Sanar el alma para sanar el cuerpo

Por Revista Hechos&Crónicas

En muchos casos, las enfermedades en el cuerpo son resultado de una dolencia del alma a veces ni siquiera lo sabemos, pero lo que siente nuestro cuerpo está relacionado con nuestra alma y nuestra mente, por eso necesitamos sanar integralmente. Aquí le contamos cómo.

Hace un tiempo tuve una conversación con una mujer cercana que me paralizó. Cuando tenía 15 años, tuvo que presenciar la muerte de sus padres y hermanos en un accidente automovilístico. Ella y su familia iban viajando por una de las carreteras más peligrosas del país y recuerda claramente cómo sus padres insistieron en varias oportunidades a su tío, que iba manejando, para que tomara un descanso durante el trayecto. Él se negó y, al parecer, tuvo un micro sueño que trajo un desenlace fatal. Solo los dos sobrevivieron.

Por años, ella no pudo mirarlo a los ojos. Sentía rabia de saber que había perdido a su familia entera por culpa de este hombre. Su vida se había derrumbado, por lo que no quería compartir un espacio donde él estuviera, ni siquiera soportaba escuchar su nombre.

El día que tuvimos esa conversación, ella estaba muy enferma y me dijo: “duré muchos años guardando rencor a mi tío. Tanto, que me dio cáncer. Fue el resentimiento y la falta de perdón lo que me llevó a estar así”. Como esta mujer, somos muchas las personas que cargamos con enfermedades físicas por culpa de las dolencias que tenemos en el alma. Traumas de la infancia, corazones rotos, experiencias dolorosas, se van acumulando en nuestras mentes y corazones de manera que desarrollan una enfermedad física que luego no sabemos relacionar.

El doctor Don Colbert en su libro “Emociones que matan”, lo explica así: “el cuerpo absorbe las emociones tormentosas, y que, si éstas permanecen allí, despiertan una serie de reacciones bioquímicas que eventualmente terminan en una enfermedad”. Además, aporta los siguientes datos:

– La mente y el cuerpo están relacionados. El modo en que nos sentimos emocionalmente puede determinar cómo nos sentimos físicamente.

– Hay emociones que liberan hormonas que, a su vez, pueden ser disparadores del desarrollo de diversas enfermedades.

Los investigadores han vinculado científica y directamente a las emociones con la hipertensión, las enfermedades cardiovasculares y las enfermedades relacionadas con el sistema inmunológico. Los estudios también han correlacionado estrechamente a las emociones con las infecciones, las alergias y las enfermedades auto inmunológicas.

Específicamente, las investigaciones han relacionado a las emociones como la depresión al riesgo aumentado de contraer cáncer y enfermedades cardíacas. Las emociones como la ansiedad y el miedo demuestran tener relación directa con las palpitaciones cardíacas, el prolapso de la válvula mitral, el síndrome de colon irritable y los dolores de cabeza por tensión nerviosa, además de otras enfermedades.

Yo misma lo he experimentado, pues por años he cargado con enfermedades físicas que, Dios me ha permitido comprender, tienen su raíz en sucesos que han causado dolor en mi alma. He sido quien en momentos de angustia se decae físicamente y termina enfermándose, pero también, y por misericordia de Dios, he comprendido que justamente en esos “desiertos” que trae la vida es cuando mejor debemos alimentarnos, cuando no debemos abandonar el ejercicio físico y nuestro descanso debe ser reparador.

Enfermedades relacionadas con dolencias del alma

El pastor Darío Silva- Silva lo explica de esta manera: “El conocimiento de las Sagradas Escrituras puede llevarnos al discernimiento completo de lo que el doctor Freud y sus discípulos dieron como gran descubrimiento finalizando el siglo XIX, la famosa “somatización”, que cuando una persona tiene un problema por dentro, es decir, una dolencia, entonces tendrá un problema por fuera, es decir, una enfermedad en su cuerpo”.

Según Colbert, “la investigación médica muestra cada vez más que puede haber una conexión de este tipo en la mayoría de las enfermedades y dolencias, y no sólo en algunas. Las enfermedades psiquiátricas que se han vinculado a estrés de larga data incluyen desórdenes de ansiedad generalizada, ataques de pánico, estrés post traumático, depresión, fobias, desorden obsesivo-compulsivo y otras enfermedades psiquiátricas menos frecuentes.

La manifestación de estrés de larga data también puede ser por medio de las enfermedades o dolencias físicas. Jugar con el estrés crónico hace que estén en riesgo serio casi todos los sistemas fisiológicos del cuerpo. Algunos problemas recurrentes que tienen origen en el estrés o dolencias del alma son:

  • Cáncer.
  • Enfermedades autoinmunes.
  • Problemas cardiovasculares.
  • Problemas gastrointestinales.
  • Dolores de cabeza.
  • Alergias.
  • Enfermedades de la piel.
  • Tracto génito urinario.
  • Dolor e inflamación.
  • Problemas pulmonares y respiratorios.
  • Disminución inmunológica.

¿Sanidad interior o exterior?

La solución a estos problemas no es una fórmula mágica que le permitirá librarse de las enfermedades físicas y sus dolencias. Sin embargo, es importante ahondar en una sanidad interior que usted debe realizar con Dios, guiado por un profesional y pidiendo la guía del Espíritu Santo.

Él es el encargado de mostrarle cómo sanar, qué y a quién debe perdonar y cómo puede soltar la carga que ha estado llevando. La sanidad interior no solamente permite soltar la carga del dolor, sino también encontrar tranquilidad para el cuerpo.

El pastor Darío Silva-Silva asegura: “es importante comprender de dónde viene la sanidad: física en el cuerpo para las enfermedades, interior en el alma o psiquis para las dolencias.

Debemos ir a Isaías 53:4-5 y recordar que a través del cuerpo quebrantado de Jesucristo nosotros obtuvimos la sanidad de nuestras enfermedades corporales, de nuestras dolencias anímicas, que Él sufrió también el castigo por nuestras rebeliones y pecados y también que Él fue el precio de nuestra paz que sobrepasa todo entendimiento…

A través de la fe obtenemos la sanidad interior y corporal. Se trata de apropiarse de lo que sucedió hace más de 2000 años en la cruz. No va a suceder, ya sucedió. Es un hecho cumplido en forma definitiva y eterna”.

Foto: Emma Simpson – unsplash (Foto usda bajo Licencia Creative Commons)

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