Relación entre los padres y los trastornos alimenticios

por María Isabel Jaramillo
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Hace poco vi a una mamá conversar con su hija de aproximadamente 11 años. La niña le preguntaba si podía comerse un dulce que le acababan de dar. La mamá respondió: “sí, pero después tienes que hacer mucho ejercicio porque eso engorda un montón”.


Esto me llevó a pensar en que, con el ánimo de motivar a nuestros hijos a tener vidas saludables, los podemos estar llevando a desarrollar TCA, sin siquiera darnos cuenta. No se trata de juzgarnos como padres, sino de prender las alarmas para que nuestros hijos crezcan en un ambiente seguro.

¿Qué es un TCA?

La Asociación contra la Anorexia y Bulimia define los Trastornos de Conducta Alimentaria (TCA) como “trastornos psicológicos graves que conllevan alteraciones de la conducta alimentaria. La persona afectada muestra una fuerte preocupación en relación al peso, la imagen corporal y la alimentación, entre otros. Debido a estas alteraciones alimentarias, se pueden desencadenar enfermedades físicas importantes y, en casos extremos, pueden llegar a provocar la muerte (siendo las causas más frecuentes el suicidio o la desnutrición)”.

Un análisis de 32 estudios que incluyeron a 63.181 personas de 16 países, halló que más del 22 % de los niños y adolescentes de 7 a 18 años mostraban signos de trastornos alimentarios. Los investigadores de España y Ecuador encontraron, además, que las niñas son más propensas a presentar estos síntomas que los niños.

Los padres son la primera influencia en la vida de sus hijos. Desde pequeños, los niños observan, imitan y aprenden de la manera en que sus padres se relacionan con la comida, su cuerpo y la autoestima. Lamentablemente, cuando los adultos no manejan adecuadamente estos aspectos, pueden, sin darse cuenta, sembrar en sus hijos semillas de inseguridad y problemas de alimentación.

El poder de las palabras y actitudes

La Biblia nos enseña que «en la lengua tenemos poder de vida y de muerte» (Proverbios 18:21). Comentarios constantes sobre el peso, la figura o la necesidad de hacer dietas pueden afectar profundamente la autoimagen de un niño o adolescente. Frases como «no comas tanto o engordarás» o «me veo horrible, necesito dejar de comer», transmiten el mensaje de que el valor personal está ligado a la apariencia física.

Cuando los padres viven obsesionados con dietas, restricciones alimenticias extremas o expresan desprecio por su propio cuerpo, los hijos pueden interiorizar estos comportamientos. Esto puede derivar en trastornos como la anorexia, la bulimia o el comer emocionalmente para lidiar con la ansiedad y la falta de autoestima.

La responsabilidad bíblica de los padres

Dios nos ha dado la responsabilidad de criar a nuestros hijos con amor y sabiduría. Efesios 6:4 nos exhorta a no provocar a ira a nuestros hijos, sino criarlos en la disciplina y amonestación del Señor. Esto implica fomentar una relación sana con la comida y el cuerpo, basada en gratitud y cuidado, no en culpa y vergüenza.

En lugar de criticar la apariencia o imponer estándares irreales, los padres debemos reforzar el valor de la identidad en Cristo. Debemos enseñarles a nuestros hijos que son templo del Espíritu Santo (1 Corintios 6:19-20), que su valor no depende de su peso ni de su imagen exterior, sino de quiénes son en Dios.

10 comportamientos directos de los padres que pueden llevar a los hijos a desarrollar un TCA:

Para Ana María Franco, abogada y especialista en crianza consciente, quien además cuenta con un blog para padres, estos son los comportamientos que los padres deben evitar.

  1. Comentarios sobre el cuerpo de los demás

Elogiar la extrema delgadez, aplaudir las dietas poco saludables y el exceso de ejercicio, entre otros, llevan al niño a enfocarse en la apariencia física, de los demás y en la suya.

  1. Usar la comida como premio/castigo

Satanizar o prohibir alimentos, calificarlos como buenos o malos o premiar con ellos, es una falta de estructura que facilita TCA en los miembros de la familia.

  1. Presión por alcanzar los ideales de belleza

La exposición temprana a estándares de belleza en redes sociales, medios de comunicación y otros que refuerzan estereotipos y distorsionan la imagen real sobre el cuerpo.

  1. Ignorar o minimizar las emociones

Al no hablar abiertamente de las emociones o no validarlas como debe ser, se tienden a ocultar a través de placeres momentáneos como la comida.

  1. Dinámicas familiares disfuncionales

La sobreprotección, el control excesivo o la negligencia, no solamente con la comida, sino con otros temas como una muestra de falta de atención emocional.

  1. Las burlas o el bullying

Especialmente si se refieren al peso, a la apariencia física o a cómo se ve una persona.

  1. La falta de actividad física

El sedentarismo excesivo o la desconexión profunda con el cuerpo, no solo de los hijos, sino de los padres como ejemplo principal.

  1. El uso excesivo de dispositivos digitales

Como fuente de satisfacción inmediata, que genera una desconexión con el cuerpo.

  1. La falta de educación alimentaria

No sentarte con tus hijos para contarles en qué se convierte el alimento, cómo lo transforma el cuerpo en energía, sino limitarse a clasificarlo de saludable y no saludable.

  1. El mal ejemplo que ven en casa

La manera en que tú te refieres a ti mismo cuando ves una foto, y dices que saliste gordo o feo, cuando hay poco autocuidado, cuando tú mismo generas un patrón poco saludable, sin duda lo estás instalando en tu familia.

Como construir un ambiente saludable en casa

  1. Modela una relación sana con la comida: Come con equilibrio y gratitud, sin obsesionarte con dietas extremas ni restringir alimentos de manera radical. Tampoco se les debe obligar a los niños a comer más allá de la saciedad. Es importante que los padres sepan escuchar a su cuerpo para que los hijos también lo hagan.
  2. Evita comentarios negativos sobre el cuerpo:

Fomenta la aceptación y el cuidado personal desde una perspectiva bíblica. Crea un ambiente seguro: ofrece un hogar libre de críticas sobre el peso o la apariencia.

  1. Fomenta la gratitud y el autocuidado: Enseña a tus hijos que el cuerpo es un regalo de Dios y debe ser cuidado con amor, no castigado con culpa.
  2. Habla de la identidad en Cristo: Recuérdales que su valor proviene de ser hijos de Dios, no de su apariencia física.
  3. Fomenta hábitos saludables: Motívalos a ejercitarse y a tener actividades deportivas saludables, no por buscar una apariencia, sino para mantenerse sanos y fuertes.
  4. Lleva a tu mesa alimentos de todo tipo: No prohíbas, ni califiques alimentos. Simplemente compra y ofrece los alimentos de mayor riqueza nutricional y el resto, déjalos para antojos ocasionales.
  5. Valida las emociones: abre la conversación sobre cómo se sienten tus hijos y cómo te sientes tú. Que no necesiten comida placentera para alivianar tristeza, dolor o desagrado por no poder expresarlo.

Como padres, tenemos la responsabilidad de ser un reflejo del amor de Dios en la vida de nuestros hijos. No podemos ignorar el impacto que nuestras palabras y actitudes tienen en su desarrollo emocional y físico. Criemos a nuestros hijos con el entendimiento de que son valiosos, amados y diseñados por Dios con un propósito, para que se vean a través de los ojos de su Creador, y no a través de los estándares del mundo.

Por: María Isabel Jaramillo – Isabel.jaramillo@revistahyc.com
Foto: Ron Lach – Pexels (imagen usada bajo licencia Creative Commons)

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