SOS mis papás no me entienden

Por Norma Elizabeth Pinzón

Cuando pasamos por la adolescencia enfrentamos muchos desafíos. No solo empezamos a descubrir nuestra identidad, sino que además experimentamos cambios físicos, hormonales, emocionales y hasta espirituales. Para colmo, suelen ser más frecuentes las peleas con nuestros padres. ¿Cómo pasamos por todo esto sin mostrarnos “rebeldes”?

Pasar por la adolescencia es difícil, pues es el momento transitivo donde estás en el limbo entre la niñez y la edad adulta. Eres lo suficientemente grande para hacer algunas cosas, pero aún estas muy pequeño para tomar decisiones importantes.  Aún cuando quieres que tus padres te tomen en serio y expresas parte de tu carácter, pueden regañarte o catalogarte como “rebelde”. ¿Te ha pasado? Si bien sabemos que nuestros padres son nuestra autoridad, nosotros como hijos de Dios, podemos usar nuestra juventud para descubrir qué significa tener una identidad en Cristo y cómo formar nuestro propio camino.

No soy el único…

“Mi hijo es muy problemático, se queja por todo”, se le escucha decir a una madre. En realidad, la mayoría de padres pasan por situaciones similares con sus hijos adolescentes.

12,53 millones de jóvenes colombianos entre los 15 y 29 años han vivido cambios en su vida que afectan su relación con sus padres.

La pandemia también jugó un papel importante: 74% de los adolescentes entre 16 y 19 años dice estar muy preocupado por su futuro, tal y como lo evidenció un informe del DANE.

Pero, ¿qué es lo que les preocupa? La psicóloga clínica, Luisa Fernanda Parada, comparte con H&C las principales preocupaciones que tienen los jóvenes hoy en día:

– Deseo de tener más libertad.

– No ser popular en el colegio.

– Sufrir bullying.

– No sentirse cómodo con el cuerpo.

– Poco reconocimiento académico.

– Sentirse fracasado.

– La aprobación de su físico en las redes sociales.

– Sentimientos de desesperanza, por problemas relacionados con el medio ambiente, el desempleo y falta de oportunidades.

– No tener éxito con el sexo contrario.

– Presión social.

– No tener dinero.

– Aislamiento.

– Ausencia de sus progenitores.

– Problemas de comunicación con sus padres.

¿Cómo mejorar la relación con mis padres?

Un cierto nivel de conflicto intergeneracional cumple un papel adaptativo en el desarrollo de los adolescentes y en el funcionamiento familiar general.

Es común distanciarse de los papás por la falta de comunicación, pero aprender a resolver estos problemas puede aportar en nuestro crecimiento personal. La guía para padres y maestros del Programa Municipal de Mediación Familiar del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz, explica que: “Los problemas entre padres e hijos hasta hace algunos años eran considerados como un síntoma de disfunción familiar. Hoy en día se ha comprobado que un cierto nivel de conflicto  intergeneracional cumple un papel adaptativo en el desarrollo de los adolescentes y en el funcionamiento familiar general (por lo menos cuando se les buscan soluciones adecuadas). Los conflictos favorecen que los integrantes de la familia toleren mejor las diferencias de opinión y que aprendan, sobre todo los adolescentes, habilidades para resolver los conflictos manteniendo la relación”.

Aunque las peleas con nuestros padres suelen ser fastidiosas, pueden servirnos para tener buenas relaciones con quienes nos rodean. “El hecho de dialogar con nuestros hijos debe ser el resultado de una estrecha relación desde el mismo vientre, un acto intencional donde nos enfoquemos más en aprender a escuchar el corazón de nuestros hijos que en su comportamiento”, explica Javier Rodríguez junto con su esposa, Sandra Liliana Mayorga, coordinadores de papás tMt, grupo que orienta a los padres de los jóvenes de Casa Sobre la Roca, Bogotá.

Ambos compartieron con Hechos&Crónicas cinco pautas de crianza desde una visión cristocéntrica para resolver los conflictos entre padres e hijos.

1 – Nuestra casa es un campo de entrenamientos

“El soldado que más suda en el entrenamiento, es el que menos sangra en el campo de batalla”. En nuestro hogar nuestros hijos tienen la vulnerabilidad y tranquilidad de equivocarse las veces que sean necesarias, para aprender de sus propios errores y de los nuestros, para que, a la hora de hacer sus propios hogares, agradezcan ese campo y tiempo de entrenamiento.

2 – Importa más el corazón de un hijo, que su conducta

La conducta es el resultado de lo que hay en su corazón. Si expresan ira, frustración y tristeza generalmente se debe al resultado de una serie de sentimientos. La palabra de Dios dice que el corazón es engañoso. No es adecuado encasillarlos de que son o no hijos problemáticos.

3 – Importa más modelar a Jesús en mis hijos, que sus logros y resultados

Se ha levantado en esta generación un tema de insuficiencia. “No soy suficiente en el colegio, no soy suficiente para mi mamá”… Nuestra mentalidad griega nos ha hecho que nos ocupemos más de los resultados que del carácter. Debemos imprimir el carácter de Jesús en ellos.

4 – Aprender a pelear con ellos

En la pelea me debo ocupar de aprender a pelear por el corazón de mi hijo, y no por yo tener la razón. En Génesis 32:22-30 vemos que el ángel del Señor después de haber peleado toda la noche con Jacob, lo sacó transformado. Ese debe ser el objetivo: las peleas que surjan nos deben sacar transformados a ellos y a nosotros.

5 – Enseñarles a tener buenas relaciones

Si les enseñamos desde pequeños a que se relacionen bien con Cristo, van a tener una buena  relación con nosotros y van a tener activo ese círculo espiritual para buscar las relaciones correctas y tomar decisiones importantes.

“Todo lo anterior abarca cuatro puntos importantes: identidad, carácter, relaciones, y propósito”. Proverbios 22:6  Instruye al niño en el camino correcto, y aun en su vejez no lo abandonará.

Si aún crees que eres problemático por lo que dicen tus papás o tu escuela, a pesar de no saber o entender por lo que estás pasando, ten en cuenta que tu identidad no está determinada por lo que digan ellos, sino por lo que dice Dios sobre ti. “Lo que realmente me define es lo que Cristo hizo por mí en la cruz. Eso me convierte en un hijo de Dios. La redención me devolvió el lugar original que el Padre Celestial tenía planificado para mí. Si tienes clara tu identidad en Cristo puedes hacerle entender a tus papás que los sueños y planes que Dios tiene para ti van a ser mucho mejores”, afirman Javier y Sandra.

Hijos sujetos a sus padres. Padres sujetos a Dios.

“Hay hijos que nos retan más, nos desquician más, nos exigen más que otros y eso nos lleva a investigar y depender más de Dios para orientarlos. Si ellos tienen clara su identidad como hijos de Dios, podemos descansar en que el respaldo vendrá directamente de Dios”, enfatiza Javier Rodríguez.

“Nuestros hijos hoy, en la edad preadolescencia y adolescencia, no se rigen por la autoridad sino más bien por la influencia. Yo no me sujeto a alguien que no sea digno de sujeción, yo no confío en nadie que previamente no me haya demostrado que sea una persona confiable”, complementa Sandra Mayorga. “Por eso, les decimos a los papás que les inculquemos la confianza. Si hay confianza desde pequeños y se ha construido una relación y comunicación adecuada, ellos no se van a sentir controlados, se van a sentir guiados”.

Hijos, obedezcan a sus padres en todo, porque esto agrada al Señor. Padres, no exasperen a sus hijos, no sea que se desanimen. Colosenses 3:20-21.

Por: Elizabeth Pinzón – norma.pinzon@revistahyc.com

Foto: Freepik (Foto usada bajo licencia Creative Commons)

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