Salvado de las aguas

por Revista Hechos&Crónicas

Job respondió: —Mujer, hablas como una necia. Si de Dios sabemos recibir lo bueno, ¿no sabremos recibir también lo malo? A pesar de todo esto, Job no pecó ni de palabra. Job 2:10.


Óscar:

En el año 2019, cuando mi esposa Mónica y yo íbamos a cumplir 10 años de matrimonio, planeamos unas vacaciones en EE. UU. Primero estuvimos en Las Vegas, que no es conocida por ser una ciudad santa, pero donde Dios nos sorprendió con un grupo de adolescentes cantando en la calle “Amor sin condición”, en medio del ambiente difícil de los hoteles y casinos. Tuvimos un tiempo muy bonito allá.

Luego nos fuimos a Dallas, donde vive la hermana de mi esposa. Allí hay un lago que se llama Lewisville y tiene un parque, senderos recreativos, una playa y la gente va a pasar el día, se mete al lago etc. Ya habíamos estado allá y nos parecía muy chévere.

Fuimos con mis cuñados, mis sobrinos y nosotros cuatro. Armamos nuestras carpas y estábamos pasando un tiempo muy agradable. Mi cuñado y mis sobrinos decidieron ir nadando hasta las boyas, que es una delimitación que tienen dentro del lago y lo más lejos que se puede nadar.

Ellos arrancaron, pero como yo estaba con mi hija mayor, que para ese momento tenía unos 7 años, me demoré en salir mientras la dejaba con su mamá. Comencé a nadar para alcanzarlos, pero en un momento levanté la mirada y los vi muy lejos. Me dije: “no voy a llegar. Es más sabio y más prudente devolverme”. Empecé a nadar hacia la playa, pero en un momento determinado noté que no avanzaba, seguía en el mismo lugar y me empecé a cansar. Ya no me daban los brazos ni las piernas para seguir nadando.

Me estaba desgastando, así que decidí girarme e irme flotando. Pero cuando yo me giré, el agua me absorbió y me llevó al fondo del lago. Cuando yo me sentí ahí, me angustié y con todo volví a salir y arranqué, pero volvió a halarme.

En ese tiempo de ir y volver, queda imagen en mi cabeza en donde veía el agua y la superficie y me iba alejando. Esa imagen me recordaba un verso que está en Mateo 14:30, es el relato cuando Pedro va caminando sobre el agua, quita los ojos de Jesús y se hunde y pensé: “Pedro pasó por acá, también se hundió, ¡voy para arriba!”

Mi cuñado escucha los gritos de mi esposa y su hermana, que ya se han dado cuenta de lo que me pasa y trata de devolverse a ayudarme, pero está lejos. Hay un muchacho que está más cerca y escucha que yo pido auxilio. Viene y me empuja para acercarme a la orilla, pero en ese momento pierdo la conciencia y quedo como una ramita flotando en el lago.

Cuando despierto, el agua me está dando más abajo del pecho y es mi cuñado quien me lleva. Él dice que llegó hacía donde yo estaba, me empujó varias veces más hasta que logró poner los pies en firme y pudo empezar a sacarme, pero durante todo ese tiempo yo estuve boca abajo, con la cara metida en el agua.

Por fin salimos del agua, mi cuñado me acerca hacia la carpa que habíamos instalado y me sienta en una sillita, pero yo siento la necesidad de tirarme al piso. Mi cuñada me pregunta si quiero que llamen a emergencias y yo digo “sí, me siento muy mal”. En un instante llegaron policía, bomberos, paramédicos, todo el mundo y le preguntan: ¿Ya le dieron la vuelta? A ninguno de nosotros se nos ocurrió.

Al hacer eso vomité medio lago. Una cantidad absurda de agua, montones. Ellos tratan de enderezarme y yo comencé a sentir un dolor de cabeza insoportable, como si se me fuera a estallar. Me llevaron inmediatamente al hospital. Fue una dura prueba tratar de traducir lo que estaba sintiendo para decirlo a la gente del hospital y de la ambulancia.

En el hospital me canalizaron los dos brazos, me pasaban líquidos, antibióticos, etc. Y me pusieron todo tipo de aparatos, pero yo estaba muy ido, sin fuerzas. Lo único que pude hacer fue pedirle perdón a mi esposita cuando la vi, porque sentía que era una irresponsabilidad mía lo que había pasado y me estaba tirando las vacaciones.

Mónica:

Él me hablaba y me pedía perdón, así que pensé que estaba bien y que en unas dos horas nos íbamos para la casa. Estaba tranquila. Sin embargo, le mandé a mi hermana, que es enfermera, una foto de los signos vitales, pero ella inmediatamente me llamó y me dijo: no, no se van a ir en dos horas. Él no está bien.

Efectivamente llega el médico y me dice deben ponerle cuatro antibióticos diferentes y se lo llevan para cuidados intensivos. Y yo solo pensaba: “Aquí en EE.UU. Son muy exagerados, perfeccionistas. Seguramente quieren asegurarse de que salga perfecto. Está bien, ya pronto va a salir”.

Como no nos podíamos quedar en el hospital y mi hermana y yo teníamos a los niños chiquitos, nos fuimos a la casa y regresamos al otro día muy temprano. Tan pronto llegué, se me acercó una enfermera y me dijo: “su esposo es un milagro, no pensamos que pasara la noche”.

¿Quéééé? No me lo imaginaba. Pero ella insistió: “Sí, él es un milagro y yo quiero orar por ustedes”. Fue súper lindo, ella oró por nosotros y nos llevó a verlo. Yo quedé asombrada y me di cuenta de que el Señor estaba guardando mi mente y mi corazón: (Filipenses 4:7), porque yo en ningún momento me sentí angustiada y menos que no iba a pasar la noche. Nunca me imaginé que fuera así de grave.

Óscar:

Mientras tanto me estaban revisando los pulmones porque se habían llenado de agua y el agua de los lagos tiene demasiadas bacterias, debido a su quietud y temperatura.

De derecha a izquierda, Óscar con su familia minutos antes del accidente acuático y a la izquierda, él acostado en una camilla y recibiendo atención médica.

Además, hay otro problema en mi cuerpo y es que al hacer el sobre esfuerzo muscular se genera una condición de ácido láctico exagerado en los músculos que, al no poder ser evacuado por los riñones, se convierte en algo que se llama rabdomiólisis, que es que los mismos músculos se empiezan a comer. El músculo se empieza a dañar y genera una toxina que eleva de forma exagerada la creatina en los riñones, entonces los riñones en ese momento se apagan.

Mientras esto estaba pasando, a Moni la llaman y le dicen: ¿Tú activaste el seguro de la tarjeta? Fue Dios dándonos dirección, porque uno en esos casos no sabe qué hacer y debíamos informar en un rango de tiempo y justo estábamos dentro del plazo para reportar el accidente, entonces pudimos hacer el proceso, se activó y nos cubrió un porcentaje.

Mónica:

Cuando llegamos a la clínica tuvimos que pagar 280 dólares, luego activamos el seguro y nos dijeron que nos cubría 45 mil dólares. Pensamos “es un montón de dinero, el seguro alcanza a cubrirlo todo”. Pero cuando averiguamos en cuánto iba la cuenta, a los pocos días iba en 35 mil dólares y él todavía no estaba bien.

Óscar:

En el sexto día, cuando ya debía estar mejorando, incluso cuando pensé que ya me iban a dar salida, me dio fiebre. La creatinina iba subiendo, los riñones no servían y ahora tenía una infección porque no estaba eliminando nada.

Los doctores no me querían hacer diálisis porque decían que, si comenzaban, me iban a tener que seguir haciendo de por vida. Así que me pusieron un antibiótico para la infección, creí que iba a estar mejor, pero de repente me empecé a hinchar. La mano donde tengo la argolla se empezó a inflar y mi preocupación era cómo traducirles a las enfermeras que me estaba poniendo mal. A través del traductor de Google les pude explicar. ¡No se imaginan la cara de la enfermera cuando escuchó ese audio! Corrió a ponerme otro medicamento para sacar el anterior porque estaba generando una alergia.

Para ese momento mi esposita recibe 2 Corintios 9:8 Dios puede hacer que toda gracia abunde para ustedes, de manera que siempre, en toda circunstancia, tengan todo lo necesario y toda buena obra abunde en ustedes. Ese domingo, mi esposa va al servicio de la iglesia donde se congregan mis cuñados y allá deciden orar por mí imponiéndole manos a mi esposa. A la vez estaban orando por mí en Casa Roca Bogotá, Sabana Norte, Cúcuta, Bucaramanga, Armenia, Boca Ratón, en España, etc. En todas partes donde teníamos familiares y amigos, estaban reunidos orando por mí. Yo solo decía “Dios mío, ¿quién soy yo? El más X de todos”. Pero entonces el Señor me muestra la importancia de la iglesia de Cristo y de los creyentes que nos apoyamos y oramos los unos por los otros.

Mis riñones comenzaron a mejorar y justo ese domingo me dieron salida del hospital. No estaba 100 % recuperado, pero podía irme a casa. Ahora venía el tema de cómo íbamos a pagar la cuenta, porque no teníamos cómo pagar esa deuda. En total eran 93 mil dólares.

Nos pusimos a orar y se nos ocurrió pedir ayuda al área social. La persona que nos atendió nos puso a llenar unos formularios y nos dijo que nos iban a ayudar condonando el 90 % de la deuda. ¿Cómo? ¡Dios es bueno! El restante era una cifra importante, pero lo íbamos a pagar como fuera. No dijeron que nos podíamos ir y que la factura llegaría en 15 días a la casa de mis cuñados.

En el momento de salir de la clínica, me monto al carro y mi cuñada tenía una emisora de música cristiana y la canción que empieza a sonar es “Amor sin condición”, la que habíamos escuchado en Las Vegas. Mi esposita y yo nos miramos y nos sobrecoge algo muy especial.

Mónica:

Por eso es que Job 2:10, nos marcó, porque si sabes recibir lo bueno, también tienes que recibir lo malo, porque Dios nunca te abandonará, Dios siempre estará ahí, en lo bueno y en lo malo.

Óscar:

A los pocos días me entero de que una niña de ocho años se muere en una situación muy similar a la mía en el mismo lago. Ella no estaba tan al fondo, estaba cerca de la orilla, pero la corriente de alguna manera se la lleva y los papás que, están cerca de ella, la logran sacar, le hacen el mismo proceso que a mí, pero la niña murió. Eso me hizo cuestionar mucho, decía, “Dios, pero ¿por qué yo?, ella tenía todo por delante”, Y lo que Él me responde en intimidad es “porque Yo soy Dios”. Él es soberano y va a ser glorificado, haciendo lo que quiere hacer conforme a su preciosa voluntad.

Mónica:

Y haga lo que haga, lo alabaré. Aun cuando Dios nos mueve para enseñarnos algo y nos saca de la comodidad, lo alabamos. Santiago 1:3-4: pues ya saben que la prueba de su fe produce perseverancia. Y la perseverancia debe llevar a feliz término la obra, para que sean perfectos e íntegros sin que les falte nada.

Así que volvimos a Bogotá, muy agradecidos. Aplaudí cuando aterrizamos porque era mucho lo que teníamos para agradecer. Pudimos no haber regresado completos, pero Dios se glorificó.

Óscar:

Como a los 15 días no había llegado la cuenta, llamé al área social del Hospital y me dicen: “usted no tiene ninguna condonación, debe el 100 % de la deuda. Nunca procesaron su aplicación”. Yo, en vez de preocuparme, le dije: “No hay problema. Yo quiero aprovechar para darle las gracias por todo lo que ustedes hicieron por mí en el hospital. Yo voy a asumir esa deuda así me demore 20 años en pagarles, porque gracias a lo que ustedes hicieron por mí y a su diligencia, estoy con vida”.

Ella me dice: “No, no, dele gracias a Dios, nosotros hicimos lo que teníamos que hacer. Déjeme ver cómo le podemos ayudar, espere nuestra contestación”.

Mónica:

La cuenta completa no eran 93 mil sino 113 mil dólares, porque los médicos cobran aparte, los exámenes son aparte, los medicamentos, las placas, la ambulancia, los bomberos, los paramédicos… etc.

Como 10 días después recibimos una carta al correo que dice: “usted ha sido beneficiado”. Resulta que hay un programa en el que la gente va a un hospital y sin conocer al paciente, paga la deuda de quien no puede pagar. “Usted ha sido beneficiado y su cuenta ha sido totalmente saldada”.

Íbamos en el carro, mi esposo iba manejando y yo abro ese correo en mi celular y me pongo a llorar. ¡No podía ni hablar!

Óscar:

A penas se recompone me dice: “mira, Dios nos ama mucho” y me pasa temblando el teléfono. Yo lo leo y no me queda más que ponerme a llorar porque no hay una palabra que pueda describir ese momento para nosotros, gracia. El seguro de 45 mil dólares ya podía cubrir todo lo demás. El Señor en su gloriosa misericordia y bondad, dio por bien mover de ese corazón de algún extraño y decir vaya y pague esa cuenta.

Mi salud siguió mejorando. Hay temas que han quedado ahí, pero, aun así, son para la gloria de Dios. No nos cansamos de agradecer porque aun siendo tan aparentemente insignificantes, Dios se regocija en bendecirnos.

Fotos: Archivos particulares y Revista Hechos&Crónicas

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