El síndrome de compañeros de habitación. Siempre hemos escuchado que la rutina arruina cualquier relación. La mala rutina, por su puesto. No aquella que aporta orden, sino la que lleva a que los matrimonios se enfríen y se desconecten.
Y es esto lo que ocurre con aproximadamente el 45 % de los matrimonios en Colombia, que, de acuerdo con el Colegio Nacional de Notarios, terminan en divorcio por problemas de comunicación, compatibilidad y desconexión.
Es muy fácil que, después de un tiempo de convivencia, las parejas comiencen a acostumbrarse a tener vidas separadas, aun viviendo dentro del mismo lugar. A esto se le conoce en psicología como el “síndrome de compañeros de habitación”, que, de acuerdo con una investigación realizada por la revista estadounidense Forbes, “se produce cuando una relación que antes era amorosa empieza a parecerse más a un arreglo de convivencia que a una relación de pareja. Las parejas en este estado probablemente sienten una desconexión emocional grave; funcionan como cohabitantes que comparten responsabilidades, pero carecen de la cercanía que define una relación saludable. En lugar de ser amantes o mejores amigos, se convierten en dos personas que simplemente comparten un espacio”.
Justamente es lo que Xiomara Hernández nos cuenta: “Después de un tiempo de relación, mi esposo y yo empezamos a distanciarnos. Yo me encargaba de las cosas de la casa: el mercado, los oficios, incluso de los niños. Él salía a trabajar y hacía pagos. Hablábamos solamente de las cosas que eran de cada uno: se acabó esto, hay que pagar lo otro, los niños necesitan tal cosa, hay que llevarlos al médico, etc. Incluso seguíamos durmiendo en la misma cama, pero no había intimidad, ni conversaciones, ni nada. Cuando había que hacer alguna diligencia, uno de los dos la hacía, nunca juntos. No hablábamos más de lo necesario. Mi esposo se había convertido en mi roommate. Así duramos varios meses, pareciendo un buen matrimonio, pero sin ningún tipo de cercanía; hasta que una amiga en la iglesia me habló de este síndrome y entendí que necesitábamos cambiar. Hoy estamos en proceso de restaurar nuestro hogar, porque ambos entendimos que lo estábamos haciendo mal”.
De acuerdo con Mark Travers, psicólogo estadounidense y Ph.D., de la Universidad de Cornell y la Universidad de Colorado en Boulder, quien ha investigado ampliamente el tema, hay tres formas en las que puede manifestarse el síndrome del compañero de habitación. Hechos&Crónicas las resume para que el lector pueda detectar si hay señales en su propia relación.
Vida separadas
Es normal que cada miembro de la pareja tenga gustos, rutinas o pasatiempos diferentes. Incluso círculos sociales. El problema se da cuando no buscan integrarse en los gustos del otro. No buscan pasar tiempo juntos más del estrictamente necesario y se acostumbran a hacer las cosas por su cuenta.
“Estas parejas suelen hacer sus propias cosas, ya sea salir con amigos, dedicarse a pasatiempos en solitario o incluso simplemente gestionar su vida cotidiana de forma aislada. Esto no quiere decir que disfrutar del tiempo a solas o perseguir intereses personales sea un problema. Más bien, lo que preocupa es que sus vidas pueden no superponerse en absoluto; funcionan como dos individuos independientes que viven bajo el mismo techo”, asegura Travers.
El tiempo en pareja es fundamental. Y no se trata solamente del tiempo que se invierte en salir a comer juntos, a cine o a pasear. Más bien es el tiempo cotidiano. Ir juntos a mercar, hacer una fila interminable, comprar cosas para la casa, cocinar juntos. Esa cotidianidad es la que permite que surjan conversaciones, que se pueda compartir afecto y afianzar la relación. Cuando se acostumbran a hacer las cosas por separado y tienen vidas tan aisladas, el amor comienza a enfriarse.
Un estudio de 2020 publicado en Personality and Social Psychology Bulletin concluyó que las parejas que invierten tiempo activamente el uno en el otro tienen niveles significativamente más altos de bienestar.
La Biblia dice en Eclesiastés 4:9-12: Mejor son dos que uno, porque obtienen más fruto de su esfuerzo. Si caen, el uno levanta al otro. ¡Ay del que cae y no tiene quien lo levante! Si dos se acuestan juntos, entrarán en calor; uno solo ¿cómo va a calentarse? Uno solo puede ser vencido, pero dos pueden resistir. ¡La cuerda de tres hilos no se rompe fácilmente!
Significa que necesitamos complementarnos. Compartir las tareas cotidianas de la vida. Interesarnos por los gustos del otro e invertir nuestro tiempo en compartir. Si su relación está pasando por un momento en el que la desconexión es tan amplia, cambie el rumbo. Recuerde que el amor es una decisión que debe alimentarse todos los días, y la cercanía es la primera herramienta para hacerlo.
Poca intimidad
La intimidad, sexual y emocional, es esencial en las relaciones sanas. Sin embargo, debido a las exigencias de la vida, muchas parejas dejan de acercarse culpando al cansancio y a las largas rutinas de trabajo y el deseo disminuye.
El papel del deseo, en concreto, se destaca en un estudio de 2019 publicado en Personality and Individual Differences. Los autores señalan que las parejas que mantienen un deseo sexual fuerte e implícito entre sí tienden a tener vidas sexuales más satisfactorias y receptivas.
Es decir, cuando los miembros de la pareja realmente se desean mutuamente en un nivel fundamental, emocional y físico, su vida sexual seguirá siendo vibrante, activa y placentera. Sin embargo, cuando ese deseo disminuye, trae un retraimiento emocional más profundo.
El apóstol Pablo abordó este tema en 1 Corintios 7:5: No se nieguen el uno al otro, a no ser de común acuerdo y solo por un tiempo, para dedicarse a la oración. No tarden en volver a unirse nuevamente; de lo contrario, pueden caer en tentación de Satanás, por falta de dominio propio.
El versículo resalta la importancia de mantener la intimidad en la relación de pareja, pues la sexualidad fue diseñada por Dios para el disfrute de los esposos, para incrementar su cercanía, para consolidar su amor y así procrear. Si se convierte en una obligación o se elimina, es fácil que las parejas se sientan más como conocidos lejanos que como compañeros románticos.
Es momento de analizar cómo están afrontando la intimidad. ¿Qué tan cómodos se sienten al estar cerca el uno del otro, al expresarse cariño con un beso o abrazo, al tomarse de las manos o al acariciarse? La incomodidad en esta área implica una profunda desconexión que merece ser atendida. Comiencen por ser intencionales con su intimidad emocional, demuéstrense afecto y compartan el cariño para recuperar también la intimidad física.
Falta de comunicación
Sin duda, uno de los pilares de las parejas sanas es la buena comunicación y la falta de ella hará que los miembros de la pareja se sientan completamente distanciados. Lo que ocurre con las parejas que experimentan el síndrome de compañeros de habitación no es que la comunicación flaquea, sino que no se comunican para nada. Evitan totalmente las conversaciones difíciles, no encuentran sentido en compartir sus pensamientos o sentimientos, ni se preguntan el uno al otro cómo estuvo su día. Tampoco invierten tiempo en charlas informales, como si se hubieran quedado sin tema para hablar. Y, como no tienen comunicación, tampoco tienen conexión.
Un estudio de 2021 del Journal for Ethics in Social Studies destaca la importancia de una comunicación sincera y abierta para mantener relaciones saludables . “La comunicación eficaz se basa en el principio de apertura hacia el otro y la sinceridad”. En otras palabras, la apertura de un miembro de la pareja genera la apertura del otro. Pero cuando esa sinceridad se desvanece, la relación puede sentirse vacía.
Amós 3:3-4 dice: ¿Pueden dos caminar juntos sin antes ponerse de acuerdo? ¿Ruge el león en la espesura sin tener presa alguna? ¿Gruñe el leoncillo en su guarida sin haber atrapado nada?
Siempre es vital buscar un espacio para conversar tranquilamente y buscar nuevamente esa conexión perdida, pues la comunicación en pareja es la que permite comprenderse, conectarse, perdonarse y hasta divertirse.
Si tu matrimonio está pasando
por uno o más síntomas del síndrome de compañeros de habitación, es momento de encarar el problema y darle la vuelta. No se puede convivir como dos extraños cuando tenemos claridad en que el matrimonio fue hecho por Dios para disfrutar y como una manera más de glorificarlo a Él.
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