La relación entre el dinero y la creencia genera una fuerte controversia, pues la idea de entregar recursos personales a organizaciones como las iglesias divide a las personas.
Esta polémica se debe, especialmente, a la preocupación por el mal uso de los dineros y los problemas generados por la teología de la prosperidad. La falta de transparencia de algunas iglesias ha erosionado la confianza de quienes mantienen esta práctica y esto exige una respuesta clara. ¿Dinero para la obra de Dios o para las cuentas personales?
El poco control y la débil fiscalización en ciertas congregaciones, sumada a la mala fama de líderes religiosos que derrochan recursos en lujos, viajes y excentricidades, contrastan fuertemente con la realidad de sus propios feligreses, que en muchos casos, enfrentan penurias y momentos difíciles.
Para responder a esta crisis de confianza y comprender mejor si el diezmo es una mera obligación legal o una ofrenda nacida de la gracia, debemos primero ir a la fuente.
Históricamente y dentro de la tradición cristiana, el “diezmo” se refiere a la décima parte de la riqueza (productos agrícolas o ganado) que se debería entregar a Dios. En un momento dado, se entendía como una forma de impuesto con la finalidad de dar sostenimiento al Santuario y a los más necesitados, como enseña Levítico 27:30-33: El diezmo de todo producto del campo, ya sea grano de los sembrados o fruto de los árboles, pertenece al Señor, pues le está consagrado (…) En cuanto al diezmo del ganado mayor y menor, uno de cada diez animales contados será consagrado al Señor.
Sin embargo, la perspectiva en el Nuevo Testamento transforma este mandato de la ley divina en una práctica que debería considerarse un principio moral y una disciplina espiritual por la gracia. Dar es una ordenanza que involucra adoración, obediencia, la honra al Señor, el manejo sabio del dinero y la extensión del reino de Dios. Deuteronomio 12:6 señala: Allí llevarán ustedes sus holocaustos, sacrificios, diezmos, contribuciones, promesas, ofrendas voluntarias y los primogénitos de sus vacas y ovejas. Entonces, en la presencia del Señor su Dios, ustedes y sus familias comerán y se regocijarán por los logros de su trabajo, porque el Señor su Dios los habrá bendecido. Estos propósitos en esencia mantienen su valor en la actualidad, ya que los creyentes no están obligados por un porcentaje fijo; sino por la magnitud de la redención en Cristo, como se explica en el concepto teológico base de la Reforma Protestante: Solus Chistus, Sola Gratia (Solo Cristo, Solo Gracia).
Precisamente, esta libertad en Cristo establece nuevos principios de mayordomía y generosidad para administrar los recursos que Dios confía en los creyentes conforme a las capacidades económicas de cada uno, tal como lo enseña 2 Corintios 9:7: Cada uno debe dar según lo que haya decidido en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al que da con alegría. Esta generosidad se debe enfocar en el sostenimiento de la obra de Dios y la ayuda a los más necesitados.
Un estudio titulado “20 verdades sobre los diezmadores” (20 Truths about Tithers), realizado por las organizaciones Maximum Generosity y copatrocinada por ECFA, Christianity Today y Evangelical Christian Credit Union, reveló que los creyentes que diezman tienen una mejor salud financiera con respecto a los creyentes que no lo hacen. “Los investigadores compararon a quienes diezman con quienes no lo hacen, utilizando nueve indicadores de salud financiera y descubrieron que quienes diezman se encontraban en mejor situación en todas las categorías.

A pesar de su impacto positivo en las finanzas personales, es crucial entender que el corazón de la generosidad no debe estar impulsado por el beneficio propio o el amor al dinero. Al contrario, la motivación debe estar basada en la enseñanza bíblica.
La generosidad del creyente debe revelar que Cristo está en el trono de su corazón, ya que se entiende el diezmo como un acto de adoración. Sin este apoyo permanente, las iglesias desaparecerían en cuestión de meses y con ellas, el impulso evangelístico y la obra social que las caracteriza.
No obstante, esta práctica vital y el apoyo al prójimo han afrontado duras críticas en las últimas décadas por los excesos de grupos y personajes que manipulan las Escrituras para su propio beneficio, particularmente en la teología de la prosperidad. Congregaciones e incluso mega iglesias impulsadas por el deseo de atesorar riquezas en este mundo, olvidan una de las enseñanzas principales del Señor Jesús en Mateo 23:23 ¡Ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos, hipócritas! Dan la décima parte de sus especias: la menta, el anís y el comino. Pero han descuidado los asuntos más importantes de la Ley, tales como la justicia, la misericordia y la fidelidad. Debían haber practicado esto sin descuidar aquello.
El problema no es solo ético, existe una pregunta teológica fundamental sobre la aplicación del diezmo en la actualidad: ¿es el diezmo es un mandato de ley o un acto de generosidad voluntaria? Muchos estudiosos dicen que el diezmo hace parte de la ley ceremonial o civil de Israel y que no es aplicable para el tiempo de la gracia. En tal caso se encuentran los siguientes argumentos:
– Se debe entender que el diezmo es anterior a la ley mosaica como se narra en Génesis 14:20: en el cual Abraham paga el diezmo al sacerdote Melquisedec. Igualmente, Génesis 28:22 narra que Jacob promete a Dios dar el diezmo.
– El diezmo es patriarcal, no es claro cuando comienza esta costumbre entre los patriarcas, pero algunos eruditos se remiten hasta Abel cuando este presento al Señor lo mejor de su ganado como una muestra de adoración sincera a Dios, según Génesis 4:4. Esto lo realizó como principio de un manejo adecuado, generoso y responsable de los recursos recibidos del Padre.
Si bien el dar es un principio de mayordomía y adoración, su contra parte espiritual es la advertencia contra amor hacia las riquezas. 1 Timoteo 6:10 dice Porque la raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.
El problema no es el dinero en sí, sino más bien el “amor” al dinero. Esta advertencia debe marcar en el corazón del creyente la certeza que todos los recursos provienen de la soberanía de Dios y que esta, nos lleva a vivir en libertad de la codicia entendiendo las prioridades del Reino de Dios.
Para poder tener una postura equilibrada, es importante entender que el diezmo tiene raíces bíblicas previas a la ley y que va más allá de un mandato legal. Es un acto de adoración divino que debe impulsar al creyente a practicar una mayordomía bíblica responsable como un acto voluntario basado en la gratitud y acorde a sus capacidades.
Es imprescindible que las iglesias y organizaciones que reciben estos diezmos y ofrendas, sean estrictamente responsables al recibirlos y que se caractericen por manejos claros y transparentes tanto para la iglesia cristiana como ante los no creyentes.
Que sean ejemplo de entidades que trabajan con honradez, como hace mención en 2 de Reyes 12: 13-15 Sin embargo, del dinero que se traía al Templo del Señor no se usaba nada para hacer copas, corta pabilos, tazones y trompetas, ni otros utensilios de plata y oro; sino que ese dinero se les entregaba a los trabajadores, que lo usaban para reparar el Templo del Señor.
Los encargados de pagar a los trabajadores no tenían que rendir cuentas, pues procedían con toda honradez.
En conclusión, debemos entender el diezmo como una práctica nacida de un corazón sincero que desea adorar a Dios con sus recursos, que es un hábito espiritual que trae beneficios en el aprendizaje de la salud financiera de los creyentes que la practican; y en cuanto a las iglesias que reciben los dineros, deben ser dignas de administrarlos con transparencia, honradez, sabiduría para sostener la obra y teniendo en cuenta que son recursos de Dios destinados para cumplir la labor evangelística y bendecir a su comunidad.

