¿Cristianos homofóbicos?

por Revista Hechos&Crónicas
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“Uno de mis primos más cercanos, con el que más jugaba de pequeña y más salía de adolescente, hace poco se declaró homosexual y nos presentó a su novio. La mayoría de mi familia es cristiana, así que fue un choque. Aunque algunos lo sospechaban, nadie lo esperaba. Siento que no ha sido un tema fácil para nadie, pero me ha confrontado mucho ver que algunos de mis familiares dejaron de hablarle y de invitarlo a sus reuniones, porque no quieren que vaya con su novio.

Hace unos días tuvimos la oportunidad de sincerarnos él y yo y me contó lo dolido y rechazado que se sentía por la familia, en especial por los que son cristianos. Me dijo: ‘yo sé que Dios no me acepta, como no me acepta mi familia. No quiero saber nada de su Dios que me rechaza a mí y al amor que siento por mi pareja’. Estas palabras me sonaron muy fuertes, porque, aunque reconozco que está en pecado, mi primo sigue siendo una persona que amo y siento que ahora, más que nunca, necesita el amor de Jesús y no nuestro rechazo”, cuenta Margarita Prieto a Hechos&Crónicas.

El término homofobia hace referencia al temor hacia la homosexualidad, pero se ha extendido como el rechazo hacia quienes manifiestan una identidad sexual diferente a la que Dios les otorgó.

Muchos cristianos sienten un fuerte rechazo, pues no pueden soportar el pecado de la homosexualidad, tan evidente para muchos. Esto ha llevado a que se cataloguen a los seguidores de Cristo como homofóbicos, como personas que odian y persiguen homosexuales y sin duda, tristemente, algunos lo son.

Cada vez más se ve un choque entre las creencias de unos y otros, argumentando que el pecado del homosexualismo no se puede pasar por alto, no se debe alcahuetear y que, como cristianos, no podemos hacer oídos sordos ante las “aberraciones” de muchos.

Sin embargo, al analizar a la luz de la Palabra de Dios y de acuerdo con los valores cristianos, estos argumentos se caen de su peso. A pesar de que nosotros no debemos convivir con el pecado, debemos sincerarnos y recordar que todos los seres humanos somos pecadores y es justamente por eso que necesitamos el amor de Jesús, no el rechazo.

Sobre este tema, el pastor Mario Santa, de Casa Sobre la Roca Sabana Norte, aporta la siguiente reflexión: “Nuestro ejemplo es Jesús. Y una de las grandes discusiones que tenían en contra de él, era que comía con recaudadores de impuestos, se la pasaba y tenía contacto con prostitutas y demás pecadores y de alguna manera sería lo mismo hoy. Nosotros no podemos hacer algo diferente a lo que Jesús hizo. Pero, ¿qué fue lo que hizo? Jesús se acercó a ellos, pero obvio, ellos se acercaron también a Jesús siempre con la idea de que su vida cambiara, como la mujer adúltera:

vete y no peques más Nosotros no rechazamos a una persona, obvio siempre estamos en contra de su pecado, pero ni siquiera por el pecado rechazamos a la persona. La iglesia está de puertas abiertas, esperando que la persona tenga un arrepentimiento y que cambie. A veces pongo este ejemplo: Si hay un estafador que viene a la iglesia, y viene a arrepentirse, perfecto. Pero si viene a la iglesia a buscar gente para continuar estafando, no podemos permitirlo.

La iglesia está llena de pecadores arrepentidos, de personas que están luchando y eso es lo que hacemos nosotros. No podemos rechazar a un familiar o a un amigo que está en pecado, ni dejar de comer con él. De hecho, todos pecamos. Hay jefes, primos y familiares que son adúlteros y muchas veces lo sabemos, pero no los rechazamos.

El homosexualismo es un pecado. Lo que pasa es que hoy en día hay tanta bulla con relación a esto, porque es una de las estrategias de estos movimientos y estas ideologías de querer hacer ver a la gente como enemigos y distanciarlos. No lo somos. Nuevamente, nuestro ejemplo es Jesús”, concluye el pastor Santa.

Todos necesitamos a Jesús

Un estudio realizado por Ipsos en 26 países con más de 18.500 personas, concluye que, de media, a nivel global, el 9 % de la población se declara parte del colectivo LGBTI+.

Además de los 62 Estados miembros de la ONU que criminalizan las conductas homosexuales (entre ellos, 11 países que las condenan con la pena de muerte), la vida de las personas LGTBI corre peligro en multitud de países, debido a su exposición a crímenes de odio.

Según los datos recogidos por Transgender Europa en su Observatorio de Personas Trans Asesinadas, 4.690 personas transgénero en el mundo habían muerto entre 2008 y septiembre de 2023. Todas ellas asesinadas por prejuicios discriminatorios.

En 2023, la organización reportó el asesinato de 321 personas trans y de género diverso. El 94 % de las víctimas fueron mujeres trans o personas trans femeninas. A nivel mundial, casi la mitad (48 %) de las personas trans asesinadas cuya ocupación se conocía eran trabajadoras sexuales.

Es por esto que nuestro discurso como cristianos debe ser de amor y respeto, nunca de rechazo. Pues ese rechazo puede ser malinterpretado por muchos como odio y traducido como persecución por los más extremistas, cometiendo crímenes supuestamente en nombre de Dios. Ese es otro gran pecado que debemos condenar enfáticamente. Un cristiano jamás debe aprobar el rechazo, el maltrato y mucho menos la violencia hacia otro ser humano por el que Jesús también murió.

Si analizamos el versículo que claramente nos habla del pecado de los homosexuales, comprendemos que, como lo analiza el pastor Santa, todos somos pecadores y es la santificación de Jesús lo que nos reconcilia con Dios:

¿No saben que los injustos no heredarán el reino de Dios? ¡No se dejen engañar! Ni los inmorales sexuales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los sodomitas, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los calumniadores, ni los estafadores heredarán el reino de Dios. Y eso eran algunos de ustedes. Pero ya han sido lavados, santificados y justificados en el nombre del Señor Jesucristo y por el Espíritu de nuestro Dios. 1 Corintios 6: 9-11.

En un mundo plagado de intolerancia, irrespeto y maltrato, debemos ser luz como los brazos extendidos del amor de Dios. Por eso, lo que debe recibir un pecador de parte de un cristiano, (sin importar cuál sea el pecado), es compasión, misericordia y amor. Un llamado amoroso a arrepentirse y dejar de pecar y una mano extendida para acompañarlo durante el proceso, derramando de esa misma gracia que Jesús derramó sobre nosotros mismos cuando perdonó nuestros pecados.

Al seguir el ejemplo de Jesús, podemos ser verdaderos embajadores del amor de Dios en medio de este mundo caído. Un pecador necesita a Jesús, siempre. Y a pesar de nuestros errores, Dios nunca nos deja de amar.

Por eso debemos preguntarnos, ¿Estamos facilitando el encuentro de las personas con Dios o los estamos llevando a creer que es Dios mismo quien los rechaza?

Por: María Isabel Jaramillo – Isabel.jaramillo@revistahyc.com

Foto: Montaje / Rawpixel

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