¿Por qué me cuesta tanto honrar a mis papás?

por María Isabel Jaramillo
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Comencé a escribir este artículo exponiendo algo personal, como mi falta de paciencia, pero pronto descubrí que no soy la única a la que le cuesta. Pensaba que la situación puntual que viví con mi mamá me había llevado a esto, pero mientras conversaba con diferentes personas, descubrí que, sin importar cómo hayan sido sus papás, lo presentes o perfectos que parecen ser, a la gran mayoría de hijos nos cuesta honrar a nuestros papás, o por lo menos sentimos que podemos hacerlo mejor.


Por eso decidí profundizar en el tema. No para que normalicemos la falta de honra hacia nuestros padres, sino para que descubramos juntos qué significa este mandamiento que Dios nos ha dado y cómo podemos mejorar en el proceso de amar, aceptar y respetar a los seres que Dios escogió para darnos la vida.

¿Qué significa honrar?

Efesios 6:2-3 dice: «Honra a tu padre y a tu madre» —que es el primer mandamiento con promesa— «para que te vaya bien y disfrutes de una larga vida en la tierra».

No solo se trata del primer mandamiento con promesa, sino del primer mandamiento horizontal (sobre las relaciones humanas), después de los mandamientos verticales que se relacionan con Dios. Esto no puede ser coincidencia.

Dios nos manda a honrar a nuestros padres, no importa cómo se comparten. Si han sido buenos o malos padres, ante nuestros ojos o ante los ojos de la humanidad. Pero debemos comenzar por comprender que ningún padre es perfecto, así como ningún hijo lo es.

De hecho, es justamente con Dios con quien aprendemos a ser hijos porque Él es nuestro modelo de Padre. Pero, así como nosotros somos hijos de Dios, debemos comprender que nuestros padres también lo son y que, sin importar su comportamiento y sus decisiones, Jesús también murió por ellos, porque ellos también necesitan su misericordia… y la nuestra.

Así que lo primero es establecer que Dios nos ha hecho una demanda de honor muy fuerte por el solo hecho de que son el instrumento que Él usó para darnos vida e historia, porque nuestra historia también es importante. No necesitamos razones para honrarlos, pues la obediencia a Dios ya es razón suficiente.

¿Por qué nos cuesta tanto?

Lo que ocurre en muchos casos es que somos muy duros con nuestros papás. Los idealizamos y creemos que, por el hecho de ser padres, deben tener comportamientos más maduros y responsables que el resto de los Amarseres humanos.

Somos más empáticos, amables, flexibles y comprensivos con las personas de nuestro entorno, que con nuestros padres. En muchos casos nos desesperan sus llamadas, sus comentarios, sentimos que debemos enseñarles a comportarse, corregirlos o regañarlos por sus comportamientos en público y en privado. Confundimos el poner límites sanos con aislarlos y vivimos cargando culpa, dolor o resentimiento por la relación que tenemos con ellos.

Cuando llegamos a la adolescencia, los seres humanos vivimos un cambio en la relación con nuestros padres. Dejamos de verlos como héroes para comenzar a evidenciar sus defectos y comenzamos a creer que podemos hacerlo todo mejor que ellos. Además, cuando tenemos tanto grado de cercanía, nos cuesta reconocer sus méritos, pues los hemos visto en sus peores momentos y conocemos sus mayores defectos.

Para la psicóloga cristiana, Sandra Patricia Polanco, “cuando una persona siente carga por su papá o mamá y le cuesta honrarlos, suceden varias cosas: Primero, no ha hecho un proceso de sanidad interior. No lo ha perdonado o no ha decidido perdonarlo de corazón, sino que ha decidido quedarse en el dolor, en el rencor y en el pasado. El pastor Darío (Silva-Silva) siempre dice que quien quiere vivir en el pasado, merece vivir como si estuviera en el pasado.

Segundo, no ha tenido en cuenta la historia de sus papás, la infancia y la niñez, porque la crianza, de los que hoy son padres y abuelos estaba cargada de errores y eso causó mucho dolor en sus corazones. Si no tenemos en cuenta la historia de infancia de nuestros papás, nos va a quedar muy difícil entender la forma de comportarse, porque, terapéuticamente, nosotros aprendemos patrones de comportamiento por lo que vemos, en especial en nuestra infancia.

Si nuestros abuelos, bisabuelos y papás, vieron en su infancia padres abusadores, ausentes, mamás solas, recargadas, papás machistas o autoritarios o padres irresponsables, es porque ellos repitieron seguramente un patrón. Cuando uno entiende que nuestros padres repiten patrones, sobre todo los que no conocen a Dios, y no tienen una nueva vida en Cristo, entendemos que el dolor que nos han causado no es intencional porque no son conscientes. Por eso es importante el proceso de sanidad interior, el proceso terapéutico de esos patrones que aprendí y de los que no soy consciente, pero que estoy repitiendo, para dejar de causar daño y que estos patrones no los sigan repitiendo nuestras generaciones.

A veces también, ese no honrarlos, ese no llamarlos puede ser porque venimos con esos patrones aprendidos inadecuados y nos da miedo engancharnos en un problema con ellos. Entonces evitamos hablarles, conversar o nos alejamos, para no caer en discusiones que se vienen repitiendo por años”.

¿Cómo sano la relación con mis padres?

Dios quiere que tengamos paz. Él quiere que seamos libres y tengamos sanidad de la culpa, dolor, resentimiento, e incluso odio mediante un nuevo comienzo, pues de lo contrarios seguiremos repitiendo el patrón incluso con nuestros propios hijos.

Debemos aplicar lo que dice Romanos 12:18 y comenzar a buscar la paz con nuestros padres, en lo que dependa de nosotros Sandra Polanco asegura que “es importante hacer un proceso de sanidad interior donde te des cuenta de qué cosas te causaron dolor en tu infancia, qué recuerdos tienes que quedaron ahí y que causaron dolor y una raíz de amargura. Y al sacarlos a la luz en consejería, puedes procesarlos de manera adecuada, soltarlos, elaborarlos y perdonarlos y dejar el pasado atrás.

Después del proceso espiritual, es fundamental realizar un proceso de apoyo desde la parte terapéutica para re vincularme con mis papás, porque seguramente si venimos con patrones aprendidos inadecuados, cualquier acción de nuestros papás va a generar una respuesta en nosotros y viceversa. En el proceso terapéutico me enseñan estrategias para levantar un nuevo proceso de comunicación con mi papá, con mi mamá o con los dos”.

¿Cómo puedo honrarlos?

La honra es el resultado de sanar y disponer tu corazón y ser intencional con diferentes acciones, aquí te contamos algunas de ellas que puedes aplicar con tus papás:

Perdónalos cada día. Si reconoces a tus padres como seres humanos con fallas y errores, comprenderás que, como tú, ellos también se equivocan todos los días. No te guardes ningún rencor, perdónalos y dales de la misma gracia y misericordia que Dios te ha dado a ti.

Escúchalos. A veces solo necesitan hablar. Déjalos terminar la conversación, repetir la historia o ríete del chiste flojo. Escúchalos como a ti te gustaría que te escucharan.

Piensa lo bueno. Deja de meditar en sus errores y comienza a aplicar Filipenses 4:8 con tus padres.

Visítalos, llámalos. Tómate el suficiente tiempo para pasar con ellos. No te aísles ni les des las sobras de tu tiempo.

Acéptalos como son. No necesitas que sean perfectos, así que deja de compararlos. Si bien tú no los escogiste, fue Dios quien lo hizo y Él no se equivoca. No fue un error. Dios se tomó el trabajo de formarte a partir de esos seres para darte historia.

Suple sus necesidades. A veces sus necesidades no son económicas, a veces sí.

Bendícelos, ora por ellos, dales lo mejor de ti y trabaja para que construyan juntos una relación con Dios.

“Hay que ser coherentes, porque si un buen cristiano es un buen ciudadano, un buen ciudadano es un buen hijo, un buen padre, esposo, amigo, hermano. Y un buen hijo honra a su papá y a su mamá porque esa es la voluntad de Dios, porque traerá bendiciones en sobreabundancia y porque, además, le dará ejemplo a nuestros hijos cuando nosotros también cometamos errores”, concluye Polanco.

Por: María Isabel Jaramillo – Isabel.jaramillo@revistahyc.com

Foto: Freepik / Drazen Zigic (Foto usada bajo licencia Creative Commons)

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