¡No eres su mamá!

por María Isabel Jaramillo
A+A-
Reset

Criar a tu esposo, el error silencioso que desgasta tu matrimonio.

A todas nos ha pasado… estás en la cocina preparando una deliciosa comida, conversando con tu esposo y le pides que te destape un frasco… pero lo agarra de una manera extraña y termina por regar su contenido por toda la cocina. ¡Qué desastre!

Le cuentas que tu hijo se portó mal en el colegio, pero en vez de exhortarlo para que corrija su error, le da un consejo que empeora la situación.

Le pides que tome una ruta específica para llevarte más rápido a una cita, pero decide ignorarte (a ti, a Waze, a Maps y a todo buen consejero para el camino) y termina por demorarse el doble en un trayecto sencillo.

En las tres situaciones tú podrías haberlo hecho mejor. Abrir el frasco con más cuidado para que no se derrame, aconsejar sabiamente a tu hijo para que corrija su mal comportamiento y manejar por el camino que ya conoces para llegar a tiempo. Y las tres veces se lo haces saber a tu esposo… tienes que hacerlo o si no, ¿cómo va a aprender?

es ahí donde comienza el problema, en algo que muchas esposas hacen si siquiera darse cuenta y que lentamente apaga el respeto, la admiración y la conexión en su matrimonio… Así que hazte esta pregunta: ¿estás tratando a tu esposo como a un niño? ¿Lo corriges, lo supervisas, decides por él? Quieres empujarlo a madurar, ¿cierto? Parece que es tu responsabilidad como esposa y ayuda idónea, pero la realidad es que tiene el efecto contrario, pues a él lo debilita y a ti te desgasta. Además, los roles diseñados por Dios para cada uno en el matrimonio, se desordenan.

Deterioro de la relación

Esto no es solo un consejo ni una percepción. Es algo que los expertos han venido midiendo hace tiempo. Un estudio publicado en Journal of Marriage and Family encontró que cuando uno de los cónyuges asume un rol controlador o parental disminuye la satisfacción marital, aumenta el conflicto y se debilita el respeto mutuo. Es decir, si tú diriges como si fueras la mamá, inevitablemente tu relación dejará de sentirse como una pareja.

Además, estudios sobre trabajo emocional en pareja como emotional labor publicado por R. J. Erickson, muestran que, cuando la mujer carga con la regulación emocional, la organización del hogar y la “formación” del esposo se incrementa el agotamiento y la frustración, afectando directamente la relación.

La psicoterapeuta y autora belga Esther Perel ha sido clara en esto: “El deseo necesita distancia, no dinámica parental”. Cuando una mujer adopta un rol materno disminuye la tensión romántica, se pierde la polaridad y la relación se enfría, porque nadie se siente atraído física o sexualmente por alguien que lo critica, minimiza y descalifica constantemente y tampoco por alguien a quien tiene que criar.

Es cierto que nuestros esposos necesitan nuestro apoyo porque así lo establece la Palabra. Somos su ayuda idónea, ¡no su madre!

Para Paula Andrea Vargas, quien junto a su esposo Alejandro Chaparro dirigen el ministerio para parejas Casa2, de Casa Sobre la Roca Sabana Norte, portarse como la mamá del esposo se ha venido normalizando con el tiempo, deteriorando así a las familias:

“Hoy en día se ha vuelto común escuchar entre mujeres la expresión ‘cuando nos casamos adquirimos otro hijo’. Sin embargo, bíblicamente esto es incorrecto. Es cierto que nuestros esposos necesitan nuestra ayuda porque así lo establece la Palabra, somos su ayuda idónea, ¡no su madre! Lamentablemente, en esta época muchas mujeres han adoptado una postura equivocada intentando enseñar, corregir o incluso criar a sus esposos como si fueran hijos.

Nuestro papel como mujeres no es formar a nuestro esposo desde el control sino orar por él para que sea Dios quien lo moldee y lo lleve a ser el hombre que Él diseñó. Dios nos dio cualidades hermosas que nos permiten ser multifacéticas, sabias y sensibles, pero esto no significa que nuestro esposo necesite una madre dentro del matrimonio, ni alguien que lo controle.

Cuando cruzamos esa línea no solamente salimos de nuestro diseño, sino que también irrespetamos el lugar que Dios les ha dado a nuestros esposos y aunque muchas veces ellos no lo expresen, cuando son tratados como hijos se sienten desvalorizados. Un hombre que no se siente afirmado en casa, tarde o temprano busca en otro lugar aquello que no está recibiendo. Tenemos que ser mujeres que sigan la Palabra de Dios, que siempre estén siendo esa ayuda idónea, que podamos reflejar el carácter de Cristo en las debilidades que nuestros esposos tienen, como dice la Palabra en Colosenses 3:12 que nos vistamos de compasión, de bondad, de humildad, de mansedumbre y de paciencia para que podamos trabajar también con el carácter de nuestros esposos, pero con Dios, firmes, pero con gracia, sabias, pero no impulsivas, amorosas, pero con verdad. Una mujer de Dios no es débil, pero es gobernada por el Espíritu Santo”.

¿Qué dice la Biblia?

– Abraham y Sara (Génesis 16)

Sara decidió intervenir y “resolver” lo que Dios había prometido y le dijo a Abraham qué hacer. En vez de confiar, decidió tomar el control. ¿El resultado? Conflicto, dolor y tantas generaciones afectadas que las consecuencias permanecen hasta hoy. Sara dirige y Abraham simplemente se acomoda y obedece.

– Sansón y Dalila (Jueces 16)

Aunque no eran esposos, la historia de esta pareja es una muestra de cómo la mala actuación de una mujer puede llevar a un hombre a perder su propósito. Dalila presionó tanto a Sansón que lo llevó a quebrar su voluntad. ¿El resultado? Sansón no solo perdió su fuerza (propósito), sino sus ojos (visión), e incluso su vida.

– Isaac y Rebeca (Génesis 27)

El caso de Rebeca con su esposo Isaac es bastante grave. Ella no solo opinó, sino que manipuló completamente la situación. Rebeca no confió en la decisión de su esposo, tomó el control de una decisión clave y dirigió todo el proceso. ¿El resultado? División y ruptura familiar debido al engaño.

– Acab y Jezabel (1 Reyes 21)

Acab no lideró como le correspondía, así que Jezabel no solo tomó el control ocupando/ usurpando su lugar, sino que lo distorsionó con corrupción e injusticia. ¿El resultado? Lo más triste, sin duda, la caída espiritual.

Mujer ¡No es tu trabajo criarlo!

Muchas mujeres se quejan porque sus esposos actúan como niños, pero no se dan cuenta de que son ellas mismas quienes están usurpando su liderazgo.

Al minimizarlos y menospreciar lo que hacen (esté bien o no), están actuando en contra de lo que Dios les ha indicado y rechazando Su diseño.

Aunque tu esposo no esté actuando como el líder que Dios lo llamó a ser, no es tu trabajo “empujarlo”. No eres su correctora, ni su entrenadora, ni su mamá. ¡Ese rol no te corresponde!

Cuando asumes ese rol y tratas a tu esposo como a un hijo, pierdes admiración por él, él pierde la capacidad de tomar la iniciativa y se daña completamente la dinámica del respeto. Además, él se acomoda porque no necesita liderar, pues alguien más lo está haciendo… y lo peor, tu corazón se endurece porque comienzas a llevar cargas que Dios no te diseñó para llevar.

Así que, ¡suelta el control!

Deja de empujarlo, deja de corregirlo como a un niño y de cargar lo que no es tuyo. En cambio, respétalo, permítele crecer y dale espacio para asumir su lugar. Porque un hombre no madura cuando lo crían, madura cuando su posición le exige responder.

Por: María Isabel Jaramillo – Isabel.jaramillo@revistahyc.com
Foto: Vitaly Gariev – Day Mittal (unsplash)

Artículos relacionados

Dejar comentario