Mi paso de fe

por Revista Hechos&Crónicas
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En la vida uno cuenta con muchos testimonios desde el momento que inicia una relación con Dios. Es semejante a un prisma, depende de la forma y lugar desde donde se mire. Este es el testimonio de una mujer a quien Dios le mostró que el sueño americano, sin Él, no tenía ningún valor.


Mi nombre es Sandra Cortés y tengo dos hijos, Paula de 22 años y Samuel de 16. Hace 31 años me congrego en la iglesia Casa Sobre la Roca en Bogotá. Actualmente me desempeño como Asesora en sistemas de calidad agroalimentaria y sirvo en el segmento de papás Timoteos.

En el año 2021 tomé la decisión de viajar a EE. UU. con la idea de radicarme en ese país, llevándome a mis hijos conmigo y aprovechando que mi hija se encontraba hacía ya un mes en ese país. Al irme decidí, vender y regalar lo que en ese momento tenía.

¡Viajé con la certeza de que era una decisión de Dios! Al llegar, empecé a ubicarme en ese país, a hacer gestión de ubicar escuela para la continuidad de los estudios de mi hijo, ubicar a mi hija mientras ella tomaba la decisión de quedarse o regresar a Colombia. Pero en mi corazón estaba que se quedara a mi lado.

Inicié un proceso para lograr entender el cambio de status en este país. Inicialmente, llegué a la casa de mi hermano mayor que, con mucho amor, nos acogió. Samuel, mi hijo, inició sus estudios y aparentemente todo estaba fluyendo.

Pasó un mes y había algo en mi corazón que me producía angustia. Yo seguí trabajando en línea en Colombia. Pasó el tiempo y empecé a sentir que necesitaba trabajar y empezar a buscar una independencia y así lo hice. Pero, realmente, era que no me hallaba en el país, sentía que allí no pertenecía.

Me fui a vivir a Miramar, Florida, compré una camioneta y sentía que ya estaba lista para iniciar una nueva vida. Mi hijo estudiaba en la escuela local pero mi hija no se podía ubicar porque era mayor de edad y el proceso era diferente. Comencé a trabajar en la ciudad de Miami con una jornada de 6 am a 3 pm, pero por los tiempos salía a las 5 am y regresaba a las 4 pm.

El cansancio era fuerte, tanto, que al llegar saludaba a mis hijos, comíamos y a las 7 pm ya estaba dormida.

En esa época empecé a extrañar los tiempos de desayunar con mis hijos. Solo tenía ese tiempo los sábados y domingos. Con el apoyo de mis hermanos, logramos estar un tiempo prolongado. Trataba de adaptarme al ritmo de mi nueva vida.

Tuve un trabajo “estable” hasta el día 30 de mayo, pero me pude organizar con otros trabajos. Cuando llega el día de mi cumpleaños, el 7 de junio, saliendo de la casa para ir a Miami, miré el cielo y le pedí a Dios, como nunca lo había hecho, que me diera un gran regalo de cumpleaños, que me sorprendiera.

Continué mi viaje y cuando estaba de regreso a casa, debido a la imprudencia de un conductor en una vía en EE.UU. tuve un accidente automovilístico y aunque gracias a Dios no me pasó nada, mi camioneta quedó en pérdida total. No entendía qué pasaba. ¡Jamás me había chocado y solo había pedido un regalo especial de parte de Dios! Por protocolo de seguro del auto, empecé con terapia física. Dios estaba preparando algo especial, lo cual entendí mucho tiempo después. El auto se fue a pérdida total. La persona que me estrelló iba en una Ford que transportaba postes de acero y el reporte de la policía decía que iba 35 millas por hora y yo estaba esperando tan solo que avanzara el tráfico. En un segundo pasó de todo y yo no entendía nada.

Inicio con terapias de recuperación con médico quiropráctico. Cuando ingresé a ese lugar, sentí paz; claro, después de estar cuatro días en cama. Lo primero que vi en el consultorio fue una Biblia y cuando empecé las terapias, escuchaba canciones cristianas en inglés. Luego de unos días, me sorprendió enormemente saber que el médico y su esposa eran cristianos (él nacido en New York y ella nacida en Bogotá).

Después me entero de que el Dr. había atendido al pastor Darío en su consultorio.

Un día iba para el consultorio con la decisión de quedarme en EE. UU. porque sentía que allí mis hijos iban a estudiar, sentía que en Colombia no lo podrían hacer por falta de recursos económicos, pensé que lo mejor era quedarme con mis hijos. Sin comentarlo al doctor, empezamos a hablar del avance de las terapias y él hace una pausa y me comenta que está realizando lo trámites para migrar a Colombia y que pensaba en cambiar de ciudanía americana (Yo solo pensaba: ¡está loco!) Yo en ese momento solo quería tener la green card y legalizar nuestro status.

Así pasó una semana y me llegó un mensaje del dueño de la casa en el que me decía que regresaba a la Florida y que necesitaba su casa. Finalmente, armé maletas y salí para la casa de mi hermano. Seguí trabajando en un rent a car, limpiando casas. Llega agosto y durante el tiempo que pasó, mi mente no paraba de pensar qué debía hacer.

Yo me seguía congregando en Casa Roca Boca Ratón y siempre muy atenta a las prédicas para que Dios, con nombre propio, me dijera qué debía hacer. Un día, en el mes de julio, sobre las 9 pm, recibo una llamada de Colombia de una cliente para que le brindara una asesoría de una certificación. Hablamos sobre el tema (un tema que de yo desconocía completamente). Puedo decir que hablé con toda la certeza y el conocimiento que solo Dios y su Espíritu Santo hicieron, porque, repito, no conocía del tema.

Finalizando la llamada, ella me pregunta que si conozco una firma auditora que los apoyara en el proyecto que ellos tenían y yo le dije que sí, que era mi firma (No tenía firma en Colombia, no conocía la certificación de su interés). Ella me dice, muy convencida, que le envíe una propuesta y mi hoja de vida. Así lo hice sin saber si la iban a aceptar.

Llega agosto y mis hijos van al campamento de tMt a Orlando. Felizmente, se fueron y quedo sola para seguir pensando. Después de dejarlos en la iglesia esa mañana, me voy para una playa y caminé demasiado, no sé cuánto, porque no tenía presente el tiempo, pero lloré, esperando que Dios me hablara claro. Quería saber si la voluntad a de Él era quedarme en ese país o devolverme (lo que yo no entendía era que Dios me venía hablando desde el 30 de mayo, con el cambio de trabajo).

Necesitaba llorar porque mientras mis hijos estaban conmigo no lo hacía, suficiente con que me vieran indecisa, como para que también me vieran llorando. Regresando a casa y después de llorar y orar, decido comprar los pasajes sin saber si era lo correcto. Todavía no tenía un sí del contrato, me regresaba sin dónde vivir en Bogotá, sin trabajo adicional para el pago del estudio de mis hijos. Pero, realmente, tampoco sabía lo que estaba pasando en Colombia con ese tema. Decido viajar a Colombia el 23 de agosto del 2021. Ese día volví llena de dudas y expectativas, tantas, que incluso un día antes dudaba si debía regresar a Colombia.

Cuando nos llamaron a abordar, abracé mis hijos poniendo cara de fuerte y con mi corazón triste por dejar a mis hermanos. Subimos al avión y el primer paso que di en ese avión, lo llamé: mi paso de fe. En ese instante le entregué a Dios todo, absolutamente todo, incluyendo mis hijos, mi trabajo, su educación. absolutamente todo. Aterrizamos un sábado y puedo decir que desde el lunes siguiente no he dejado de trabajar.

En octubre de ese año me llega un mensaje al teléfono donde me preguntan ¿quién va a firmar el contrato? Yo no entendía. Pero por supuesto que era mi propuesta aprobada. Empecé a trabajar en noviembre de 2021, como empresa unipersonal y por solicitud del cliente tuve que crear mi firma con razón social. Mi propuesta estuvo concursando con firmas recocidas y de mucha experiencia.

¡Pero la mía fue la ganadora! Hoy mi hija estudia en la universidad y mi hijo está realizando sus estudios. Dios ha sido fiel.

Me regaló la palabra que está en Isaías 54 ¡y la está cumpliendo! Allí me habla de mi pasado, mi presente y mi futuro. Las promesas que me hizo me llenan de esperanza, fe y amor incondicional. Actualmente estamos sirviendo en la iglesia, mis dos hijos y yo. Mi hija sirve desde muy pequeña y nunca dejó de hacerlo, ni siquiera el tiempo que estuvimos fuera. Dios me preparó para un camino maravilloso. No le temo a cosas que antes le temía. Confío en mi proveedor, mi esposo, mi Dios. Mi todo. Me apropio de sus promesas y solo confío. Él permitió que yo viviera ese tiempo fuera del país, para recocerlo a Él como mi proveedor, mi esposo. Para que entendiera que mi futuro no depende de una nación, de un trabajo ni mucho menos de mis fuerzas.

Fotos: Archivo particular.

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