Cuando hablamos de la oración

por Revista Hechos&Crónicas

En nuestra cultura, cuando hablamos de la oración la asociamos automáticamente como una actividad exclusiva o como un ejercicio que viene implícito en la mujer cuando nace. Cuando llegamos al cristianismo este paradigma no es que cambie mucho, pues el porcentaje de mujeres en la iglesia podríamos decir que triplica respecto a los hombres. ¿Cómo interpretar esta tendencia?


– ¿Acaso las mujeres somos más sensibles a la voz de Dios?

– ¿Acaso nosotras tenemos más necesidad de Dios?

– ¿Acaso las mujeres oímos más a Dios?

No creo que ninguna de estas interpretaciones sea verdad, lo que pienso es que nosotras reconocemos con mayor facilidad la necesidad que tenemos de Dios y de relacionarnos con él a través de la oración.

Es indiscutible que cualquiera que sea la excusa que nos acerque a la oración, debemos aprovecharla, dado que realizar a diario esta actividad, lleva mi relación con Dios a otro nivel.

Me gusta mucho como Mateo 7:7-8 es descrito por la Nueva Traducción Viviente: sigue pidiendo y recibirás lo que pides; sigue buscando y encontrarás; sigue llamando, y la puerta se te abrirá. Pues todo el que pide, recibe; todo el que busca, encuentra; y a todo el que llama, se le abrirá la puerta.

Considero que este versículo da mayor claridad a lo que Dios nos llama con respecto a la oración. Empezando por el título que tiene: Oración eficaz. Esta versión hace énfasis en seguir pidiendo, seguir buscando y seguir llamando. Significa que no debemos cansarnos de hacerlo. Si quiero que mi oración sea eficaz, efectiva, no debo cansarme o creer que es suficiente las veces que he pedido, buscado o llamado. Dios quiere que persistamos en estas acciones porque de esta forma recibiremos, encontraremos y se nos abrirá la puerta.

Me gusta pensar que la oración es el broche de mi relación con Dios. Si yo tengo un collar de diamantes el cual utilizo en un evento social, por supuesto que este será el protagonista de mi vestuario, no buscaría opacarlo. Así mismo mi relación con Dios se debe reflejar en quién soy, mi intimidad con Dios será ese centro de atención.

Si a este collar le pongo como broche un nudo de zapatos hecho con nylon, por más puros y valiosos que sean los diamantes, este collar no durará mucho tiempo en mi cuello, (por mucho 2 minutos). Pero, si al contrario, a este collar le pongo broche con doble seguridad esto hará que los diamantes puedan lucir en mi cuello con la seguridad y tranquilidad que no se me caerá y no lo perderé.

Sin la oración, mi relación con Dios por más genuina que yo quiera que sea no va durar y la perderé o me cansare de ella porque creeré que no es eficaz ni eficiente y terminamos concluyendo que estoy perdiendo el tiempo.

Me gusta la película “Ocean´s 8: Las estafadoras”, que se enfoca en dos cosas: la venganza y robar un collar Cartier, el cual tiene como parte de su seguridad el broche más seguro del mundo. Para lograr la hazaña de robar este, fue necesario realizar muchos ensayos por parte de las ladronas y lo más importante era hacerlo tan sutilmente para que nadie se percatará del robo hasta el momento cumbre. ¿saben qué? Esta estrategia es la misma que utiliza satanás y el mundo con nosotros para alejarnos de Dios, sutilmente estos hacen que mi oración cada vez sea más escasa, más corta, hasta que llega el momento que ya no es mi prioridad.

1 Corintios 9:25 dice: Todos los deportistas se entrenan con mucha disciplina. Ellos lo hacen para obtener una corona que se echa a perder; nosotros, en cambio, por una que dura para siempre. ¿Cómo debo ser con mi oración? Debo ser disciplinado para que este se vuelva una costumbre y no una obligación, constante, genuina y Sincera. Por experiencia propia sé que esto no va a fluir por sí mismo, que tenemos que volverla una actividad cotidiana en nuestra vida.

Junto con mi esposo, tenemos la fortuna de congregarnos en Casa Sobre la Roca, una iglesia que cuenta con un ministerio de oración, que genera espacios para fortalecer nuestra oración y mejorar nuestra intimidad con Dios. En Bogotá nos reunimos a orar los lunes, miércoles y viernes de 6 a 7 de la mañana. Los tres días se trasmiten por los canales virtuales, y el viernes nos reunimos presencialmente en el templo.

La oración no es cuestión de ser hombre o mujer, joven o adulto, es cuestión de convicción y disciplina. Te reto a que comiences haciendo oraciones cortas de agradecimiento (por la comida, por tu trabajo, por tu familia, por lo que desees) durante el día, la gratitud aleja la queja y amargura.

Estoy segura que Dios fortalecerá tu vida, pero debemos ser disciplinados. No desaproveches un trancón, la fi la de un banco, en una EPS; Dios quiere que estrechemos nuestra relación con ÉL, que oremos, que sigamos pidiendo, que sigamos buscando y que sigamos llamando como nos lo enseña en Mateo.

Por María Claudia Gechen. Ministerio de Oración, Casa Sobre la Roca-Bogotá.

Foto: Chris Liverani – Unsplash (Foto usada bajo Licencia Creative Commons)

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