Ver la vida a color

Por María Isabel Jaramillo

Hechos&Crónicas se unió con el ministerio Mujer Integral de Casa Sobre la Roca Bogotá para hablar con Alexandra, (quien además es creadora de Extravagantemente Podcast y Revista digital y autora de dos libros: ‘Cambia tu mente’ y ‘El mundo de la gratitud’), en un diálogo sencillo, sincero y muy enriquecedor que hoy compartimos con nuestros lectores.

Alexandra González es artista, educadora y traductora. Por mucho tiempo sufrió depresión y hace 10 años fue diagnosticada con esquizofrenia. Su salud mental parecía haber llegado a un punto de no retorno, pero Dios hizo en ella un milagro de sanidad que la llevó a dedicar su vida a ayudar a quienes sufren enfermedades mentales e inestabilidad emocional, mental y psíquica, para que sepan que en Dios hay esperanza.

Alexandra, bienvenida. Hemos leído y escuchado algo que siempre repites y es que tú viviste la vida a blanco y negro y que ahora la vives a full color, cuéntanos sobre esto.

Una persona diagnosticada con una enfermedad mental está sumida en la tristeza, en el miedo, en el dolor, en el resentimiento y esto va llevándonos a ver la vida en blanco y negro, en el dolor. No vemos la esperanza y a mí pasó, en primera persona. Cuando yo empecé a ver un poquito de luz, me di cuenta que sólo con la luz se puede ver el color. Eso lo dijo Isaac Newton: Sin luz no hay color. Yo encontré que para mí la luz era Dios, era Jesús y eso empezó a traer perdón, sanidad, libertad, esperanza. Por eso hoy digo que las personas que están presas de enfermedades mentales ven la vida en blanco y negro, desafortunadamente pueden llegar a un punto de no retorno, dejar de ver. Creo que el propósito es que las personas puedan encontrar la luz para poder ver en colores.

Hablando de este flagelo, pareciera que todo el mundo es experto, pero cuando empezamos a estudiar no lo entendemos muy bien, entonces ¿cómo detecto o identifico que estoy deprimida?

Hay síntomas que es muy importante que tanto padres de familia, personas cercanas y en general como individuos estemos atentos. Los ingredientes de la depresión, yo considero que pueden comenzar por el dolor. Vivimos en un mundo de corazones rotos: los hijos se entristecen por el divorcio de sus padres, alguna persona que fue traicionada, le robaron algo, tiene una frustración, una decepción, una enfermedad.

Todo esto nos puede llevar a la depresión y es acá donde yo debo sanar el dolor, porque cuando el dolor se incuba puede llevar a tres cosas que son: el resentimiento, es decir sentir una y otra vez; la amargura, que ya es ese dolor pasa a la cara y a los intestinos; y número tres, ya sale por la boca, entonces me empiezo a quejar, empiezo a mal y creo realidades que antes solo existían en la mente, pero como ya hay tanto dolor encubado, empiezo a crear aún más cosas que  aparentemente no tienen solución, aunque siempre hay solución.

El dolor es transversal a toda la raza humana, pero hay muchos ingredientes, dentro de mí experiencia. La soledad es letal, una persona que tiene un problema y se aísla, exacerba esos problemas por la soledad. El enemigo ataca a quien se rezaga de la manada, por ende, no nos podemos rezagar, somos seres sociales, pertenecemos a tribus y necesitamos tener esas redes de apoyo cuando pasamos por momentos de adversidad.

Por último, yo diría el tema de una identidad no sana, inestable, porque una persona que sabe quién es, a pesar de las circunstancias, las atraviesa. Una persona que tenga esa identidad en Cristo puede superar el dolor, puede sanar y puede pedir ayuda a tiempo.

La identidad es lo que heredamos y lo que aprendemos. Lo que heredamos es un porcentaje importante pero no es toda nuestra identidad; para mí lo más importante es lo que aprendemos, porque depende de nosotros. Yo puedo tener un pasado de abuso, o de dolor, pero puedo cambiar esos caminos neuronales a través de la neuroplasticidad, más aún cuando tenemos un Padre Celestial que nos ama, una Palabra viva que nos transforma y un Espíritu Santo que nos acompaña.

¿Los cristianos olvidamos que tenemos autoridad espiritual para enfrentar este flagelo?

Por un lado, olvidamos la autoridad, pero por otro lado pensamos que es magia. No se trata de recitar, ni de hacer por hacer, para mí lo más importante es conocer a Jesús y tener una comunión con el Espíritu Santo y Su Palabra. Hay personas que pueden estar años en una iglesia sirviendo, inclusive en posiciones de liderazgo y jamás conocen a Jesús. Hay personas que dicen: “en el nombre de Jesús…”, pero como no tienen una relación, lo dicen por decirlo. Cuando yo tengo una comunión, Dios me va a mostrar si es falta de perdón, baja autoestima, etc. Él me va mostrar porque es un Padre que me ama, que me conoce y que conoce mi pasado, mi presente y mi futuro.

El llamado de Jesús en Juan 8:31-31 es: Si se mantienen fieles a mis enseñanzas, serán realmente mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres. Si yo no conozco a Jesús y su Palabra, no voy a poder gozar de esa libertad.

Entonces, si somos cristianos, ¿por qué nos deprimimos?

Somos seres integrales, no somos solo espíritu por ahí levitando. Somos espíritu, tenemos un alma y vivimos en un cuerpo, ese es el orden. Los tres se tienen que alimentar, el que más alimentemos, es el que va a predominar.

Sin embargo, sin importar lo espirituales que seamos, estamos en un mundo roto, en donde pasan cosas que a veces no esperamos. Nadie planea un divorcio, que se le muera un ser querido, ni una traición ¡pero ocurren! Entonces la pregunta es… ¿qué herramientas tengo en mi maleta emocional? Porque en mi maleta espiritual, yo tengo la Palabra, pero en mi maleta emocional, ¿qué tengo? ¿Y en mi maleta física?

La OMS dice que la salud se compone no solo de la mente, sino del cuerpo y de lo social. Obviamente ignoran lo espiritual, pero es muy importante lo que ya tengo. Todo eso me va a traer beneficios o desventajas para mi salud mental. No hay nada mejor para una persona llena de dolor y de miedo que un abrazo, una persona que le diga hay solución, el dolor no es el final, pero hay que empezar levantando la mano y diciendo: tengo un problema, necesito ayuda.

¿Y cómo reconocer ese momento en qué se debe pedir ayuda? ¿Hasta cuándo es normal sentirse triste y en qué momento se debe levantar la mano?

Bueno hay alarmas de las que debemos estar muy pendientes, sea en primera persona, para los hijos o para los seres queridos: el llanto, por ejemplo. Dios no nos diseñó para estar llorando todo el día. El llanto alivia, pero que yo llore todos los días, por mucho tiempo y por lo mismo, es una alarma. El resentimiento, la falta de perdón. Cuando me acuerdo de alguien que me hizo daño y se me daña el día. Cuando me auto lesiono. Hay personas que se cortan, se golpean con las paredes, inclusive los intentos suicidas… Cuando ya he estado buscando mucho tiempo el aislamiento y la soledad, esto alimenta el egoísmo y los pensamientos negativos. También cuando me congrego, inclusive he ido a consejería y no logro resolver ni sentirme mejor y culminaría diciendo, cuando la vida no es funcional, porque la depresión y la ansiedad pueden hacer que yo pierda mi trabajo, pierda mi pareja, ya no me quiero ir a bañar, estoy todo el día en la cama, ya no tenga ni siquiera este ánimo para trabajar, para amar la vida, obviamente yo sé que es difícil cuando uno ya ha llegado a ese punto, pero si uno ve una alarma encendida, dos, pidamos ayuda, por favor, para no llegar a ese punto de incapacidad.

Pero, ¿a quién debemos acudir? ¿Dónde un pastor, de pronto es un tema teológico? ¿O será un tema clínico, estaré teniendo algún desajuste hormonal, químico? En tu caso cómo lo notaste.

El Psiquiatra Enrique Rojas dice: “El problema no es la realidad, sino la percepción de la realidad”. Es importante que yo me conozca para así saber hasta dónde va mi fe y no empañar la fe de los demás, porque cada uno tiene una fe individual. Dependiendo de la gravedad del asunto, si me conozco, puedo discernir si es un tema espiritual o no.

¿Yo qué puedo hacer? Abordarlo desde todas las aristas y así me doy cuenta si necesito perdonar, si puedo hacer el proceso de sanidad con Dios, con un consejero espiritual o si ya tengo una fortaleza mental de años y necesito un psicoterapeuta.

En mí caso, después de que Dios hizo un milagro y fui libre de delirios, alucinaciones e ideas irracionales, de los episodios psicóticos, etc., seguía llorando, desesperanzada, creyéndome un error. Así que empecé tratamiento con un psicoterapeuta. Un buen psicoterapeuta es alguien que te sabe escuchar, que guarda el secreto profesional, es una persona neutra, tiene una historia clínica y te puede mostrar el panorama que has vivido. Si es el  caso, te puede dar una medicación (en casos de desbalances. Yo no soy fan de la medicación porque pienso que es un paliativo. Debemos ir a la causa, pues una pastilla no puede pedir perdón, ni erradica el miedo, pero sí un Dios vivo que traspasa mi existencia). El solo hecho de hablar es maravilloso, pues solo cuando tú sacas lo que está en el mundo de las ideas al mundo material, te das cuenta qué has estado alimentando y dónde debes comenzar a sanar.

¿Cuán fundamental es la familia, la gente cercana, una red de apoyo cuándo se pasa por estos diagnósticos?

Somos seres sociales. El primer No de Dios es: “No es bueno que el hombre esté solo” y ya estaban todos los animales de la creación. (Así que a la gente que dice: la soledad la resuelvo con un perro, ¡mentiras!) Para mí, mi familia fue mi equipo ganador, cuando mi voluntad estaba a nivel uno o menos cien, ellos oraron por mí, ellos creyeron por mí, ayunaron. Cuando yo tenía insomnio, estaban en vigilia por mí. Yo venía de intentos suicidas, entonces estaban pendientes de mí. Sin alimentar el temor, pero con vehemencia.

Estar rodeados de personas que te aman y se preocupan por ti es clave para superar estos temas. Además, necesitamos psicoterapeutas, psiquiatras cristianos que tengan el Espíritu  Santo para que no se dediquen solamente a medicar, sino que oren, escuchen y anhelen la sanidad, pero tengan también una historia clínica con herramientas.

Hay gente que no tiene ni familia cristiana ni no cristiana. Necesitamos buscar personas con las que haya confianza y empatía, que son factores fundamentales. Se debe buscar una persona en la que tengamos confianza, pero también que tenga empatía y nos pueda ayudar. Que no tape las cosas, si no que nos impulse a salir. Por eso debemos trabajar en ser personas de confianza, empáticas y que inspiren.

Constantemente hablas de la gratitud, como tema fundamental en el que haces mucho énfasis para nuestra salud mental, explícanos por qué

Yo antes hablaba mal, me quejaba, era como una nube de pensamientos negativos. Mis hábitos y mis fortalezas mentales eran muy fuertes, llenas de negativismo y pensamientos tóxicos; pero un día en psicoterapia descubrí la gratitud. Mi terapeuta solo mencionó el concepto y yo me di cuenta que la gratitud no existía en mi vocabulario.

Empecé a buscar y a leer y descubrí que esto combate las enfermedades mentales. Empecé a ver lo que hace en el cerebro, sus niveles de serotonina este transmisor del bienestar, dopamina, felicidad… Y dije: quiero ser agradecida, si eso mejora mi química cerebral, hay que hacerlo. Comencé a tener diarios de gratitud. Cada mañana, dentro de mi devocional, y cada noche agradezco a Dios por cinco cosas.

Comencé a hacerlo para mí y a investigar. Si agradezco por la luz, voy a investigar de dónde viene y terminé escribiendo un libro, pero realmente empezó como parte de una terapia personal. Mis padres me han enseñado que la gratitud tiene que ver con contentamiento, (no con resignación). Sócrates dijo: “Si uno no está contento con lo que tiene, no va a estar contento con lo que quiere tener”. Yo lo resumo así: “hoy estoy feliz, puede que mañana tenga más o menos, pero hoy decido ser feliz y agradecida”.

¿Qué hábitos saludables puedo tener para mantener esa salud mental? Sabemos que es un proceso diario.

Primero, los invito a que compren mis dos libros, lean mi revista y escuchen mis podcasts, que son especializados en salud mental. Ahí tengo muchos consejos prácticos.

Yo pienso que las enfermedades mentales tienen que ver con desconexión, tenemos que reconectar. Con Dios de manera muy férrea y también con nosotros mismos. Tener tiempo conmigo misma porque me amo, es muy importante. La gratitud también es fundamental, como ya lo mencionamos. Las relaciones valiosas en las que hay que invertir tiempo y dinero. El deporte, ojalá en equipo, que enseña disciplina y relaciones sociales.

Culmino con esto: para mí la fe vence el mundo, como dijo es apóstol Pablo, meditar bíblicamente, en las promesas de Dios. Pensarlo atentamente, hablarlo con mi boca, escucharlo, repetirlo hasta que lo memorice. No es tener la Biblia debajo del brazo, sino que esas palabras se impregnen, que cuando yo esté en un momento de batalla, sea esa Palabra rema que vence. La fe, es un elemento fundamental para tener una buena salud mental.

Hay un concepto súper importante, la neuroplasticidad. Es la capacidad que tiene el cerebro de cambiar funcional, estructural y químicamente. Nuestro cerebro se moldea con relación a nuestros pensamientos, inclusive se ha demostrado científicamente que el cerebro se puede encoger por pensar mal. Pero también hablamos de neurogénesis, que es cuando nacen nuevas neuronas porque pienso bien. La persona que se levanta y empieza a pensar mal, mata las neuronas, quien piensa bien le da lugar a la neurogénesis.

La neuróloga y científica, Caroline Leaf, dice que ha comprendido el versículo que dice: “las misericordias de Dios son nuevas cada día” (Lamentaciones 3:23), porque si pensamos bien, hay neurogénesis cada día. El tema de la neuroplasticidad es que el cerebro es maleable, como una plastilina. Si pienso bien, el cerebro empieza a cambiar, inclusive a mandar señales a todo mi cuerpo para que mis acciones sean diferentes y mis hábitos cambian como consecuencia. Es importante saber que no es magia, lleva tiempo. La meditación bíblica entra ahí, cuando yo tengo un pensamiento de temor y yo empiezo a meditar un día tras otro, ocurre la neurogénesis y lo que antes me daba temor, ahora lo voy a ver con tranquilidad.

La salud mental bíblica está en Romanos 12:1-2, donde dice: presenten sus cuerpos, ¿para qué? para que renueven su mente, porque solo así van a poder comprobar que la voluntad de Dios, es buena, agradable y perfecta. Hay un pre requisito para conocer la voluntad de Dios y es renovar mi mente, neuroplasticidad.

¿Cómo te describes?

Soy una hija de Dios, amada por Dios. Hoy en día veo la vida en colores. Amo la vida, tengo muchos sueños, amo a mi familia. He encontrado mi identidad y mi propósito que es inspirar y enseñar a otras personas a vivir en libertad, porque yo sé lo que es estar esclavo de una enfermedad mental, pero sé que se puede ser libre de esa prisión. Quiero inspirar y enseñar a través del arte, de los que puedo hacer a través de podcast, de una revista, de una conferencia, de un seminario, de lo que sea. Teniendo claro mi propósito, la manera no importa. Soy una persona feliz, tranquila. No hay nada mejor que sentir que te has encontrado y yo me he encontrado en Dios.

Por: María Isabel Jaramillo – isabel.jaramillo@revistahyc.com 

Fotos: David Bernal / Revista Hechos&Crónicas

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