El miedo mata más que el cáncer

por Revista Hechos&Crónicas
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Según Infocáncer, 10 de cada 100 mil habitantes en Colombia padecen cáncer de mama. La enfermedad es una de las más comunes entre las mujeres, con 2,296,840 nuevos casos registrados a nivel mundial en 2022, de los cuales 17,018 corresponden a Colombia.


Una larga carrera como docente, un matrimonio y dos hijas adolescentes le habían hecho creer a Raquel que tenía la vida asegurada; y puesto que la lozanía de la juventud todavía brillaba en su rostro, raras veces se detenía a pensar en la enfermedad o la muerte, excepto como un término asociado a los sermones que escuchaba cada domingo en la iglesia o como el destino final de todo ser vivo, pero del cual se sentía muy lejos, estando en sus treintas.

Sin embargo, Dios tiende a sorprender con pruebas que debemos superar y que nos preparan para la vida, para curtirnos como el cuero y, cual burda arcilla, tomar mejor forma en el camino que hemos elegido. Fue así, precisamente, como nuestra hermana, miembro de la comunidad de Casa sobre la Roca, enfrentó y superó el cáncer, una de las patologías más devastadoras de nuestro tiempo y que, pese a los numerosos avances en el campo, sigue siendo un misterio para los especialistas.

Un enemigo peligroso

El cáncer es una enfermedad con muchas caras. Sabemos de famosos que han sido víctimas de esta condición degenerativa y, mientras que algunos han ganado la batallado, otros ya no están entre nosotros para contarlo.

De cualquier modo, es común que se hable del tema con respeto y que las figuras públicas que han transitado tan agreste sendero despierten la admiración popular, dado que un diagnóstico adverso es el mayor de nuestros miedos.

Raras veces nos detenemos a pensar en lo frecuente que es el hecho de que un ciudadano común acuda a una cita médica, se practique los exámenes anuales y, lejos de lo que podría haber vaticinado, reciba la devastadora noticia de que sus días podrían estar contados, puesto que, por muy fatalista que suene, el cáncer no hace concesiones.

Y, como en tantas historias anónimas, fue precisamente eso lo que le sucedió a Raquel Requeijo, una mujer feliz, en la plenitud de su vida y responsable con su salud. Comía bien, no tenía vicios y procuraba practicar deportes con tanta asiduidad como le era posible; pero, pese a ello, la sombra de esa enfermedad se cernió sobre llena como una amenaza.

Giro de 180 grados

En una entrevista para Hechos&Crónicas, y a fin de compartir su impresionante  testimonio con los lectores, Raquel cuenta que su vida antes del cáncer era agitada.

“Siempre fui una persona bastante nerviosa, mi trabajo era muy exigente, ya que era profesora de bachillerato, tenía 14 secciones a mi cargo, 35 alumnos por aula y, por lo general, me llevaba pendientes y preocupaciones a la casa. Justamente, un año antes de recibir el diagnóstico, estaba muy estresada y, por si fuera poco, venía de un enojo con Dios, porque había tenido dos abortos espontáneos y no entendía el porqué. Si había tenido dos embarazos sanos, que cursaron exitosamente, ¿por qué estos últimos resultaron en la muerte de los hijos que esperaba con igual amor y anticipación?”, relató.

Durante todo un año, nuestra hermana estuvo bajo mucha presión y, sobre todo, se sentía muy molesta con el Señor, por lo que, cuando recibió la noticia, su visión de la vida cambió por completo, permitiéndose establecer prioridades auténticas.

“El trabajo no puede ser lo más importante, porque todo empleo es pasajero, mientras que Dios es eterno. Él es el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin. Los cristianos, desde luego, no estamos exentos de tener problemas, pero sí estamos confiados en la certeza de que, cualesquiera que sean las vicisitudes, el Señor siempre va a estar ahí para tendernos una mano y ponernos a las personas indicadas”.

Colombia: Una triste realidad

En nuestro país, el cáncer es una constante que no distingue edad, raza o clase social y las cifras van en aumento. De hecho, según el Ministerio de Salud, se trata de una patología considerada como un importante problema público, por lo que el número de enfermos y fallecidos por esta causa ha sufrido un incremento, siendo las zonas de mayor riesgo Bogotá, el Eje Cafetero, Antioquia, Valle del Cauca, Norte de Santander y Meta.

Un informe emitido por el citado ente gubernamental explica que el cáncer de mama ha sido la primera causa de muerte, seguido por el de cuello uterino, de estómago, pulmón, colon y recto. Fue, precisamente, el cáncer de seno, con su estela de víctimas y su aterrador influjo, el que llegó a la vida de Raquel.

“El protocolo médico indica que, entre los 35 y los 40 años, es necesario que toda mujer se realice la primera mamografía, con la finalidad de verificar que los cambios en las glándulas mamarias, propios de ese rango de edad, se están dando de manera normal. Por esta razón, mi ginecóloga de confianza, quien también es oncóloga, me recomendó este estudio por imagen a los 38 años y recuerdo que incluso me asusté, porque la consulta era de rutina. Le pregunté si había sentido algún bulto o protuberancia en el examen físico y me dijo que no, de manera que regresé a mi casa tranquila y traté de cumplir con la solicitud de mi especialista lo más pronto posible”.

“Por favor, deme la buena noticia”

El día que recibió los resultados de la mamografía, Raquel acudió al centro médico confiada en que no había motivos para preocuparse. No obstante, al tener el informe del radiólogo en sus manos, y siendo entendida en términos médicos, se topó con una lamentable realidad que la sobresaltó y la condujo a una procesión de exámenes y citas.

Lo que siguió fue una biopsia de mama por guía estereotáctica, un análisis muy completo que ayuda a ubicar un tumor de reducido tamaño dentro de un cuadrante del seno, a fin de tomar la muestra que será llevada a laboratorio. Este proceso resultó ser determinante, ya que la mamografía hablaba de un carcinoma en los inicios de su vida evolutiva.

“Uno nunca que cree que esas cosas pueden llegar a suceder realmente. Les ocurre a las actrices en la televisión, a las mujeres en algún lugar remoto del mundo, incluso a las compañeras de trabajo, a las vecinas o a los rostros sin nombre de los que se habla en una conversación de pasillo, pero no a uno. En realidad, parece que nos creemos inmunes al cáncer y nada más lejos de la verdad, porque el ser humano es muy frágil, tanto así que, a pesar de lo que decía la mamografía, conservaba la esperanza de que la biopsia arrojara lo contrario. Recuerdo, de hecho, que le pedí al médico encargado que me diera la buena noticia, pero él me contestó que no tenía ninguna buena nueva para darme”.

Espíritu sano, cuerpo sano

¿Está enfermo alguno de ustedes? Haga llamar a los ancianos de la iglesia para que oren por él y lo unjan con aceite en el nombre del Señor. La oración de fe sanará al enfermo y el Señor lo levantará. Y, si ha pecado, su pecado se le perdonará. Santiago 5:14-15.

El parte médico era concluyente: Raquel tenía un carcinoma ductal in situ grado 3, es decir, las células malignas se estaban multiplicando a gran velocidad, aunque el estadio de la enfermedad era muy bajo, apenas incipiente.

Y, además, tenía algo en su contra y era que toda su familia paterna había muerto de uno u otro tipo de cáncer, lo que significaba que los genes no estaban de su lado en el pronóstico de la enfermedad.

“Pensé en Dios, por supuesto. Fue algo inmediato. Iba manejando desde la clínica donde me informaron de mi situación de salud y tuve clarísimo que debía estar en paz con Él antes de la operación, que sería pocos días después. Necesitaba trabajar en mi espíritu, en el enojo que sentía con el Señor y en todos los motivos que me habían llevado a ello”.

Así mismo, Raquel tuvo en cuenta la posibilidad de la muerte, hasta el punto en el que fue una de las primeras cosas que temió y que trató de manejar, pues tenía dos hijas a las que le daba pavor no poder ver nunca más.

“Cuando me enteré de que tenía cáncer, le dije a mi cuñada que no podía ser, que me iba a morir y no vería a mis niñas, no podría acudir a su graduación, a su matrimonio y no estaría para presenciar el nacimiento de mis nietos. De manera que sí tuve mucho miedo, estaba aterrada, pero no me preparé para lo peor, porque sané mi corazón, le pedí perdón a Dios, lo que hizo que tuviera paz y fe en que todo saldría bien”.

Confía en Dios y hazte la mamografía

Querido hermano, oro para que te vaya bien en todos tus asuntos y goces de buena salud, así como prosperas espiritualmente. 3 Juan 1:2.

Con más de 138 mil diagnósticos anuales de cáncer en Colombia, 16.800 casos de carcinomas mamarios y 33 mil muertes, un deceso menos, así como el testimonio de las maneras asombrosas que el Señor tiene de obrar, es motivo de sobra para alabarlo.

“A mis hermanas cristianas, tengan o no cáncer de seno, les recomiendo que sean conscientes de la importancia de la mamografía anual, un estudio al que no le deben tener miedo, porque mata más la ignorancia que el mismo cáncer. Así que no teman ir al médico, investigar, cuidarse, palparse los senos y conocer las maneras en las que pueden prevenir esta enfermedad, llevando, especialmente, una vida más sana, tanto a nivel físico como espiritual, pues no hay duda de que estar en paz con Dios es imprescindible para que cualquier línea de tratamiento anticancerosa tenga éxito”.

Finalmente, Raquel da gracias al Señor por haberla acogido en el momento idóneo. Y es que dejar atrás su furia y sus prejuicios valió mucho la pena, porque, de otro modo, no hubiera superado el cáncer y, a más de 10 años de la operación, no estaría viendo crecer a su nieto, ni compartiendo la vida feliz, junto a sus seres queridos, que Dios le deparaba.

Foto: Anna Shvets – Pexels  (Foto usada bajo licencia Creative Commons)

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