El manejo de la voz (Tercera parte)

Por Revista Hechos&Crónicas

El tema que vamos a tratar hoy lo he denominado “Hablemos claro”, con algunos ejemplos. ¿Por qué “hablemos claro”? porque cometemos errores cuando conversamos. A veces decimos frases y palabras que no son bien usadas en nuestro idioma: “¿Pa’ondevá?” o “¿Eso pa’qué?, que correctamente serían “¿para dónde va?” y “¿eso para qué? Tratamos de hacer contracción de palabras. La pregunta “¿Para qué?” casi siempre la unimos al “¿Pa’qué?”. Estas dos palabras y muchas otras las escuchamos con frecuencia.

Nuestro idioma es muy rico, y tiene palabras que si son bien utilizadas, se escucharán apropiadas en las conversaciones. Es muy agradable cuando una persona habla claro, dice cosas coherentes, no se sale del tema y maneja bien la conversación. Si tenemos la responsabilidad de dirigir un diálogo, recordemos que contracciones como las anteriores dejan mala enseñanza.

El tuteo

En mi actividad de locutor, durante varios años, encontré muchas veces, textos que me enviaban para grabar y utilizaban mal el “tuteo” revuelto con el “usteo”. (Yo así lo digo: el “usteo” cuando me refiero al usted).

Aún se oyen cuñas y se ven comerciales donde el “usted” y el “tú” se utilizan al mismo tiempo en una misma frase, con un mismo producto. De eso también tenemos que darnos cuenta. Hay gente que en una conversación, comienza con “tú” y termina con “usted”. Eso es parte del mal manejo de nuestro idioma. Les recomiendo tener mucho cuidado porque en  una conferencia, charla, o simplemente en una conversación en grupo, deja mucho que desear ese tipo de errores o de desajustes en el idioma.

Otra de las palabras que tienen dificultad muchas veces en pronunciarse, es especialmente las que terminan en “d”. Por ejemplo: “bondad” en vez de bondá, entonces suprimimos esa d, porque no es fácil pronunciarla entre la lengua y los dientes superiores; entonces dicen en vez de “pensad”, pensá.

Me he dado cuenta en algunas reuniones, especialmente en lugares amplios, que el expositor o el predicador no pronuncia las últimas letras de una palabra. En alguna ocasión yo le dije a un predicador “ponle mucho cuidado cuando terminas una frase, porque las últimas letras no se entienden y los oyentes se confunden y mentalmente dicen: -No sé lo que dijo, no sé qué quiso decir-”. Así que es fundamental, cuando hagamos una charla, dictemos una conferencia, o hablemos en público, utilizar bien los finales de las frases para que no tengamos esa pregunta que se hacen muchos… “¿Qué dijo? No entendí”.

El rebusque

Hay personas que les gusta utilizar palabras “rebuscadas”, y eso confunde al oyente. Seguramente piensan que tienen muchos conocimientos del idioma, y entonces les da por “rebuscar” palabras que, hasta de pronto no las entienden ellos mismos, no saben su significado, pero lo importante es decirlas y con eso quedar bien, pero enredan el idioma.

Metidas de pata

He llamado a esta parte “metidas de pata” que se cometen cuando alguien está hablando y otra la interrumpe. Hay que tener mucho cuidado con eso. Hay personas que están contando una historia y la que está escuchando no le pone mucha atención o cree que la historia que él se sabe es mejor, entonces interrumpe. Este es un signo de muy mala educación. Uno debe esperar a que terminen el tema, para poder, inmediatamente entrar o pedir permiso para entrar, pero hay que esperar, “no pisar a nadie”, no hay que quitar la palabra al que está hablando. Tenemos que escuchar bien: el que sabe escuchar, sabe hablar, y habla con mucho cuidado. Eso es agradable. Así que les propongo no interrumpir al que dirige.

Sentarse en la palabra

Hay gente que no se calla. Conversan tan seguido que no hacen pausas, precisamente para que los que están escuchando no tengan la oportunidad de intervenir, o agregar algo, se hacen dueños de la palabra, es decir, “se sientan en ella”. Es como si dijeran: “déjeme hablar solo a mí”, “yo soy el que llevo el tema”.

Cuando uno permite que otras personas hablen, entonces puede intervenir diciendo “qué bueno”, “qué bonito”, “me parece muy bien”, incluso hasta sonreír, pero no interrumpir, eso da una molestia a los que están escuchando. Tengamos cuidado en no “sentarnos en la palabra” sino dar la oportunidad haciendo pausas. Al hablar despacio, dejamos que las personas descansen de lo que estamos exponiendo.

Para terminar este tema, los dejo con esta frase del filósofo español Emily Lledó: “la expresión oral no es completa si no sabemos pensar”.

Los espero en la próxima entrega, para que continuemos con otro tema de mucho interés en el “manejo de la voz”.

Por: Alberto Cepeda Zubieta, ACL.

Foto: Karlyukav – Freepik (Foto usada bajo Licencia Creative Commons)

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