Justicia deportiva y diseño original: verdad vs emoción

por Revista Hechos&Crónicas
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Desde el deporte de élite hasta las canchas de barrio, en esta época marcada por el emocionalismo, las sociedades están atravesando por tiempos de confusión.

Hoy bajo nuevas narrativas de “inclusión” se intentan normalizar ideas ilógicas en las competencias, las cuales, lejos de resolver las crisis de identidad, solo ofenden las diferencias biológicas entre hombres y mujeres deportistas.

Esta problemática se evidencia de manera especial en el ámbito deportivo, donde surge el debate ético por la participación de personas nacidas biológicamente como hombres en categorías femeninas. Esta discusión también debe tener un punto de vista bíblico abordado desde la socio-teología, para entender cómo las Escrituras interactúan y responden a necesidades y realidades contemporáneas.

Desde una cosmovisión bíblica, la distinción de sexos no es accidental. De acuerdo a las Sagradas Escrituras, el Señor creo al ser humano “hombre y mujer” (Génesis 1:27).  Este diseño no fue al azar; es confirmado por el propio Jesús en Mateo 19:4 ¿No han leído, respondió Jesús, que en el principio el Creador los creó hombre y mujer?

Esta distinción es funcional, intencional y fundamental pues es la base para la humanidad. No es una construcción social ni una limitación biológica secundaria, sino un componente fundamental de nuestra identidad. Somos un diseño maravilloso de Dios como lo dice el Salmo 139:13-14 Tú creaste mis entrañas; me formaste en el vientre de mi madre. ¡Te alabo porque soy una creación admirable! ¡Tus obras son maravillosas y esto lo sé muy bien!”. Somos una unidad integral compuesta por el cuerpo, el alma y el espíritu; por esto, rechazamos de plano el concepto que la identidad resida solo en la autopercepción emocional que entra en conflicto con la identidad biológica.

No obstante, la psicología moderna ha experimentado un giro único al hacer un mayor énfasis en las emociones humanas y ha recorrido un camino complejo al cambiar el enfoque del trastorno de identidad por el de “espectros”, según el “Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-5 (2013). Esto se ha traducido en un trato más ligero y permisivo en lo que corresponde a las disforias de género.

Esta nueva forma de entender dicha problemática, choca directamente con el propósito de Dios para la humanidad y la dignidad intrínseca del cuerpo, tal como fue creado, recordemos que Dios no es un Dios de confusión (1 Corintios 14:33).

En el deporte, esta discusión trasciende de lo teórico a las pistas ya que genera una afectación directa a la equidad competitiva y la seguridad vital de los participantes. Pues la justicia deportiva se refleja el principio bíblico de Proverbios 11:1 El Señor aborrece las balanzas adulteradas, pero aprueba las pesas exactas”.

Algunos casos como Lia Thomas en la natación, Valentina Petrillo en el atletismo paralímpico y Emiliana Castrillón en vóleibol, todos ellos nacidos hombres y se perciben actualmente como mujeres, han avivado este debate ético y científico sobre las ventajas físicas del cuerpo masculino desarrolladas durante la pubertad. En el estudio “Mujeres transgénero en la categoría femenina del deporte: Perspectivas sobre la supresión de testosterona y la ventaja en el rendimiento” desarrollado por Hilton y Lundberg (2021), se resalta lo siguiente:

“El rendimiento deportivo está fuertemente influenciado por una variedad de factores fisiológicos, incluyendo la masa muscular y la capacidad de producción de potencia, características antropométricas, capacidad cardiorrespiratoria y factores metabólicos que difieren significativamente entre hombres y mujeres”, sostiene la investigación. Estas ventajas no se eliminan totalmente con la supresión de la testosterona desvirtuando las competencias y generando ventajas significativas en el rendimiento deportivo a favor de los hombres percibidos como mujeres.

En los deportes de contacto, esto representa un peligro inminente para las mujeres que se enfrentan a oponentes nacidos hombres percibidos como mujeres, es por eso que los deportes se dividen en categorías Masculina y Femenina. Según el Comité Olímpico Internacional el objetivo deportivo primordial es y sigue siendo: “garantizar una competición justa”.

El panorama anterior nos lleva a reflexionar sobre esta problemática, partiendo de entender que debemos aceptar el cuerpo biológico como un regalo y diseño de Dios mediante la renovación de la mente como lo enseña Romanos 12:2. La participación de hombres percibidos como mujeres en categorías femeninas plantea una injusticia directa en contra de las mujeres deportistas, pues, sin la distinción de categorías por sexo biológico, es imposible mantener y/o garantizar los principios olímpicos.

Normalizar la participación de hombres percibidos como mujeres en categorías femeninas es ilógico. Es evidente que casos deportivos inversos, como el de la nadadora Schuyler Bailar que no pudo replicar los éxitos obtenidos como mujer después de realizar su transición como hombre, hacen más evidente la existencia de diferencias físicas y biológicas entre hombres y mujeres conocida como “techo biológico”.

Diversas figuras femeninas del deporte mundial han alzado su voz en protesta. La tenista Aryna Sabalenka, estrella del ranking de la WTA, en entrevista con el periodista Piers Morgan a finales del 2025 dijo: “Al final, nos pasamos toda nuestra vida entrenando para tratar de alcanzar nuestro límite físico y, si estas inclusiones llegan a darse, nos estaríamos enfrentando en la pista a un hombre biológico, que por definición siempre va a ser mucho más fuerte que una mujer (…) No estoy de acuerdo, no me parece justo”. En el 2023, la atleta española Ana Peleteiro manifestó: “no todo vale en el deporte, si esto se permite, estaríamos compitiendo contra personas genéticamente superiores”.

Ellas no son las únicas, figuras como Martina Navratilova en el tenis, Paula Radcliffe en el atletismo o el caso de Hannah Arensman, quien en un acto de protesta dio a conocer su retiro del deporte, después de perder frente a un hombre percibido como mujer quien le arrebató la medalla de bronce que le daría el paso al campeonato mundial. Ellas como muchas otras también han levantado su voz en reproche a esta situación.

Sharon Davies en natación, es una de las mayores activistas de esta causa, quien en entrevista dada a la periodista Rosario Sánchez en 2019 afirmó que: “Los deportes deberían clasificarse por sexo, no por identidad de género. Hasta la fecha, la razón siempre ha sido obvia: la pubertad masculina conlleva ventajas fisiológicas. La identidad de género puede ser un sentimiento, pero no un hecho biológico”.

En conclusión, es fundamental mantener las categorías deportivas basadas en el sexo biológico no solo por ser coherentes, sino también es una manera en la que se respeta el diseño original (1 Corintios 6:20) que prevale sobre modas ideológicas de momento. No se puede llevar a la normalización de prácticas que atenten contra la dignidad humana a ninguna escala en los deportes.

Es evidente que el enfoque clínico puramente emocional hacia la disforia de genero ha causado problemas en el ámbito deportivo, y es necesario que la sociedad reconozca y recuerde que las diferencias de fuerza y resistencia diseñadas por Dios para cada género tienen un propósito funcional, y que de ninguna manera es un acto de exclusión sino un principio de justicia necesario para garantizar la integridad de los deportistas y lograr la competencia justa.

La sociedad en general debe reconocer que el cuerpo humano no es un accesorio de la voluntad humana, y si bien no se debe negar el fenómeno de la disforia de género, esta debe ser abordada de manera coherente y biológicamente correcta. También es obligación de las autoridades explorar leyes deportivas para personas con disforia de género como una alternativa a desarrollar, reglamentar y regular en el futuro para garantizar la participación justa de estas personas en los deportes.

Por: Oscar Javier Salamanca B – Profesor de la Unidad Educativa Teológica Integral Ibli Facter.  salamancaoscarj@gmail.com

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