¿Puede un café poner en riesgo su matrimonio? Muchas veces se ha dicho a las parejas casadas, que el hecho de que alguno de los dos salga a tomar un café con alguien del sexo opuesto, es abrir una puerta a malentendidos o incluso a tentaciones. ¿Qué tan cierta es esta premisa? ¿Está bien hacerlo? ¿Qué límites deben existir? ¿Podría un “inocente café” perjudicar la relación matrimonial?
Estas son frases muy comunes entre amigos, conocidos, familiares, etc. Y aunque de primerazo es aparentemente algo inocente, a veces un simple café puede convertirse (como dicen por ahí) en una pequeña zorra, y no estoy exagerando.
La culpa no es del café, pues no hay nada más rico que tomarlo bien acompañado. Por ejemplo, mi esposo y yo, tenemos la costumbre después de almuerzo, de tomar un té (en mi caso) y él, su café que no puede faltar. Es una buena excusa para tomar una pausa, hablar un rato y pasar un tiempo juntos.
Entonces, ¿cuál es el problema?
El quid de este asunto radica cuando “ese simple café” se toma con alguien del sexo opuesto, a solas, porque sí, “porque nos queremos ver”, “porque siento que necesito socializar”, “porque es solo una escapadita con un viejo amigo, mientras mi esposo no está”. Aunque algunos matrimonios cristianos tienen claro que no hay que dar papaya, hay otros, que, en lo oculto, salen con alguien sin que su cónyuge sepa para así “evitar problemas”, cantaletas y peleas, porque “inocentemente creen” que un café no tiene nada de malo.
¿Por qué salir a escondidas? ¿Por qué acceder?… ¿Por no ser grosero con la otra persona? ¿Por no perder una vieja amistad? ¿Por ser amable y condescendiente?… Si sabes que a tu esposa o esposo le incomoda, ¿por qué no lo invitas a casa y le presentas esa persona a tu cónyuge? ¿Por qué no salir en grupo?
El caso de Greg y Erin Smalley
“Solo en dos ocasiones en nuestro matrimonio Erin se ha acercado a mí para hablar sobre las inquietudes que ha tenido de mis amistades con compañeras de trabajo (que, por cierto, ninguna de ellas trabaja en Focus on the Family donde soy el vicepresidente de Formación Matrimonial), y siendo sincero las dos veces respondí poniéndome a la defensiva.
«¿No confías en mí?» le pregunté. «¿Crees que soy idiota?». Interpreté sus inquietudes como si fueran una acusación contra mí. Pensé que ella estaba dudando de mi integridad, y muchos cónyuges podrían responder a la defensiva, de la misma forma que yo. Quizás también podrían tomarse esas inquietudes de forma personal acusando a la otra persona de ser celosa, controladora o paranoica. Pero toda esta inseguridad, culpabilización y actitud defensiva conduce a una mayor desconexión relacional y, a menudo, a una auténtica pelea, como nos ocurrió a Erin y a mí. Y eso solo hizo que el miedo y las inquietudes de Erin fueran reforzadas.
Si su cónyuge llega a plantearle sus inquietudes, puede entenderlo de esta manera: Quizás usted sea un gran conductor, pero no está demás tener un auto con frenos antibloqueo. Puede tener talento para la carpintería, pero eso no significa que va a dejar de usar las gafas de seguridad cuando trabaje con una máquina de cortar madera. Y esto mismo ocurre con las amistades del sexo opuesto: la seguridad es primordial. En ese momento Erin necesitaba un poco de seguridad extra que yo le negué.
Más adelante, logramos sentarnos y hablar sobre el tema. Puse a un lado mi actitud defensiva, y escuché sinceramente lo que Erin trataba de decirme. Después de esta conversación, fui capaz de hablar sobre algunos límites buenos y firmes que podía establecer con las mujeres en el trabajo”, cuenta Greg en el portal de Enfoque a la Familia.
Mateo y sus cafés a escondidas
“Con casi 15 años de matrimonio y varias pruebas difíciles a lo largo de este tiempo, mi esposo y yo habíamos mantenido aparentemente una relación basada en la fidelidad, y lo digo así porque el año pasado, en un retiro de parejas, uno de los conferencistas nos pidió sincerarnos el uno con el otro para contarnos si en algún momento alguno había salido con otra persona a escondidas. No me lo vas a creer, mi esposo tomó un esfero y empezó a hacer una lista de varios nombres de mujeres con las que había salido a tomar un café, porque según él, era algo normal que debía quedar en secreto para evitar las famosas cantaletas. Yo no dije nada, aunque me salían letreros de la rabia.
Cuando nos dieron el tiempo para hablar, lloré con ira y frustración. Solo me dijo que no me preocupara, que nada había pasado, que eran solo cafés con amigas. Yo le expresé mi descontento porque no conocía a ninguna. Sentía claramente que esto se estaba convirtiendo en pequeñas infidelidades. Lo llamativo de esto, es que, aunque nos perdonamos en ese retiro, meses después, volvió a pasar con Ximena, una amiga que necesitaba trabajo y que mi esposo quería ayudar porque… “Ay, pobrecita, es muy talentosa y estudié con ella” ¡Pfff!
Gracias a Dios, una amiga me contó de este encuentro. Ya era como la tercera vez que se veían en una cafetería mientras mi esposo se inventaba “alguna diligencia”. Paty me llamó y me dijo: -Mira que estoy viendo a tu esposo con una chica tomando café, están felices hablando, la vieja es medio coqueta, me dijo. Inmediatamente lo llamé a su celular y no contestó. Esa tarde fue un martirio.
Cuando mi esposo llegó a casa le pregunté cómo le había ido con Ximena. Quedó de una pieza. Me dijo: -No, es que me la encontré y nos tomamos algo, pero fue rápido. Yo exploté. Entre tantas cosas que dije, expresé estaba abriendo puertas a una infidelidad, le pedí su celular y efectivamente tenía mil mensajes con ella, además se seguían redes sociales y le pedí mirándolo a los ojos que la borrara de su vida.
Él enfureció. Me trató de celosa, cantaletosa, exagerada, y que él no iba a ser tan grosero de sacarla; fuera de eso me dijo que para qué me preocupaba si estaba ennoviada. ¿Enserio? Todo terminó en una pelea, no nos hablamos durante una semana.
Finalmente, Mateo recapacitó y aceptó su error. Reconoció que se estaba abriendo una puerta y que podía ser peligroso. Prometió nunca jamás volverlo a hacer y la borró de su vida”, cuenta Paola Neira a H&C.

Este tema de los cafés con personas del sexo opuesto lo he hablado con mi esposo, amigos y compañeros de trabajo, y genera varios puntos de vista, así que aproveché para conocer las opiniones de mis conocidos de Facebook y estas fueron sus opiniones:
– “El diablo es puerco. No me gusta que las mujeres inviten a salir a mi esposo, así sepa que es por una vieja amistad, etc. Me siento incómoda, y decir que no importa no es verdad. Necesitamos límites”: Milena Fonseca.
– “No le veo problema, si no hay confianza, el problema es por otro lado”: William Vásquez.
– “Personalmente no le veo nada de raro, tengo amigos de toda la vida y me veo con ellos cuando quiera… no hacerlo, sería falta de confianza entre nosotros”: Ana María Mahecha.
– “Es nuestra responsabilidad conocer nuestros límites… hay amigos que no siempre están ahí por querer ser solo amigos”: Liliana Wysong.
– “El corazón es engañoso… Se puede abrir la puerta para una situación no deseada. Puede ser tentación para una infidelidad”: Lizette Medina.
“No hay problema siempre y cuando los valores del matrimonio se tengan claros… el problema es que muchos salen con el fin de conocer a otros y ahí es donde se abre la puerta a infidelidades o malentendidos”: Monik D Alba.
“…Puedo confiar en que mi esposa será sabia al decidir con quién pasa tiempo, en qué momentos y contextos, precisamente porque hemos trabajado en fortalecer esa confianza entre los dos… Es fundamental manejar ciertos temas de conversación con delicadeza, pues no es lo mismo hablar sobre trabajo que discutir una crisis en la relación”: Sebastián Pascagaza.
– “Es muy raro, pero lo voy a decir… Muchas veces solo ponemos restricciones al salir por un café con una persona de sexo opuesto. Hoy en día, incluso hay que tener cuidado si es con una del mismo sexo. El mundo nos tiene muy bombardeados”: Juliana.
“Puede hacerse cuando alguno de los dos necesite consultar o tratar algún asunto serio… Lo que debe ser claro para mí es que no debo tener un interés afectivo. No fácilmente le abro las puertas al enemigo para dañar mi compromiso de hogar”: Filiberto Pedraza.
¿Qué tan bueno o malo es tener amistades del sexo opuesto si la Biblia dice en 1 Juan 4:7 que debemos amarnos los unos a los otros? ¡Es cierto, hay que amar al prójimo! Pero ojo, aquí es clave ser conscientes de nuestras debilidades y vulnerabilidades porque estamos casados.
En el matrimonio, una “inocente taza de café” podría abrir una puerta a aguas turbias. La pregunta que todos nos debemos formular es ¿cuál es la motivación de mi corazón para hacerlo? Muchos por acceder a ello, empiezan a fantasear con esa persona, intercambian información muy personal con él o ella, terminan ocultando a su cónyuge esos encuentros y borran los mensajes en sus celulares para no despertar sospecha.
En nuestra próxima edición: Expertos y líderes cristianos dan una respuesta clara y contundente sobre este tema que para muchos puede sonar algo exagerado, pero que, a la hora de la verdad, es un llamado a cuidar el hermoso regalo del matrimonio y a ser fieles y transparentes el uno con el otro.
Además, les contaré qué límites poner y cómo evitar que la tentación haga de las suyas. Atrapen a las zorras, a esas zorras pequeñas que arruinan nuestros viñedos, nuestros viñedos en flor. Cantares 2:15.

