Modo feliz: activado

por María Isabel Jaramillo
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En el Día Mundial de la Felicidad, hay preguntas simples que son la clave de todo. Una de ellas es: ¿soy feliz? 

Si no te lo has preguntado recientemente, puede ser que tu agenda esté llena y que tus pendientes te impidan detenerte a analizarlo… puede ser también que lo seas y no necesites pensarlo. No es algo que incluyamos en los recordatorios de nuestro calendario. Aun así, cada 20 de marzo, el mundo entero pone la lupa sobre este tema con la conmemoración del Día Internacional de la Felicidad.

Esta fecha no es un invento menor. En 2012 fue proclamada por la Organización de las Naciones Unidas como un reconocimiento a algo profundamente humano: “la felicidad y el bienestar no son un lujo emocional, sino una aspiración legítima que debería ser considerada incluso en las decisiones de los países”. Y la verdad es que la felicidad, aunque todos queremos alcanzarla, es un tema del que poco se habla.

Datos sobre la felicidad

Cada año, el Informe Mundial de la Felicidad analiza a más de 140 países. No está diseñado para medir las sonrisas superficiales, ni los sentimientos momentáneos de euforia. Tampoco alegrías aparentes. Este día fue diseñado para medir aspectos mucho más profundos como apoyo social, salud, libertad para tomar decisiones, percepción de corrupción y estabilidad económica.

Los resultados muestran un mapa interesante. Países como Finlandia llevan varios años ocupando los primeros lugares, mientras que, en América Latina, naciones como Costa Rica y México suelen destacarse por sus altos niveles de bienestar percibido. Colombia, por su parte, aparece en una posición intermedia, porque, aunque estamos llenos de calidez humana, no dejan de pesar la pobreza, violencia y desigualdad.

Sin embargo, y a pesar del ranking de países, hay algo que es una verdad indiscutible: la felicidad no depende del dinero ni de lo material. De hecho, las investigaciones coinciden en que las relaciones significativas, el sentido de propósito y la confianza en otros tienen un peso mucho mayor que los ingresos económicos.

En palabras que entendemos los seguidores de Cristo, solo la comunión con Dios y la cercanía con Él llenan nuestro corazón. Él nos da propósito, confianza y pertenencia.

Felices son los íntegros, los que siguen las enseñanzas del Señor. Felices son los que obedecen sus leyes y lo buscan con todo el corazón.  Salmo 119:1-2. 

La paradoja silenciosa

Aquí aparece una de las contradicciones más llamativas de nuestra época: Vivimos cansados todo el tiempo y, claramente, lo que más anhelamos es descanso, pero cuando lo tenemos no sabemos qué hacer con él. Buscamos A, pero muchas veces lo llenamos de distracciones que nada nos aportan.

Un estudio realizado por Cassie Holmes (UCLA), basado en el análisis de decenas de miles de personas (más de 40.000) sobre cómo usan su tiempo y qué tan felices se sienten, encontró que tanto la escasez como el exceso de tiempo libre pueden afectar negativamente la sensación de bienestar. El punto óptimo se encuentra entre dos y cinco horas diarias.

Así que, si nos detenemos a analizar, este estudio revela algo mucho más profundo y es que la felicidad no aparece mágicamente cuando tenemos tiempo libre, sino cuando lo que hacemos tiene un significado real, cuando nos alineamos con nuestro propósito.

Una felicidad diferente

Mucho antes de que existieran los informes globales o los indicadores de bienestar, la Biblia ya hablaba de felicidad. Pero no en los términos a los que estamos acostumbrados.

Las Sagradas Escrituras no presentan la felicidad como una emoción efímera y pasajera, sino como la consecuencia de una vida bien cimentada en Dios:

  • Dichoso el que confía en el Señor. Jeremías 17:7.
  • El corazón alegre es una buena medicina… Proverbios 17:22.
  • Les he dicho esto para que tengan mi alegría y así su alegría sea completa. Juan 15:11.

Estas afirmaciones muestran algo que puede catalogarse como contracultural, pues, aunque el mundo nos vende la felicidad como algo que se obtiene por logros o circunstancias perfectas, la Biblia nos la muestra como el resultado de una relación firme con Dios.

No es la ausencia de dificultades, sino la presencia de Dios en nuestras vidas lo que nos mantiene fuertes, firmes y estables… es decir, felices.

Visto de esta manera, el enfoque en la felicidad cambia completamente, porque dejamos de desgastarnos persiguiendo una felicidad que no vamos a alcanzar, y en cambio comenzamos a cultivarla desde adentro, diariamente, con Dios.

La felicidad no es un sentimiento, sino una construcción

Parece un chiste hablar de felicidad en medio de este mundo caído lleno de sufrimientos e incertidumbres. Sin embargo, Dios no desconoce la felicidad y nosotros tampoco podemos hacerlo.

De hecho, la ONU la reconoce como un indicador de desarrollo en los diferentes países y hasta la ciencia la estudia como un componente esencial del bienestar y, por supuesto, la fe la presenta como una evidencia de una vida conectada con Dios.

Lo que probablemente esté ocurriendo es que hemos intentado construir la felicidad sobre bases inestables y poco profundas: el éxito inmediato, la productividad, la aprobación de otros… y claro, cuando no la encontramos en ninguno de estos lugares, simplemente asumimos que la felicidad no existe o es inalcanzable. Nada más lejos de la realidad… solo que no debemos buscarla sino trabajarla.

¿Cómo? Con relaciones sinceras, decisiones coherentes, momentos de calma y, sobre todo, en una vida espiritual que busque primeramente el reino de Dios y su justicia, mucho antes que las alegrías superficiales de este mundo.

Así que, si volvemos a la pregunta inicial… ¿soy feliz?

No necesitamos una respuesta rápida sobre las circunstancias que estamos viviendo, sino una pausa que nos permita analizar con honestidad la vida que estamos construyendo… ¿Tiene sentido o es un correr tras el viento? ¿Hemos cultivado una relación profunda con Dios o hemos descuidado lo más importante de nuestras vidas?

Es momento de dejar de buscar la felicidad por fuera y volver a la esencia, a conectar con el Dios que nos creó para darnos plenitud en Él.

En la revista Hechos&Crónicas te deseamos un ¡Feliz Día Internacional de la Felicidad! Que encuentres tu propósito y permanezcas en el único que puede llenar de alegría tu corazón.

Por: María Isabel Jaramillo – isabel.jaramillo@revistahyc.com 
Foto: Jacqueline Munguía (Unsplash)

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