BibliomancIA digital

por María Isabel Jaramillo
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Esta práctica antigua parece haber avanzado con la llegada de la inteligencia artificial, dando pasa a la “bibliomancia digital”.

Todos conocemos a alguien, digamos, “inmaduro en la fe” que pide señales a Dios de maneras poco usuales. “Dios, si me saluda de beso, voy a decirle que me gusta”. “Si alguno de mis amigos se viste hoy de azul, voy a la fiesta”. O cosas por el estilo. Peor aun cuando lo hacen usando la Biblia como parte de su azar.

La bibliomancia es una práctica antigua que podría tonarse como una forma de adivinación. Consiste en abrir al azar la Biblia y usar el primer versículo que se encuentre como una respuesta a una pregunta o guía para tomar decisiones. Hoy, la bibliomancia parece haber avanzado un paso con la llegada de la inteligencia artificial, pues se está viendo una tendencia que bien podría llamarse “bibliomancia digital”: las personas ya no buscan a Dios directamente, ni relacionarse con Él, sino respuestas en la inteligencia artificial, camuflando este error en que sus preguntas son espirituales y piden respuestas basadas en la Biblia.

Tristemente, también están buscando consuelo, consejos psicológicos, guía moral y hasta propósito, basándose en los prompt (instrucciones que se dan a las herramientas de inteligencia artificial para que genere una respuesta o contenido específico) que redactan con aparente sabiduría y profundidad.

¿Cuáles son los riesgos espirituales? ¿Cómo impacta nuestra fe, disciplinas espirituales y, más importante aún, nuestra relación personal con Dios?

Chat GPT, el gran consejero

Muchas personas han comenzado a relacionarse con la IA más allá de lo básico. Empiezan pidiendo ayuda con algo de trabajo. Luego pasan a recomendaciones sencillas, consejos pequeños y poco a poco se van acercando a su chatbot como si se tratara de un amigo más.

Tanto que, en agosto de este año, la compañía OpenAI, propietaria de ChatGPT intentó cambiar el tono hacia algo más distante que no generara un vínculo emocional con los usuarios… y miles de ellos se quejaron.

La empresa aseguraba que GPT-5 permitiría “un razonamiento más profundo, a la vez que minimizaría la adulación”, es decir, la tendencia del chatbot a ser demasiado agradable.

Los usuarios no solo no aceptaron la falta de “calidez” en las respuestas, sino que corrieron a desinstalar la actualización y regresar a la versión anterior, pero OpenAI aprovechó el momento y comenzó a cobrar una suscripción de 20 dólares al mes.

El debate en este caso no es la actualización, ni el cobro, sino el cambio de tono que revela la creación de vínculos emocionales profundos, algo que nunca se había visto de manera masiva con otras tecnologías.

Nina Vassan, psiquiatra y directora de Brainstorm (laboratorio de innovación en salud mental de Stanford) aseguró a The New York Times que “La reacción a la pérdida de la versión GPT-4o de ChatGPT fue de auténtico dolor. Nosotros, como humanos, reaccionamos de la misma manera tanto si hay un humano como si hay un chatbot al otro lado, porque, neurobiológicamente, el dolor es dolor y la pérdida es pérdida”.

Además de los casos extremos en los que la gente desarrolla relaciones románticas o enamoramiento con el chatbot, muchos sí han desarrollado un “apego”, una especie de cariño a la forma en que se relacionan con quien les responde a sus preguntas diarias.

En este caso, la inteligencia artificial parece estar sustituyendo a los amigos o a ciertas relaciones interpersonales, pues en muchos casos, las personas que se sienten más solas, buscan refugio, consuelo y apoyo en su IA favorita… ¡y parecen recibirlo!

Y lo mejor, nadie los juzga ni los expone por sus errores. Un paso más allá es cuando las personas sustituyen la consejería bíblica e, inclusive, la terapia psicológica por una “sesión” de inteligencia artificial. Algunos aseguran que prefieren hacerlo, pues les brinda buenos consejos, basados en la Biblia (y en otros casos similares que aparecen en internet), con excelentes resultados, así que terminan por contarle sus traumas y dolores más profundos, buscando la restauración en las palabras de ChatGPT, Gemini o Copilot.

Además, cuando asisten a consejería o a terapia, muchas veces sienten vergüenza por contar sus luchas, sus debilidades y sus pecados; mucho más si son recurrentes. La IA no juzga, solo “escucha” y aconseja.

Cifras relevantes

– 9 de cada 10 colombianos aproximadamente se identifican como cristianos (católicos, evangélicos u otras denominaciones).

– 378 millones de usuarios de IA existen en el mundo en 2025, con un crecimiento proyectado para alcanzar cerca de 950 millones para 2030.

– 1.000 millones de usuarios mensuales tiene Meta AI.

– Las herramientas de IA generativa — ChatGPT, asistentes conversacionales, generación de texto/ imágenes— están siendo usadas de formas cotidianas, para resolver dudas, entretenimiento, compañía, e incluso como “oráculo” para decisiones menores o emocionales.

¿Es la IA una nueva bibliomancia?

Así como la bibliomancia era un uso desviado de la Biblia, hoy la IA puede convertirse en un nuevo “oráculo” donde la gente busca guía y respuestas, pero sin verdadera relación con Dios. ¡Ojo! El problema en sí no es la inteligencia artificial, sino su uso inadecuado que se puede evidenciar, igual que sucedía con la bibliomancia, de las siguientes formas:

– Búsqueda de respuestas inmediatas

Antes, la gente abría la Biblia al azar esperando una “palabra revelada”. Hoy, muchas personas consultan a la IA con la expectativa de que les dé dirección, consejo o incluso sentido de vida, sin discernimiento ni filtro espiritual.

Sin embargo, sabemos que, para recibir respuestas de parte de Dios, necesitamos buscarlo con intención, de todo corazón, recordando que, como Padre, siempre está disponible para darnos su respuesta y amor.

Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir la misericordia y encontrar la gracia que nos ayuden oportunamente. Hebreos 4:16.

– Desplazamiento de la relación con Dios

La bibliomancia usaba la Biblia, pero no en una relación genuina con Dios, sino como un medio mágico. Del mismo modo, la IA puede convertirse en un “oráculo moderno”: en vez de acudir a Dios en oración, muchos consultan un algoritmo que responde en segundos.

Hoy sabemos que Dios es celoso y que espera de nosotros que lo pongamos siempre en primer lugar, orando, ayunando, congregándonos, leyendo Su Palabra, etc. No por hacer una lista de cosas, sino por buscar todas las maneras posibles de acercarnos a Él.

Mi pueblo ha cometido dos pecados: me han abandonado a mí, fuente de agua viva, y han cavado sus propias cisternas, cisternas rotas que no retienen agua. Jeremías 2:13.

– El riesgo espiritual

La bibliomancia desviaba del propósito real de la Biblia: conocer a Dios y obedecerle. De manera paralela, la dependencia excesiva de la IA puede desviar a las personas de buscar a Dios y hacerlas depender de un sistema humano limitado.

El problema es que, si desplazamos a Dios y dejamos de buscarlo, también dejaremos de comprenderlo como Señor y Salvador, creyendo, erróneamente que no lo necesitamos y nada hay más lejos de la realidad.

El Señor estará con ustedes, siempre y cuando ustedes estén con él. Si lo buscan, él dejará que ustedes lo hallen; pero, si lo abandonan, él los abandonará. 2 Crónicas 15:2.

– Confianza en el azar o en la máquina

La bibliomancia se basaba en la suerte: abrir un libro y ver qué salía. La IA se percibe como más racional, pero sigue siendo una especie de “caja negra”: confiamos en que el sistema sabe lo que hace, sin entender cómo llega a sus respuestas.

Necesitamos tener un uso responsable de la IA como herramienta, no como guía espiritual: por ejemplo, usarla para estudio bíblico complementario, para exégesis, pero siempre contrastando con la Biblia, pidiendo sabiduría al Espíritu Santo.

Esta es la confianza que tenemos al acercarnos a Dios: que, si pedimos cualquier cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que Dios oye todas nuestras oraciones, podemos estar seguros de que ya tenemos lo que le hemos pedido. 1 Juan 5:14-15.

La bibliomancia reflejaba una necesidad humana de dirección divina. Hoy con la IA al alcance de muchos, esa necesidad no ha desaparecido, solo que las personas buscan respuestas en formas diferentes. Sin embargo, la Palabra de Dios sigue siendo viva y eficaz (Hebreos 4:12).

No podemos permitir que un algoritmo reemplace nuestra relación íntima con Cristo, ni que se convierta en sustituto de la verdad divina. Necesitamos recuperar el hábito de buscar la guía de Dios, su verdad, su voz, más que la de la máquina.

¡Refúgiense en el Señor y en su fuerza, busquen siempre su presencia! 1 Crónicas 16:11.

Por: María Isabel Jaramillo –  isabel.jaramillo@revistahyc.com
Foto: Montaje con imágenes de Shantanu Kumar (Pexels) y Rawpixel

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