Más tiempo, menos tiempo

por María Isabel Jaramillo

La tecnología y todos sus avances nos han prometido una mayor productividad y ahorro del tiempo, debido al diseño de procesos más rápidos que, supuestamente, nos facilitan la vida. Sin embargo, la realidad es que cada vez nos sentimos más agobiados.


“Desde hace mucho tiempo existe la creencia de que el progreso técnico conduce a un aumento de la productividad capaz de hacernos disfrutar de una vida más contemplativa y feliz. Pero, en realidad, ha ocurrido lo contrario”, asegura Jorge Franganillo, investigador y profesor de Información y Documentación de la Universidad de Barcelona, quien además ha publicado múltiples estudios, entre ellos Gestión de información personal, donde analiza “la paradoja entre tecnología y el ahorro o despilfarro del tiempo a través de diversas herramientas, como las redes sociales”.

El tema nos hace sentir como si hubiéramos sido engañados. Si se supone que tenemos toda esta tecnología a nuestro alcance, ¿por qué no tenemos tiempo de sobra?

“El uso de cualquier tipo de tecnología altera la percepción del tiempo en las personas y las hace creer que disponen de más minutos libres porque utilizan herramientas digitales para desempeñarse laboralmente, aun cuando esto no es del todo cierto. A la vez que nos puede ayudar a trabajar más rápido, la tecnología también nos hace sentir más presionados por el tiempo. Cuando la velocidad del ritmo de vida aumenta, la sensación subjetiva de tener tiempo libre o disponible disminuye, causando una sensación de estrés dentro del individuo”, precisa la doctora Aoife McLouglin y su equipo de investigadores de la James Cook University de Australia.

La realidad es que estar hiperconectados a unos dispositivos en los que manejamos nuestra vida entera sin límites entre lo laboral y lo personal nos lleva a sentirnos cansados y agobiados, pues la sensación es que nunca tenemos tiempo para nosotros mismos.

Como agua entre los dedos

La necesidad de ser productivos y trabajar duro por alcanzar nuestras metas, sin un horario o una agenda guiada por Dios, sumada a la manera en que perdemos el tiempo en redes sociales y todo tipo de aplicaciones, nos está robando la paz.

De hecho, la necesidad desmedida de tener y hacer todo “para ya”, nos está llevando a rendirle un culto innecesario a la tecnología y a la velocidad. “Crece la demanda de un internet más veloz, un sistema operativo del teléfono inteligente más rápido, e incluso en los medios de comunicación, los lectores exigen más noticias, reportajes e investigaciones en menos tiempo. Más, más y más. Tenemos la creencia de que cuanto más rápido lo hagamos todo, más tiempo ganaremos. Y estamos tan sumergidos en esta cultura de la hiperproductividad que resulta difícil detenernos y valorar si la velocidad debería ser la verdadera medida de la innovación. Lo que explica la sensación subjetiva de estar tan ocupados no es la cantidad de tiempo de la que disponemos, sino la calidad y el carácter de ese tiempo”, asegura el investigador Franganillo.

Nuestro tiempo libre se nos está escapando como agua entre los dedos y si queremos detener este despilfarro del recurso maravilloso que Dios nos ha dado, debemos ser intencionales en organizar el tiempo del que disponemos y distribuir sabiamente nuestras actividades cotidianas.

De hecho, como todo lo que Dios nos ha dado. El problema no está en la tecnología y todas sus herramientas, sino en el uso que le damos y en cómo organizamos nuestras prioridades. “Si nos sentimos sin tiempo y ajetreados no es tanto por los artilugios en sí mismos, sino por las prioridades que establecemos en nuestra vida”, asegura Franganillo.

Según cifras del estudio Digital 2023: Global Overview Report, y publicado por DataReportal, seis horas y 37 minutos es el tiempo diario promedio que pasan en internet los internautas de todo el mundo.

Latinoamérica registra algunos de los tiempos de navegación más elevados de los 46 países analizados. Los internautas de Brasil, Argentina y Colombia destinan más de nueve horas diarias a surfear la web, incluidas las redes sociales.

El psicólogo y experto en tecnoestrés, Celestino González-Fernández, surgiere que “la hiperconectividad conlleva tecnoadicción, tecnoansiedad y tecnofatiga. Tanta exposición es insostenible para la salud mental. Esta hiperconectividad llevará en próximos años a disminuir el consumo de la tecnología en muchos casos y sectores de población. No por apartar, demonizar o eliminar las herramientas digitales, pero sí para que sean menos invasivas en nuestras vidas. Buscaremos en mayor medida la desconexión digital”, asegura el psicólogo. Esto ya se está evidenciado en la elaboración de leyes que promulgan la desconexión, por lo menos en términos laborales. Seguramente pronto se dará en otros niveles.

El tiempo con Dios

Vivir el aquí y el ahora, con la necesidad de mostrarnos productivos, hiperconectados e hiperinformados, nos lleva a tener una visión muy limitada de nuestro tiempo, pues realmente fuimos hechos para la eternidad. Eclesiastés 3:11ª expresa que Dios hizo todo hermoso en su momento, y puso en la mente humana el sentido del tiempo. El problema es que, como con todo, nos hemos desviado del propósito de Dios y lo hemos sacado de nuestro manejo del tiempo. Creemos que la respuesta está en crear o usar mayor tecnología para aprovecharlo mejor, cuando la realidad es que necesitamos recordar que el sentido del tiempo fue dado para nosotros por nuestro Creador. Conectarse lo suficiente con Él nos permite renovar nuestras fuerzas y dejar atrás esa sensación de agobio que nos acompaña permanentemente.

¿Cómo hacerlo? La Biblia no brinda un horario para estar con Dios, pero sí nos da bastantes lecciones. Por ejemplo, Jesús disfrutaba orar en la madrugada: Muy de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, Jesús se levantó, salió de la casa y se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar. Marcos 1:35. Lo importante, sin embargo, no es la hora sino la calidad del tiempo con Dios. Buscarlo intensamente nos permitirá recobrar el orden de nuestras prioridades y recuperar la noción correcta del tiempo: Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo. Eclesiastés 3:1.

Por: María Isabel Jaramillo – Isabel.jaramillo@revistahyc.com

Foto: Who’s Denilo ? – Unsplash (Foto usada bajo licencia Creative Commons)

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