Bullying: niños maltratando niños

Por María Isabel Jaramillo

La palabra bullying fue introducida en los años 70’s por el investigador noruego Dan Olweus para definir el maltrato propiciado entre niños en el interior de las aulas, pero es en la actualidad cuando realmente ha comenzado a tomar fuerza ¿la razón? Parece tratarse de un fenómeno fuera de control. Aprenda a reconocer qué se considera acoso escolar, qué no y cómo tratarlo.

Se conocen como bullying, matoneo o acoso escolar, los actos que consisten en humillar e intimidar a un estudiante continuamente, sometiéndolo a crueldad física o verbal y que pueden provenir de un solo compañero o de un grupo de ellos, pero siempre de manera premeditada.

Aunque no se trata de un fenómeno reciente, en los últimos años ha tomado mucha fuerza, ya que se considera el causante de gran parte del bajo rendimiento académico, ausentismo en las aulas, pérdida de motivación en el estudio, depresión y hasta suicidio.

Se trata de la acción de intimidar a quien le cuesta defenderse, es repetitivo porque de ésta forma comienza el juego de poder, y se identifica al más “débil”.

Tipos de bullying

En su análisis Acoso escolar: No es un juego de niños, la psiquiatra Iris Luna Montaño, miembro de la Asociación Colombiana de Psiquiatría Biológica presenta tres tipos de bullying:

  • Directo o explícito: Se trata del maltrato físico y/o verbal, que se expresa abiertamente con crueldad, premeditación y burla. Es más popular entre los varones y es llevado a cabo con ánimo de dar a conocer “quién es el más fuerte”.
  • Indirecto o encubierto: Se trata de todo aquel maltrato que se da con el fin de intimidar a la víctima, pero sin que ésta o los maestros y padres puedan identificar al victimario. En muchos casos puede tratarse de la difusión de rumores, chismes o calumnias o sencillamente promover el rechazo a un compañero. Es más popular entre las niñas.
  • Cyberbullying: Se conoce por cyberbullying al tipo de acoso que se da a través de las nuevas tecnologías tales como correos, redes sociales, blogs, celulares, videos, publicaciones en la red, etcétera. Existen casos de cyberbullying en los que a pesar de que un niño haya cambiado de colegio, huyendo de sus agresores, éstos continúan persiguiéndolo por mucho tiempo a través del ciberespacio.

Efectos en las víctimas

Las víctimas de bullying generalmente son niños retraídos, sumisos o de carácter frágil, que pueden tener problemas de autoestima, o diferencias notables con sus compañeros (raciales, de gustos o creencias). Estas características los llevan a asumir, generalmente, los conflictos de manera errada, al quedarse callados y dejarse amedrentar para de ésta manera caer en la somatización, depresión, fracaso escolar, desesperación que puede llevar al suicidio y frustración profesional. Así mismo desencadena también una dosis más grande de baja autoestima e inseguridad al crecer, convirtiéndolos en jóvenes y adultos traumatizados, menos útiles a la sociedad y que probablemente conformen familias disfuncionales.

Los expertos coinciden en que éste fenómeno afecta también al victimario, ya que generalmente se trata de niños dominantes, muchas veces malcriados que desafían también la autoridad de padres y maestros, pero que en el fondo tienen grandes carencias afectivas y en muchos de los casos son víctimas de violencia intrafamiliar.

De igual manera, el matoneo es una forma de “microviolencia”, como asegura la Doctora Luna, que simplemente desencadena una“macro violencia” futura, sea por parte de la víctima o del victimario. La víctima puede llenarse de rencores y frustraciones que más adelante descarga sobre otras personas. El victimario por su parte, se acostumbra a impartir violencia y a intimidar a los demás, llevándolo en la adultez a escenarios más fuertes.

Se conocen casos de niños que han llegado al suicidio porque no soportan las constantes agresiones de sus compañeros. Casos como el de Mateo, que a sus 8 años fue encontrado por su hermana ahorcado en su habitación, al sentir que simplemente no aguantaba más y enfrentarse a la incredulidad de sus padres. Casos como el de Mariana, de 11 años, a quien sus padres creyeron y cambiaron de colegio, pero que continúo siendo perseguida a través de la red con peticiones constantes de que se quitara la vida. Mariana intentó suicidarse sin éxito en tres ocasiones y hoy hace parte de un fuerte tratamiento que busca ayudarla a superar sus inseguridades.

Colombia, país líder en matoneo

Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de los Andes y liderado por Enrique Chaux, del programa Aulas en Paz revela que Colombia es uno de los países latinoamericanos que más padece este fenómeno.

“Las cifras que manejamos en Colombia son más altas que los promedios mundiales, son relativamente cercanas a los promedios latinoamericanos, que a su vez son los más altos en comparación con las demás zonas del mundo”, afirma Chaux.

Asimismo, el estudio, en el que se evaluaron las respuestas de cerca de 55 mil estudiantes en 589 municipios del país, en las Pruebas Saber de los grados quinto y noveno, reveló que el 29% de los estudiantes de 5° y el 15% de 9°manifestaron haber sufrido algún tipo de agresión física o verbal por parte de algún compañero.

Esto quiere decir que se presentan más frecuentemente casos de Bullying en niños entre los 9 y los 11 años, edad promedio de los estudiantes de quinto de primaria.

Asimismo, los expertos aseguran que el aumento de este fenómeno en Colombia se debe a la sombra de violencia que cubre al país y a los crecientes problemas de violencia intrafamiliar que desarrollan frustración e ira contenida en los niños, que simplemente salen a desquitarse con quien consideran más débil.

De acuerdo con un estudio de la ONG Internacional Bullying Sin Fronteras para América Latina y España, realizado entre enero 2020 y diciembre de 2021, se presentaron 7.550 casos en instituciones educativas. De hecho, en América Latina «el 70 por ciento de los niños son directa o indirectamente afectados por el ‘bullying’ en la escuela, es decir, niños que han sido acosados o han sido testigos (del acoso)», aseguró Mónica Darer, especialista en Derechos de la Niñez de la ONG Plan Internacional.

La Unesco realizó un estudio, sobre los casos de bullying en América Latina, examinando los resultados de 2.969 instituciones educativas, 3.903 aulas y 91.223 estudiantes de 6º grado de 16 países latinoamericanos (Argentina, Brasil, Colombia, Costa Rica, Cuba, Chile, Ecuador, El Salvador, Guatemala, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana y Uruguay). Según dicho estudio, la agresión más frecuente fue el robo, 39,4%, seguida de la violencia verbal, 26,6%, y la violencia física, 16,5%. Mientras en Cuba uno de cada diez estudiantes de sexto grado afirma haber sido víctima de robo, en Colombia la cifra se incrementa a  más de la mitad.

El estudio de la Unesco revela también que el rendimiento académico de los estudiantes que sufren o han sufrido de Bullying es significativamente inferior al de aquellos que nunca han sufrido de ningún tipo de acoso.

Aprenda a diferenciar el acoso de un simple conflicto entre niños

Es importante saber que no todo puede considerarse bullying, ya que los niños no han desarrollado el sentido de la prudencia y muchas veces se pasan de sinceros haciendo sentir mal a sus amiguitos sin tener realmente esa intención o simplemente puede tratarse de disgustos o desacuerdos normales en todo grupo humano.

No hay que exagerar. Recuerde que para que se pueda hablar de bullying, debe tratarse de un acto sistemático y premeditado, así que una pelea espontánea no hace parte de este fenómeno.

Asimismo, es importante comprender que ante las constantes campañas anti-bullying los niños pueden volverse manipuladores frente al tema. No se trata de no creerles, pero tampoco de caer en la búsqueda constante de culpables. Hay que estar alerta, pero teniendo en cuenta que los niños siempre serán niños.

¿Qué hacer ante la presencia del matoneo en las aulas?

Dios, a través de la Biblia muestra a sus hijos cuánto aborrece la violencia y a quien ama la violencia (Salmo 11:5), así mismo cuestiona los insultos, las maldiciones y las rencillas entre sus hijos (Mateo 5:21-22), alentándonos a amarnos y aceptarnos de la misma forma en que Él nos ama y nos acepta.

Por eso, primero que todo hay que enseñar a los niños a ser tolerantes. Muchos de los casos más frecuentes de bullying se dan hacia niños que “parecen” homosexuales o simplemente son “diferentes”. Se les debe explicar que Dios odia el pecado, pero ama al pecador y como dice en 1 Juan 4:21, quien ama a Dios, ama también a sus hermanos. Tenga en cuenta que los padres y profesores pueden propiciar el acoso al discriminar las diferencias, por eso hay que enseñarles a los niños a aceptar y respetar tanto los defectos como las virtudes de los demás.

Es fundamental que en el hogar y en las instituciones educativas se creen espacios para la comunicación, con el fin de explicarles  a los niños los puntos fundamentales de éste fenómeno y permitirles que se expresen. En estos espacios se les debe indicar qué hacer si son víctimas o testigos de acoso en las aulas, alentarlos a denunciar y dejarles claro a quién recurrir en cualquiera de éstos casos.

No hay que creer que los niños se lo han ganado. A pesar de que hay niños que molestan, ponen apodos y son hiperactivos, no se puede creer que se han ganado ningún tipo de maltrato. Nadie se merece ser víctima de éste fenómeno.

Tampoco hay que incentivar la victimización en los niños con el argumento de que Jesús fue perseguido y en Su nombre seremos perseguidos, es un concepto que hay que explicarles, pero que puede sonar errado y promover el silencio en los maltratados.

Es fundamental identificar a las víctimas. Los padres también deben tener una comunicación continua con los maestros, sobre todo si notan que los niños comienzan a estar más retraídos, solitarios o irritables, de ésta manera podrán estar un paso adelante a la hora de actuar.

Lo más importante es denunciar. Si se ha identificado un niño como víctima o éste ha manifestado serlo, es vital saber ante qué autoridades educativas se puede denunciar un caso de maltrato, así como identificar cuáles pueden ser los correctivos necesarios. Conocer el acto a seguir y a quién recurrir, acabará con las altas dosis de silencio que están incrementando este tipo de violencia.

Si su hijo, o alguien que usted conoce ha sido víctima del bullying, no olvide que además de buscar ayuda profesional, también debe buscar una restauración espiritual, ya que es Dios quien promete ayudar y levantar a las víctimas de la violencia, tal como el salmista lo recita en el Salmo 118:13.

 

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