamos quedando sin dinero», «así va a estar en paz», «nos está desgastando como familia», “pobre, ya no hay nada que hacer”, «de todas maneras se va a morir», “su edad es muy avanzada”, “está en estado vegetal”, etc., etc.

Aunque pueda ser verdad que el paciente esté sufriendo mucho y que los médicos digan que está en los últimos días, surgen unas interesantes preguntas: ¿A quién se pretende ayudar legalizando la eutanasia?, ¿se ayuda al enfermo o a los que deciden su muerte?, ¿alguien se ha propuesto estudiar acaso, qué consecuencias psicológicas y morales trae en una persona el saberse responsable de la muerte de un ser querido?

Sergio Morán, profesor titular del Departamento de Enfermedades Cardiovasculares de la Universidad Católica de Chile explica que es vital respetar la autonomía del paciente: “Si es el paciente el que solicita la eutanasia, debiéramos acceder. Sin embargo, se olvida que la enfermedad terminal pone a los pacientes en situaciones muy vulnerables y, por lo tanto, su autonomía está comprometida”, asegura el especialista.  

En contra del suicidio asistido

Los argumentos en contra de la eutanasia resaltan el valor de la protección de la vida humana, la defensa de su dignidad independientemente de las condiciones de vida o la voluntad del individuo implicado, y las repercusiones sociales de desconfianza que podría conllevar la flexibilización práctica.

La Asociación Médica Mundial considera contrario a la ética y condena tanto el suicidio con ayuda médica como la eutanasia. En cambio, recomienda los cuidados paliativos, los cuales hoy en día se utilizan con frecuencia para calmar el dolor y hacer que el paciente viva hasta que Dios lo permita.

La postura de las iglesias cristianas en tanto, a nivel mundial, es mayoritariamente contraria a la eutanasia y al suicidio asistido. Es el caso de la Iglesia Católica Romana y de las iglesias protestantes. El expapa Benedicto XVI dijo una vez: “El valor de decir con claridad, por ejemplo, que la eutanasia es una falsa solución al drama del sufrimiento, una solución no digna del hombre” y añadió: “la verdadera respuesta no puede ser dar la muerte, sino testimoniar el amor que ayuda a afrontar el dolor y la agonía de manera humana”.

Por otra parte, la mayoría de las iglesias afiliadas a la Comunión Anglicana se oponen en principio a la eutanasia, pero dan espacio para la decisión individual caso a caso. Otras iglesias han optado por no pronunciarse a este respecto y enfatizar el valor de la conciencia individual en cuestiones éticas. Tal es el caso de las parroquias católicas afiliadas a la Unión de Utrecht, y algunas Iglesias presbiterianas, entre otras.  

¿Qué dice la Biblia?

Aunque en la Biblia no se menciona la palabra eutanasia, sí hay casos que podrían ser calificados como tal. El más evidente es el de Saúl, el desobediente primer rey de Israel, quien en una batalla contra los filisteos donde murieron además sus tres hijos, fue alcanzado por una flecha quedando mal herido. Para evitar caer al filo de la espada de sus enemigos, le pidió a su escudero que lo matara. No sea que se diviertan a costa mía”, le advirtió. Pero el escudero tuvo miedo de hacerlo y fue el mismo Saúl quien que se dejó caer sobre su propia espada. 1 Samuel 31:1-6. 

¿Estará Dios de acuerdo en que una criatura suya decida poner fin a su vida? Si nos ceñimos a lo que dice la Biblia, la respuesta es NO. Él es quien ha de decidir sobre el tiempo y las circunstancias en que deben terminar nuestros días sobre la Tierra.

El mismo Job decía: Sé muy bien que me harás bajar al sepulcro, a la morada final de todos los vivientes. Job 30:23. En Salmos 68:20 leemos: Nuestro Dios es un Dios que salva; el Señor soberano nos libra de la muerte. Eclesiastés 8:8 declara: No hay quien tenga poder sobre el aliento de vida, como para retenerlo, ni hay quien tenga poder sobre el día de su muerte. Es claro que Dios tiene la última palabra sobre la muerte de cada persona. (Leer también 1 Corintios 15:26, 54-56; Hebreos 2:9, 14-15; Apocalipsis 21:4).

Vista así, la eutanasia es otra de las formas con que el hombre trata de usurpar la autoridad de Dios. La consejera de familia Estela Vargas dice: “La muerte es un evento natural. Nadie disfruta del sufrimiento, pero esto no justifica el determinar que una persona está lista o no para morir. Dios otorga un propósito a la vida aún hasta en su final”.

Juan Manuel Vaz, pastor y escrito en The Gospel Coalition, dice al respecto: “Tanto las leyes a favor del aborto como las que están a favor de la eutanasia, violentan los mandatos de Dios y le restan valor a la vida. Ellas promueven y toman en sus manos la muerte del ser humano, mientras los cristianos creemos que determinar tanto la vida como la muerte es una prerrogativa que solo corresponde a Dios.

Estamos totalmente en contra de toda práctica que involucre quitarle la vida a una persona, ya sea cuando está en el vientre de su madre o en medio del sufrimiento causado por una enfermedad. Por el contrario, Dios nos manda amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, estar atento al sufrimiento de los más vulnerables y acompañar en su dolor a los que están sufriendo.

La historia del cristianismo muestra cómo la iglesia ha sabido acompañar a los que sufren, a los enfermos y a los desvalidos, ministrándoles en medio de su dolor y creando instituciones que promuevan la vida y busquen paliar el sufrimiento. Con esto queremos decir que el cristianismo nunca ha sido indiferente al dolor humano, pero la vida y la muerte solo le corresponden al Señor”, concluye Vaz.

Se podrían exponer aquí muchos más argumentos en contra o a favor de la eutanasia. Pero las dos palabras que componen el sexto mandamiento no pueden ser más claras: no matarás.

Por: Jennifer Barreto – jennifer.barreto@revistahyc.com

Foto: Freepik (Foto usada bajp Licencia Creative Commons) 

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