Un llamado de servicio

por María Isabel Jaramillo
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Desde que conocí a mi esposo, lo he apoyado en su carrera política, en sus sueños. Yo sé que Dios tiene plan.


Alexandra Pulido, esposa del Gobernador Jorge Rey, es la Primera Dama de Cundinamarca y presidente de Asodamas (Asociación de Primeras Damas de Colombia). Es abogada, tiene una maestría en Derecho Penal y otra en Gerencia de Empresas. Además, estudió Panadería y Pastelería y actualmente gerencia su empresa familiar. Es madre de Ana Milagros y Emmanuel. Como gestora social, ha logrado grandes avances para la comunidad, construyendo un legado de amor y servicio a través de su labor y su incalculable fe en Dios. Alexandra habló con Hechos&Crónicas y nos contó parte de su historia.

Tuve una niñez muy tranquila, muy feliz en Cota, pues toda mi familia viene de allá; pero a mis 15 años mis papás se separan. Fue un momento muy difícil para mí.

Mis hermanos se fueron con mi mamá para Bogotá y yo me quedé en Cota a terminar el colegio, pero me empezó a ir mal, como producto de la inestabilidad emocional que sufría por el divorcio de mis papás. Fue muy duro. Yo no conocía a Dios ni tenía una rutina de oración. Mis papás tampoco tenían las herramientas, porque no tuvieron la oportunidad de pertenecer una comunidad cristiana como la que tenemos ahora.

Finalmente, terminé el colegio y me mudé para Bogotá con mi mamá. Comencé a trabajar para pagarme mis estudios en derecho. Así terminé, los siete años, con preparatorios. Trabajar de día y estudiar de noche no es fácil, pero Dios me permitió cumplir mis sueños.

Por ese tiempo conocí a Jorge, comenzamos una bonita relación y quedé embarazada de mi hija Milagros. Mi esposo siempre ha tenido cargos en la política que lo han mantenido muy ocupado, entonces mi embarazo fue una época muy difícil porque él, por sus múltiples ocupaciones, no podía estar tan presente como debería y yo comencé a sentir que me faltaba algo.

Nadie me habló de Dios, fue el Espíritu Santo quien comenzó a inquietarme. Sentía que necesitaba encontrar a Dios. En ese mundo, en el que se vive con tantos afanes, siempre hay vacíos y yo quería algo diferente para mi hija, que creciera en una comunidad segura. Era mi mayor anhelo, que, aunque yo no había conocido de niña a Dios, ella sí lo pudiera hacer.

En ese momento yo trabajaba en una empresa de servicios postales y una compañera me invitó a una iglesia cristiana. ¡Llevaba como seis meses pidiendo eso! Acepté sin dudar, fui y me empecé a enamorar de Dios. Para mí, ese fue un gran cambio. Mi embarazo tomó otro rumbo porque comencé a sentirme diferente. Estuve asistiendo tres años muy juiciosa, pero con mi niña de brazos se volvió muy difícil porque era una iglesia enorme y muy lejos, pues yo vivía en Cota y la iglesia quedaba en Bogotá.

Como ya entendía mejor el cristianismo y conocía al Señor, sabía que debía haber más iglesias cristianas similares, así que comencé a orar por una que me aportara en mi relación con Dios, pero que me quedara más cerca. Un día iba para Chía cuando vi el aviso de Casa Roca Sabana Norte. Entré con mi hija y me quedé.

El Gobernador de Cundimarca, Jorge Rey, acompañado de su esposa Alexandra Pulido y sus hijos.

Me enamoré de la iglesia. El pastor Mario (Santa) y su esposa Cris fueron muy buenos conmigo. Ellos me apoyaron, acompañaron y escucharon. Hice mi red de amigas… para mí la iglesia ha sido todo. La mano de Dios extendida ha sido a través de la iglesia.

Cuando entré a Sabana Norte, empecé a pedirle a Dios por el colegio. Me preocupaba que mi hija creciera confundida, por eso quería que hubiese una concordancia entre nuestra fe y lo que ella aprendía en el colegio y que tuviera amigos temerosos de Dios. Mi esposo no conocía de Dios en esa época, así que al principio me dijo: “No. Yo soy católico y no quiero nada de eso”. En vez de pelear por eso, oré por mucho tiempo y al siguiente año volví a decirle. En este colegio (Nuevo Gimnasio Cristiano), la familia es muy importante y debíamos asistir los dos papás a una entrevista. Fui enfática y le dije: “si tú no me vas ayudar con el crecimiento espiritual de nuestra hija, entonces deja que en el colegio me ayuden. No te voy a pedir que cambies tu vida, pero por lo menos deja que esta niña linda, hermosa que Dios nos dio, tenga una vida diferente”. Dios es muy hermoso porque tocó su corazón. Mi esposo aceptó y logré que mi hija entrara a este colegio que yo anhelaba. Mientras tanto, seguí orando por él. Quería que llegara a Cristo, pero era muy respetuosa. Siento que fue el ejemplo y la persistencia que vio en mí, lo que lo acercó primero a Cristo, como dice 1 Pedro 3:1-2.

Eso fue lo que traté de aplicar. Todos los domingos me iba muy juiciosa con mi niña para la iglesia. Si mi esposo tenía agenda o se quedaba en casa, yo le llevaba su desayuno a la cama, me iba para la iglesia y volvía a compartir con él. A veces no le gustaba que lo dejara solo, pero veía en mí esa constancia porque yo decía: “primero Dios”, y eso terminó quedando en su corazón.

Poco a poco fue llegando mi familia. A mi papá lo invité porque tuvo un tema de salud, luego empezó a ir su esposa e hijo, después mi mamá, y todos empezaron a descubrir a Dios en la iglesia y se quedaron. Yo siempre he sentido en la iglesia un aliciente y la manera más linda de llegar a Dios. En tantos años que duré congregándome sola, no me sentí sola. Sentía una familia.

Pasó el tiempo y más o menos cuando Milagros tenía siete años, mi esposo me dijo: “quiero saber por qué tú siempre estás feliz, tranquila. Porque así yo me demore y no pueda dedicarte tiempo por mi trabajo, tú siempre estás con la mejor actitud. Yo te veo tan contenta, siempre con tus planes en la iglesia, que quiero que me lleves. Quiero aprender esa paz que tú tienes”. Empezamos a asistir juntos a Casa Roca Bogotá.

Después de un tiempo me preguntó: “¿qué quieres en la vida?”. Y yo sin dudar le dije: “me quiero casar. Dios dice algo muy claro en la Palabra y yo quiero obedecerlo”. Fue una época de mucho ayuno y oración y el Señor me escuchó. Ese versículo que dice que uno ora y el Señor oye su voz, es mío. Dios hizo el milagro.

Un día, mi esposo estaba en una junta de Gobernadores en Montería y me pidió encontrarnos en Cartagena. Yo tenía como tres meses y medio de embarazo de Emmanuel y Milagros tenía siente años.

Resulta que había organizado todo para casarnos en Cartagena. ¡Yo no tenía ni idea! Fue un detalle muy lindo, una sorpresa muy especial de parte de él y de Dios. Y de ahí para acá, mi vida empezó a mejorar. Empecé a sentir más el poder de Dios en mí, mi esposo también tuvo un cambio, empezó a amar mucho más a Dios y a tener una vida diferente, en un trasfondo distinto, con más oración, asistiendo a la iglesia.

La labor como gestora social

Desde que conocí a mi esposo, lo he apoyado en su carrera política, en sus sueños. Yo sé que Dios tiene plan. Él era alcalde del municipio de Funza, luego trabajó con la Gobernación y se lanzó a la Cámara de Representantes, sacó una votación descomunal, entonces le propusieron lanzarse a la Gobernación, que era su sueño. Ganamos con una votación absurda y sabemos que fue por gracia de Dios. Además, mi esposo es un hombre muy talentoso y carismático, dado al trabajo con las comunidades, que, cuando se hace bien hecho y de corazón, trabajando por un mejor país, tiene un efecto en las personas.

Cuando ganó la Gobernación, yo lo acompañé como gestora social. No fue fácil, porque no era una figura tan reconocida que además no cuenta con recursos. Fue un tiempo de ayuno y oración en el que le preguntaba constantemente a Dios qué quería que hiciera. Había mucha oposición, así que le dije a Dios: “yo quiero hacer este trabajo, pero contigo. Sin ti, no puedo. Si tú quieres que me quede en la casa, acepto. Donde tú me pongas, te quiero glorificar”. Y en uno de los ayunos, Dios me respondió que yo debía hacer papel de gestora social y trabajar con las poblaciones. Él mismo me puso los proyectos. Hice todo lo que Dios me puso a hacer y me fue súper bien.

En Julio del 2024, la gestora Social de Cundinamarca hizo entrega de más de 15.000 prendas de vestir nuevas para ser entregadas en los distintos municipios del departamento.

En ese momento trabajé con niños con enfermedades terminales, huérfanas. Hicimos un programa donde recogíamos fondos para ayudar a esas familias, les pagamos el tratamiento médico, les ayudamos muchísimo, hasta cambiamos las habitaciones, las camas, los pisos, etc. Todos esos cánceres y enfermedades terminales tienen que ver mucho con la parte emocional y el entorno en que el niño viva puede servir para que su estado de ánimo mejore y combata mejor la enfermedad.

Ayudamos a 350 niños. Convocamos a un grupo de voluntarios, recogimos fondos y pagamos el tratamiento médico durante cuatro años. Le entregábamos entre tres y cuatro millones a cada familia. Estábamos pendientes que la minuta alimentaria del médico se cumpliera. Por medio de la Secretaria de Salud, hacíamos seguimiento para que les dieran prioridad a estos niños en sus citas médicas. Además, ubicamos una iglesia cercana para que oraran por ellos y les dieran apoyo espiritual en medio de su tragedia. En este nuevo periodo en el que Dios me permite volver como gestora social, estamos nuevamente recogiendo fondos para repetir este programa.

Durante el gobierno pasado trabajamos en siete Casas de la Mujer. Ahora la red ha crecido mucho porque los alcaldes municipales tienen el proyecto y lo han hecho solos. Queremos que las mujeres del territorio tengan la posibilidad de conocer artes u oficios y vincularse a algún empleo, trabajar desde casa o tener un emprendimiento. Así se fortalece una red productiva. Buscamos darles apoyo jurídico, psicológico y, sobre todo, espiritual.

Yo busco dónde queda la Casa de la Mujer en cada municipio y ubico una iglesia que pueda dar apoyo espiritual. Hago la cita con la Primera Dama y si ella acepta, comenzamos.

En entrevista con la revista Hechos&Crónicas, Alexandra recordó: «le dije a Dios: “yo quiero hacer este trabajo, pero contigo. Sin ti, no puedo. Si tú quieres que me quede en la casa, acepto. Donde tú me pongas, te quiero glorificar”.

La iglesia cristiana tiene algo que hace la diferencia: la consejería. En las Casas de la Mujer tenemos un programa donde las escuchamos y guiamos en temas puntuales como amor propio e identidad. El tema de la relación con Dios lo van descubriendo con el tiempo; pero, si a mí me dan el papayazo de tener mujeres en estos talleres y de paso invitarlas a sanar sus corazones y a conocer a Dios, siento que no estoy calentando silla. Dios me puso por una razón, y yo lo voy a hacer. Muchas mujeres están rotas y necesitan ser escuchadas. Es una linda manera, sin presión, de llegar a Dios.

Tenemos varios cursos presenciales y virtuales y alianzas con diferentes empresas que nos aportan conocimiento y recursos. Además, contamos con la asesoría de la Cámara de Comercio de Bogotá, que busca que esas mujeres que aprendieron habilidades blandas, se constituyan como una empresa. Actualmente hay 37 casas en territorio nacional. De esas 37, 19 son en Cundinamarca. Yo espero construir muchas más porque es un proyecto que merece replicarse, pues también apunta a la disminución de la violencia.

Esto es economía circular que retorna al hogar y a la mujer, para que salga del entorno de violencia. Por ejemplo, en Cundinamarca, el año pasado 4.732 mujeres fueron abusadas con violencia intrafamiliar, 837 fueron violentadas sexualmente y hubo 12 feminicidios. Muchas veces, a nivel rural es peor porque son mujeres que no tienen la posibilidad de salir de ese maltrato. Algo que a mí me inspiró mucho fue Mujer Integral (Ministerio de mujeres de Casa Sobre la Roca), en especial porque allí se dan tips para que las mujeres quieran embellecerse, embellecer sus casas y así, de la mano de Dios, vuelvan a quererse y valorarse. Justo esto queremos replicar, para que nuestras mujeres mejoren su autoestima y no se dejen violentar.

También vamos a continuar con el trabajo con adultos mayores. Estamos trabajando con un hogar en el que las familias dejaban a los abuelitos y no volvían. ¡Tenemos 232! Es mucho, pero gracias a empresas que han donado, logramos llevarles ropa y comida, e incluso cambiarles pisos y baños.

Mi esposo, como gobernador, ha reconocido mucho ese trabajo con la comunidad. Yo me siento feliz, siento que estamos haciendo lo correcto. Seguramente siempre habrá gente que nos cuestione, pero a mí me importa agradar a Dios. Si Él nos permitió volver, es porque el primer ejercicio lo hicimos como Él quería que se hiciera. Hacen falta manos, pero con Dios, seguiremos cumpliendo con el llamado que tenemos en el trabajo con la comunidad y llevando Su nombre a donde nos ponga.

Así ha sido el trabajo de Alexandra Pulido como gestora social de Cundinamarca con las Casas de la Mujer:

Por: María Isabel Jaramillo – Isabel.jaramillo@revistahyc.com

Fotos: Jessica Dottor – Revista Hechos&Crónicas // Gobernación de Cundinamarca.

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