¿Ciclo vital o vicioso?

Por Revista Hechos&Crónicas

Así funcionan los matrimonios. Vivimos en una relación maravillosa, un idilio de amor, todo marcha perfectamente y de pronto… algo ocurre. Dependiendo de la reacción e inteligencia emocional de los cónyuges, la situación se resuelve y se vuelve a la etapa idílica por un tiempo, hasta que, de nuevo, algo vuelve a molestar.

El amor en el matrimonio pasa por diversas etapas que, si no sabemos manejar, nos encierran en un ciclo vicioso del que es muy difícil salir.

Y es que estos cambios, mal manejados, pueden resultar indiscutiblemente en la separación o divorcio definitivo, destrozando el corazón de ambos miembros de la pareja. De acuerdo con Rafael Avendaño, abogado especialista en familia y encargado del análisis de datos de matrimonios y divorcios en Colombia, la principal causa de divorcio es la violencia hacia la mujer. “Los ultrajes, el trato cruel, el maltrato psíquico y también el patrimonial”, explicó. Este fenómeno se acrecentó en un 175 % durante 2020, de acuerdo con el informe del Observatorio Colombiano de las Mujeres, respecto a las llamadas recibidas a línea de violencia 155. La segunda razón, según el experto, es el incumplimiento de los deberes de padre o esposo. Es decir, la tergiversación de los roles. “En menor medida están las relaciones sexuales extra conyugales, conocidas como infidelidad”.

Ciclo de vida o de muerte

El matrimonio no es fácil. ¿Cómo va a ser fácil unir a dos personas criadas en contextos completamente diferentes para acostumbrarse a vivir juntos, día y noche, por el resto de sus vidas? Seres imperfectos que muchas veces no saben responder, terminan lastimándose uno al otro. Sin embargo, cuando el amor de Dios es el centro, todo esto se puede superar. Lo importante es determinar si están dentro de un ciclo vital del matrimonio o inmersos en un ciclo vicioso que amenaza con destruirlo. El uno es vida y el otro, muerte.

“El concepto de ciclo vital se utiliza para referirse a un sistema vivo que interactúa continuamente y que presenta cambios constantes. Se formuló por primera vez en la sociología de la familia. Casi todos los terapeutas de la familia han prestado mucha atención a este concepto como marco para el diagnóstico y la planificación del tratamiento. El ciclo vital sirve como un referente contextual fundamental, para considerar las principales tensiones y retos que experimenta la familia, según su ciclo evolutivo, pero principalmente para identificar los cambios que se van dando a nivel intrafamiliar y cómo estos modifican la vida de sus integrantes”, asegura Douglas Valencia, especialista en psicología clínica con énfasis en psicoterapia con niños y adolescentes, en su investigación denominada “Crisis en el ciclo vital de la pareja y sus principales implicaciones en los niños y adolescentes”.

El ciclo vicioso, por su parte, se refiere a las crisis de pareja mal manejadas que se repiten por falta de respuestas asertivas de uno o los dos cónyuges. Puede tratarse de malos momentos, de experiencias que pueden estar afectando a uno o al otro, pero también puede tratarse de un pecado que se niegan a confesar o incluso a soltar.

¿Cómo romper este ciclo?

Debemos hacer como dijo Pablo en 2 Corintios 13:11: En fi n, hermanos, alégrense, busquen su restauración, hagan caso de mi exhortación, sean de un mismo sentir, vivan en paz. Y el Dios de amor y de paz estará con ustedes. Trabajar en la comunicación de la pareja es fundamental. Buscar primero la sanidad individual, pues cuando algo nos molesta del otro, generalmente es porque refleja algo que no toleramos de nosotros mismos o tenemos una herida anterior que no ha sido sanada. H&C comparte unos tips para lograr que el ciclo en el matrimonio sea vital y nunca vicioso.

Elige tus batallas

No puedes callarte siempre que algo te molesta, pues mereces que tu cónyuge te escuche, pero el matrimonio no puede convertirse en un constante descargo de agravios. Hay que hablar, desde el amor y saber comunicarse, pero también hay que saber callar.

Nadie es perfecto

A veces exigimos del otro la perfección que no tenemos. No podemos mantenernos para siempre como al inicio de la relación cuando solo mostrábamos nuestra mejor cara. Convivir viene con la desnudez de los defectos… ¡de ambos! Comprender que mi cónyuge no es perfecto, como yo tampoco lo soy, nos permite a ambos llenarnos de paciencia, misericordia, comprensión y perdón. Ambos lo necesitamos.

Adiós a las listas pasadas

Todos tenemos un deseo innato de mejorar con el tiempo. No podemos centrarnos en los errores pasados y traerlos a colación cada vez que algo ocurre. Eso demuestra falta de perdón y desanima al otro. Si está pasando algo, eso es lo que hay que resolver, nada más.

No tomarlo personal

Debemos dejar de pensar que nuestro cónyuge hace las cosas intencionalmente por dañarnos u ofendernos. Comprender que ambos nos amamos y tenemos buenas intenciones hacia el otro hace la diferencia sobre la manera en que asumimos la ofensa.

Opta por perdonar

El perdón comienza en la mente y termina en el corazón. Deja de concentrarte en tus sentimientos heridos. Cuando te centras en el amor, el respeto y el afecto, no tendrás lugar para la ira y el resentimiento. Ora por ayuda si sientes que la necesitas. El perdón es un regalo que le das a tu cónyuge, a tu matrimonio y a ti mismo. Practicar frecuentemente el arte del perdón dará más lugar a la alegría, a la paz mental y al crecimiento personal.

Conocerse es fundamental

Cuando no conocemos el contexto de nuestra pareja, es fácil que nos sintamos ofendidos o dolidos por lo que hace. Por eso es clave conocer las raíces mutuas, conversar de lo simple y de lo importante, de lo que nos marcó y de las cosas banales, pues así entenderemos el porqué de sus actuaciones voluntarias e involuntarias.

Por: María Isabel Jaramillo – Isabel.jaramillo@revistahyc.com

Foto: Freepik (Foto usada bajo licencia Creative Commons)

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