Tiempo de restauración familiar

Por María Isabel Jaramillo

Aunque suene a cliché, la Navidad es un tiempo de unión y de reconciliación. El nacimiento de Jesús, así como su muerte en la cruz por nuestros pecados, son los hechos más grandes en la historia de la humanidad y al conmemorarlos, vale la pena actuar como Él nos ha pedido que lo hagamos, evitando distanciamientos y restaurando corazones rotos. Finalmente, en Él está puesta nuestra esperanza.

Reconstruir nuestras relaciones familiares (las que están rotas, las que están un poco averiadas e incluso las que funcionan maravillosamente), no es un propósito para Año Nuevo, sino más bien, una intención que debemos tener cada mañana En todas las familias, por unidas que sean, por ejemplares o sanas, existen desacuerdos. En algunos casos, las familias llegan a distanciarse de tal manera que pueden pasar meses o hasta años sin hablarse. En otros casos, los desacuerdos se solucionan fácilmente y aparentemente quedan atrás. Cualquiera que sea el caso, los corazones quedan heridos y es importante trabajar en la sanidad y restauración de los lazos familiares y en la reconciliación total.

Busca la reconciliación

No importa qué haya ocurrido, siempre puedes esforzarte por restaurar la relación. No te estamos diciendo que aceptes el maltrato, sino que te acerques a las personas con las que tuviste algún tipo de desacuerdo.

Normalmente, durante una discusión podemos ser hirientes y seguro hubo palabras duras de lado y lado. Así que deja de lado el orgullo, si es alguien que amas, prima el amor y el servicio. Haz lo que esté en tus manos para que llegue esa anhelada reconciliación.

Y por cierto, si no se da y la otra persona no acepta, debes tener la tranquilidad y certeza de haber hecho todo lo posible.

Si es posible, y en cuanto dependa de ustedes, vivan en paz con todos. Romanos 12:18.

Acepta tus errores

Es muy difícil reconocer en qué nos equivocamos. Si el problema surgió por nosotros, es importante reconocer en qué hemos estado fallando. Muchas veces las relaciones no se lograrán restaurar, pero ser sincero, bajar la cabeza y aceptar que hemos herido y ofendido al otro, puede bastar para que éste comience a sanar. No todos saben cómo hacerlo.

¿Quién está consciente de sus propios errores? ¡Perdóname aquellos de los que no estoy consciente! Salmo 19:12.

Perdona

La mayoría de veces, cuando tenemos un desacuerdo, nuestros corazones salen heridos y se genera en nosotros una raíz de amargura por falta de perdón. Las repercusiones de esto son mucho más grandes de lo que se puede imaginar. Lo mejor es ir ante Dios en oración y pedir su guía para perdonar cada cosa que nos ha herido, de todos, pero en especial de nuestros seres más amados. Recuerda que el perdón no solo beneficia al otro, te libera principalmente a ti.

El que perdona la ofensa cultiva el amor; el que insiste en la ofensa divide a los amigos. Proverbios 17:9.

Muéstrate amigo 

Si quieres restaurar las relaciones familiares y convivir en paz, esfuérzate. Sé amable, muéstrate amigo, sirve. Si te enfocas en servir a otros y ayudar cuando lo necesiten, les estás dando el mensaje de que son importantes para ti y estarás reconectando con esas áreas que se han venido fracturando.

El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo; Y amigo hay más unido que un hermano. Proverbios 18:24 (RV1960)

Acepta la realidad

Dar todo de ti para restituir las relaciones no implica que se va a lograr. Hay relaciones, incluso familiares que no van a mejorar ni se lograrán sanar. Y a veces es necesario alejarse para tener paz. Esta no es una decisión fácil y se debe tomar en intimidad con Dios, pues implica respetar la voluntad del otro de mantenerse distante. Sin embargo, debes dejar clara tu posición y estar dispuesto a sanar y a reconciliarte. Y claro, si te encuentras con la persona del conflicto, actúa con respeto y misericordia y evita que el momento se torne incómodo para ustedes y para los demás.

Si tu hermano peca contra ti, ve a solas con él y hazle ver su falta. Si te hace caso, has ganado a tu hermano. Mateo 18:15.

Te invitamos a que esta Navidad te aferres a la Palabra de Dios. Ores por la reconciliación familiar y sometas tu orgullo. Vive una vida que con su ejemplo y testimonio haga valioso el nacimiento y sacrificio de Jesús. Sabemos que fallarás, pero tu voluntad de obedecer a Dios y vivir en paz será una luz para todos aquellos que tieneTestimonion el corazón herido.

Por: María Isabel Jaramillo – Isabel.jaramillo@revistahyc.com

Foto: Jonathan Borba – Unsplash (Foto usada bajo Licencia Creative Commons)

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