Vivir y practicar la fe, buena decisión para la salud (Parte 1)

por Revista Hechos&Crónicas
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Investigaciones médicas concluyen que asistir a la iglesia y practicar una religión trae diversos beneficios para el cuerpo humano.

No dejemos de congregarnos, como acostumbran hacer algunos, sino animémonos unos a otros, y con mayor razón ahora que vemos que aquel día se acerca. Hebreos 10:25.

El Instituto Wheatley de la Universidad Brigham Young publicó “Religión y Bienestar Humano”, una investigación de tres partes considerada la revisión más completa y metodológicamente rigurosa sobre religión y salud hasta hoy.

La segunda parte de la investigación ‘La conexión entre religión y salud física: ¿Qué revela la mejor evidencia científica?’ realizó una rigurosa selección y análisis de más de 2.800 estudios de alta calidad sobre religión y salud física. El reporte revela que la mejora en la salud física está estrechamente vinculada con las creencias y prácticas religiosas, así como con la participación en comunidades de fe.

La religión beneficia la salud en las siguientes áreas:

Prevención de enfermedades

De los estudios analizados, 60 presentaron hallazgos significativos sobre la relación entre religión y prevención de enfermedades, identificando asociaciones positivas entre una mayor religiosidad y mejores índices de prevención, detección y adherencia a tratamientos. Por ejemplo, dos investigaciones encontraron que una mayor religiosidad y los mensajes de salud con enfoque espiritual se vinculaban con mayores tasas de detección temprana del cáncer.

El estudio también señala que tanto los profesionales de la salud como los líderes religiosos desempeñan un papel crucial en la educación y en la formación de actitudes hacia la vacunación, las pruebas de detección y la adherencia a los tratamientos médicos.

Enfermedad cerebrovascular

Diez estudios hallaron que mayores niveles de religiosidad se asociaban con menores tasas de enfermedad cerebrovascular.

“Se ha demostrado que la religiosidad y las formas positivas de afrontamiento religioso ayudan a controlar el estrés y a reducir los síntomas depresivos, lo que a su vez puede disminuir el riesgo de accidente cerebrovascular en muchas personas. La religión suele fomentar el desarrollo del autocontrol, ayudando a las personas a responsabilizarse de sus actos en lugar de caer en hábitos poco saludables o adictivos. Quienes cultivan una mayor autodisciplina, una característica frecuentemente reforzada por las creencias y prácticas religiosas, tienden a presentar un menor riesgo de accidente cerebrovascular”, explica el análisis médico.

Hipertensión y presión arterial

El análisis del Instituto Wheatley en este punto se basa en 38 estudios médicos que sostienen que “la participación religiosa parece amortiguar la depresión y la ansiedad, y al hacerlo, también puede brindar protección indirecta contra la hipertensión. Se estima que aproximadamente el 40 % de los casos de hipertensión tienen una base genética.

Sin embargo, reducir la reactividad al estrés mediante estrategias religiosas positivas no solo puede beneficiar a las personas, sino que también podría influir en la próxima generación al disminuir los factores de riesgo de hipertensión transmitidos por el medio ambiente”.

Prevención cardiopatía

Existe una relación positiva entre una mayor religiosidad y una mejor salud cardiovascular (es decir, menores tasas de cardiopatía), según los hallazgos de 26 estudios sobre el tema.

“En la literatura religiosa, el corazón se describe a menudo como central y vital para la vida humana. Estos textos enfatizan frecuentemente la pureza de corazón, un concepto que tiene implicaciones no solo para el bienestar espiritual, sino también para la salud psicológica, emocional y física.

Las investigaciones han demostrado desde hace tiempo que las personas con tendencias más hostiles o agresivas tienen mayor riesgo de padecer enfermedad coronaria y enfermedad cardiovascular. Por el contrario, quienes obtienen puntuaciones más altas en amabilidad o responsabilidad tienen menos probabilidades de desarrollar estas afecciones. La religiosidad se ha relacionado con una menor ira y agresividad, así como con rasgos de personalidad más positivos que pueden favorecer la salud cardiovascular”.

Dieta y peso

109 estudios concluyen que una mayor religiosidad se asocia con hábitos alimentarios más saludables y niveles de peso más bajos o ambos.

“Si bien, la dieta y el peso también se ven afectados por variables culturales, sociales, económicas y conductuales que van más allá de la práctica religiosa, algunas tradiciones religiosas prescriben o promueven prácticas alimentarias que limitan de forma natural las grasas nocivas y la carne roja, haciendo hincapié en las verduras y las fuentes de proteínas magras como las aves y el pescado”, explican los autores.

Ejercicio y actividad física

Entre los estudios que analizan la relación entre la religión y el ejercicio o la actividad física, 19 identificaron asociaciones positivas entre una mayor religiosidad y mayores niveles de actividad física o ejercicio.

Según los investigadores: “la aptitud física mejora la capacidad de servir a Dios y a los demás, permitiendo a las personas participar más plenamente en un trabajo significativo y en el servicio comunitario con menos limitaciones físicas. La mayoría de las religiones del mundo enfatizan la importancia del cuidado del cuerpo, enseñando a menudo que es un recipiente sagrado o templo del espíritu”.

Función inmunológica  

“Las personas religiosas también tienden a ser más activas físicamente, y la actividad física regular está bien establecida como un factor que contribuye a una mejor función inmunológica”.

Cabe señalar 61 investigaciones hallaron una relación entre una mayor religiosidad y una función inmunológica más positiva. “Literalmente cientos de estudios han encontrado que la participación religiosa está relacionada con un mayor apoyo social y una mayor integración social», ambos vinculados a una mejor función inmunológica”, explica el informe del Instituto Wheatley.

Una de las grandes conclusiones de esta investigación médica y científica es que “La participación religiosa se asocia con frecuencia a importantes beneficios en diversos ámbitos, incluyendo una mejor salud mental, una mejor salud física y vínculos familiares y comunitarios más sólidos. En conjunto, la evidencia sugiere que la religión sigue siendo un recurso poderoso, aunque a menudo ignorado, para el bienestar humano”.

Enfermedad de Alzheimer

“La religiosidad que puede influir en la enfermedad de Alzheimer y otras demencias implica el voluntariado y otras actividades prosociales. Estos comportamientos se han relacionado con una mejor función cognitiva a lo largo del tiempo, incluyendo un crecimiento más saludable del hipocampo en adultos mayores. Dado que el voluntariado, especialmente el servicio dentro de las comunidades religiosas, es una práctica común y frecuente entre las personas religiosas, puede contribuir a una mejor salud cerebral a largo plazo.

Igualmente, la participación religiosa puede ayudar a reducir la soledad al fomentar redes sociales más amplias y significativas, proporcionar un sentido de pertenencia a la comunidad y fortalecer las relaciones interpersonales. De estas y otras maneras, la comunidad religiosa puede proteger contra el aislamiento social”.

El 74 % de los estudios sobre este tema hallaron que mayores niveles de religiosidad se asociaban con menores tasas de enfermedad de Alzheimer y otras formas de demencia.

Fotos: Israel Torres (Pexels)

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