“Y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres”

Por David Bernal

La Comisión de la Verdad, la entidad de Estado que busca el esclarecimiento de los patrones y causas explicativas del conflicto armado interno, entregó su informe final tras tres años y medio de trabajo por todo el país. La Comisión analizó al sector religioso, creyentes e iglesias, como parte del conflicto armado con base en entrevistas con líderes religiosos e informes de diversas instituciones eclesiales.

“Pedimos a los líderes religiosos reflexionar ante el vacío espiritual de un pueblo de tradiciones de fe, sumido en una crisis humanitaria de desconfianzas y muertes”: Francisco De Roux, presidente de la Comisión de la Verdad.

La Comisión de la Verdad en su trabajo investigativo en distintos campos, así como en su trabajo de reportería, realizó entrevistas en diferentes territorios del país a distintos personajes y actores del conflicto armado, entre ellos creyentes, pastores cristianos y sacerdotes y otros representantes de diversas confesiones religiosas.

Asimismo, distintas organizaciones de tipo religioso aportaron documentación e investigaciones sobre el conflicto armado a la Comisión de la Verdad con el fin de apoyar el esclarecimiento de la verdad desde la óptica de las confesiones religiosas. Organizaciones como Justapaz, la Comisión de paz de Cedecol, El Diálogo Intereclesial por la Paz de Colombia (DiPaz), y las ponencias de diversos investigadores en esta materia como José Fabio Naranjo, integrante del Movimiento Internacional de Profesionales e Intelectuales Católicos, entre otros, dieron una perspectiva de cómo el sector religioso y sus agentes hicieron parte del conflicto armado.

“Nos hemos dado a la tarea histórica de acompañar, como iglesia, a quienes más sufren y a quienes han sido víctimas de esta tragedia que significa la guerra. Este conflicto armado con sus causas estructurales de exclusión pero en todo ese ejercicio de acompañamiento a las iglesias desde lo psico-espiritual, desde las acciones socio-jurídicas, de la capacidad de plantear iniciativas de paz, a las que llamamos semillas de esperanza, en muchas regiones del país. Ha sido importante en esta tarea que la fe es la que nos ha llevado a dinamizar y sentir que Jesucristo es el camino la verdad y la vida y que por ello nuestros esfuerzos, desde una fe comunitaria, están orientados a sanar esas heridas del conflicto armado”, sostuvo Martín Nates, director de Justapaz, durante la entrega del informe “un llamado profético: Las iglesias cristianas en el conflicto armado” a la Comisión.

La religión como objetivo militar

Las creencias y la libertad de culto han sido ampliamente atacadas y afectadas por el conflicto armado en Colombia. Organizaciones como Justapaz y el Diálogo Intereclesial por la Paz de Colombia (DiPaz) han informado de ataques a iglesias, secuestros y asesinatos de creyentes, pastores y sacerdotes, desplazamiento forzado de comunidades religiosas así como de violencia y desaparición de misioneros y servidores de las iglesias.

Igualmente, los actores del conflicto armado también han violado los derechos humanos de las mujeres relacionadas con la fe y las prácticas religiosas. Estas han sido víctimas de discriminación, violaciones y abusos sexuales así como maltrato, violencia y asesinatos. En el capítulo “Hasta la guerra tiene límites” del Informe final de la Comisión de la Verdad, se relata cómo durante el conflicto armado los grupos guerrilleros ponían a las iglesias como objetivos militares y porque era una forma “de mostrar su dominio o de atacar directamente, por ejemplo, a las iglesias evangélicas y cristianas”.

“Las iglesias también se vieron afectadas durante los enfrentamientos. En el transcurso de estos, las atacaron sin diferenciación alguna. En esos recintos, los habitantes se sentían seguros. Pese a ello, se convirtieron en zonas de alto riesgo. Algunos actores armados incluso utilizaron las iglesias como resguardo de armas, como puntos estratégicos para efectuar los ataques o como escudos”, señala dicho capítulo.

Foto: Juan Sebastián Sanabria – Revista Conmemora Líderes Sociales – Artículo: El árbol de la vida de Bojayá: Su comité de víctimas (Centro de Memoria Histórica).

Esto se evidenció con horror durante uno de los ataques más atroces de los combates entre guerrilleros y paramilitares: la “Masacre de Bojayá”, donde murieron 81 personas en el interior de la iglesia católica donde habían acudido a refugiarse de los combates entre guerrilleros de las Farc y paramilitares que si disputaban el control de la región.

“La masacre de Bojayá fue perpetrada por el Frente José María Córdoba, de las FARC-EP, al lanzar un cilindro bomba que cayó en una iglesia en la que los pobladores se refugiaban del enfrentamiento de este grupo con el Bloque Élmer Cárdenas de las AUC. Las víctimas fueron 81 personas, 47 de ellas eran niñas, niños y adolescentes”, señala este capítulo del informe final.

Según relatos entregados a la Comisión se evidencia la sevicia con la que los grupos armados atacaban distintos lugares de culto tanto católico como protestantes y de otras denominaciones religiosas, que no solo generaba el temor a practicar libremente una religión sino estigmatizaciones a los creyentes, líderes religiosos y templos.

Uno de ellos es relatado de la siguiente manera: «La iglesia se quedó casi vacía, la gente se fue. Los disparos que se hicieron dentro del lugar también afectaron la parte física: afectaron el púlpito donde se predicaba, afectaron las puertas y ventanas, los vidrios por los impactos de bala. Las personas, por el temor, por el miedo, no volvieron durante un tiempo. Después regresaron, pero hasta la fecha el número de personas que asiste allí es muy poco y aún hoy la gente dice: “Ah, esa es la iglesia donde reparten plomo”, “Ese es el lugar donde arreglan las cosas a plomo”.

Esto sucedió en el caso de la Iglesia Alianza Cristiana y Misionera Colombiana, ubicada en Puerto Asís, Putumayo. Según el relato del pastor Francisco Sevillano Cortés que indica, que en 2004, los paramilitares del Bloque Central Bolívar, incluido Jorge Arnulfo Santamaría Galindo, alias Pipa, atacaron este templo.

Estos constantes ataques a los lugares de culto y sus ministros evidencian que el objetivo de estos grupos insurgentes no solo era la destrucción física e intimidación sino erradicar la esperanza de las víctimas a través del temor y terror. “Estos ataques no solo significaron un daño material importante para las comunidades, sino un ataque a su religión, a sus creencias, a los lugares religiosos que representaban seguridad, resguardo y unión comunitaria”.

El sector religioso, ¿dónde estaba?

En su discurso durante la entrega del informe final de la Comisión de la Verdad, el padre Francisco de Roux llamó la atención sobre la responsabilidad de los líderes religiosos en el conflicto armado colombiano al señalar:

“¿Qué hicieron ante esta crisis del espíritu los líderes religiosos? Y, aparte de los pastores y mujeres de fe que incluso pusieron la vida para acompañar y denunciar, ¿qué hicieron otros obispos y sacerdotes, y comunidades religiosas y ministros?”, se preguntó el director de la Comisión.

Sin embargo, no es desconocido que muchos líderes religiosos se hicieron los de la “vista gorda” o “miraron para otro lado” con diversas problemáticas, fenómenos y personajes del conflicto armado que afectaban a las comunidades y creyentes, con el fin de ganar algún tipo de prebenda y reconocimiento (Cercanía con personajes y grupos delincuenciales) o por algún tipo de compensación en dinero o propiedades disfrazados de “diezmos” para su congregación.

En este aspecto, José Fabio Naranjo señala “en las complicidades o apoyo de sectores de iglesia a la violencia ejercida por el estado y específicamente al paramilitarismo ha jugado también la ambición o la seducción del dinero. Hechos tales como la recepción de dineros de narcotraficantes por jerarcas de la iglesia o por sacerdotes dan cuenta de ello. Para estos pastores el paramilitarismo y la mafia eran un hecho sentado, su triunfo y hegemonía parecía definitiva y juzgaban realista el recibir dinero de ellos, para destinarlo a causas caritativas”.

En este aspecto, los informes que le fueron entregados a la Comisión de la Verdad señalan que desde hace décadas las iglesias cristianas han contribuido a la búsqueda de la paz y la justicia social no solo por el cumplimiento de las ordenanzas bíblicas sino también como una forma de impactar positivamente a las comunidades en donde ejercen su ministerio. Es así como a través de esta búsqueda que se han ganado como enemigos a las guerrillas, grupos  delincuenciales y bandas criminales asociadas al narcotráfico.

Es en estas iniciativas para la búsqueda de la paz y la reconciliación donde las iglesias han jugado un papel fundamental en la consolidación del perdón, restauración y sanación de las heridas y secuelas del conflicto armado. En el caso de La Masacre de Bojayá, una iglesia fue epicentro del dolor y muerte pero otra lo fue para el perdón y la reconciliación. El 12 de septiembre del 2015, la iglesia cristiana Casa Sobre la Roca realizó un conversatorio sobre la paz y el conflicto armado con las asistencias de más de mil personas. Allí, Freddy Rendón Herrera, alias “El Alemán”, exjefe paramilitar y uno de los responsables de la masacre, le pidió perdón a Colombia y al sacerdote Antún Ramos, párroco de la iglesia en Bojayá, por el dolor, muerte y todos los hechos ocurridos durante la masacre en este municipio chocoano. Allí mismo, el exjefe guerrillero de las Farc, Robinson Ramírez, pidió perdón por los hechos del conflicto armado al coronel (R) Gilberto Gonzales en representación de los hombres de las Fuerzas Militares y sus familias.

“La paz en Colombia está llegando. Toda Colombia debería, a partir de ahora, vivir para la tan necesaria paz que todos reclamamos. Me impacta el lenguaje que hoy estamos utilizando en este evento”, dijo el pastor Darío Silva-Silva tras el final del conversatorio y del emotivo momento de reconciliación entre los distintos agentes del conflicto armado.

Por: David Bernal – david.bernal@revistahyc.com

Montajes: Revista Hechos&Crónicas con ilustraciones de Freepik e imagen corporativa de la Comisión de la Verdad. 

Fotos: Juan Sebastián Sanabria – Revista Conmemora Líderes Sociales – Artículo: El árbol de la vida de Bojayá: Su comité de víctimas (Centro de Memoria Histórica).

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