La realidad del cuidado del tránsito hacia la vejez.
El rey David era ya tan anciano y entrado en años que, por más que lo abrigaban, no conseguía entrar en calor. Por eso sus servidores le dijeron: «Busquemos a una joven virgen para que atienda a nuestro señor el rey, lo cuide y se acueste a su lado para darle calor». Así que fueron por todo Israel en busca de una muchacha hermosa. Entonces encontraron a una sunamita llamada Abisag y se la llevaron al rey. La muchacha era realmente muy hermosa y se dedicó a cuidar y a servir al rey, aunque el rey nunca tuvo relaciones sexuales con ella. 1 Reyes 1:1-4.
La población mundial envejece cada día más, pero el crecimiento podría alcanzar su tope máximo a finales del siglo. Todos los países del mundo, están experimentando un aumento del número de personas mayores. La Organización de Naciones Unidas (ONU), describe como: “A nivel mundial, la población de adultos mayores de 80 años o más se encuentra en rápido crecimiento y superará los 265 millones de personas a mediados de la década de 2030 y se triplicará a nivel global en comparación con las décadas pasadas, con una proyección de alcanzar cerca de 426 millones para el año 2050. Las mujeres representan una proporción mayoritaria en los rangos de edad de 80 a 95 años, abarcando aproximadamente el 55 % o más de la población en este grupo debido a una mayor esperanza de vida biológica frente a los hombres”.
Aceptando el proceso
Ser testigo del paso del tiempo en quienes nos dieron la vida, es un proceso complejo y doloroso, para el cual muchos de nosotros no estamos preparados. Nos enfrentamos a la triste realidad de ver la pérdida de su fortaleza física y mental. Según el portal Psicología y Mente, comunidad en línea líder en el campo de la psicología, las neurociencias y la salud mental: “Acompañar a nuestros padres en la vejez, también es aprender a despedirse sin dejar de estar”… “Ver cómo es una etapa que llega para todos, pero a la mayoría nos toma por sorpresa o sin herramientas. Nadie quiere sentir esa melancolía ni enfrentarse a lo que implica. Nadie quiere despedirse; tampoco perder su libertad. Pero, precisamente por eso, es necesario hablar de cómo atravesar este momento de la vida”.
Asumiendo el rol de cuidador
En el momento de aceptar y tomar el rol de cuidador, los papeles se invierten, Fabrício Carpinejar, célebre escritor, poeta, periodista y conferencista brasileño, en uno sus textos famosos, expone con ternura el momento en que se rompe el orden natural y «el hijo se convierte en el padre de su padre» debido a la fragilidad de la vejez.
De acuerdo con, Carolina Kralj, médica psiquiatra y máster en gerontología del King’s College London: “En este momento particular en la vida de las personas, ambas partes se descubren en un lugar nuevo. El adulto mayor, por su parte, en un lugar de creciente dependencia y el familiar, en su nuevo rol de cuidador. Es entonces esperable que esta transformación, que a su vez es una crisis vital, en algún punto implique un duelo del rol anterior y sea comúnmente transitada con cierta dificultad”.
Entrega de amor
En palabras del artículo publicado por la Revista Javeriana, de la Pontificia Universidad Javeriana de Antioquia: “Asumir el papel de cuidador, significa comprometerse a brindar apoyo físico, emocional y diario a una persona que depende de otros, lo cual exige una gran adaptación personal, paciencia y la necesidad de establecer límites saludables para evitar el desgaste físico”.
La vejez, implica atención constante y esta debe reflejar un amor incondicional, paciencia, compasión y dignidad hacia quienes portan valor ante los ojos de Dios, como lo vemos en 1 Reyes 1:1-4, donde se describe la dura fragilidad del rey David en su vejez: la pérdida de su vitalidad física, la dependencia de otros para el calor y el cuidado médico primitivo, despojando al monarca de su poder terrenal.
Más allá de la atención física y emocional, el cuidado es un acto de amor, gratitud y mandato divino.
Panorama del cuidado familiar
Adultos cuidadores: Aproximadamente 1 de cada 10 adultos atiende a un padre mayor de 65 años.
Edad promedio: El rango principal de los hijos cuidadores se sitúa entre los 45 y 64 años.
Mujeres: Representan cerca del 60 % de los cuidadores y, a nivel global, asumen entre el 60 % y el 78 % de las labores de cuidado no remunerado.
Hombres: Su participación ha crecido hasta alcanzar entre el 39 % y el 40 %, con mayor énfasis en tareas de apoyo logístico o financiero.
Generación “sándwich”: Cerca del 48 % de estos cuidadores atiende simultáneamente a sus padres mayores y a hijos menores de edad.
Agotamiento (burnout): Hasta un 78 % de los cuidadores familiares reporta niveles altos de estrés semanal o diario, debido a la falta de apoyo institucional y licencias de cuidado.
Compromiso absoluto
Esta entrega total conlleva aprendizaje, preparación, dedicación y cuidados responsables. Se sustenta en el mandamiento de honrar a los padres: «Honra a tu padre y a tu madre —que es el primer mandamiento con promesa— para que te vaya bien y disfrutes de una larga vida en la tierra» Efesios 6:2-3.
“Escucha a tu padre, que te engendró, y no desprecies a tu madre cuando sea anciana”. Proverbios23:22. Este texto resalta el valor, el respeto y la atención que debemos dar a nuestros padres durante toda su vida.
Según las enseñanzas de Billy Graham, influyente evangelista cristiano bautista estadounidense: “Cuidar de los padres ancianos es un mandato divino ineludible y una forma primordial de honrar a Dios. Sostenía que retribuir el amor y los sacrificios que ellos hicieron en la crianza es un deber sagrado que refleja un corazón piadoso”.

