El 26 de junio hacia las 11:00 am, se fue a la Patria Celestial una mujer ejemplar que deja un legado de fe y servicio.
La partida de Yilda María Cardona de Restrepo, nacida en Manizales (Caldas) el 18 de diciembre de 1956, ha dejado un vacío profundo en la comunidad educativa y cristiana.
“Su vida fue evocada como un río caudaloso y transparente, lleno de amor y sabiduría, que desembocó en el mar eterno”, expresó su hijo Joaquín Restrepo en la ceremonia de su despedida. Más allá de su rol como madre y abogada de familia, Yilda se destacó por su vocación educativa y por el impacto comunitario de sus proyectos, una pasión que marcó cada etapa de su existencia.
Hija de Silvino Cardona García y Francisca Alonso, heredó la dirección del instituto Santa María de La Rábida, institución educativa de carácter privado en el barrio Santa Isabel de Bogotá fundado en 1956. En este claustro, Yilda descubrió que la enseñanza era más que un oficio: era un llamado. Allí comenzó a forjar su visión de la educación como un proceso integral, capaz de transformar vidas y sembrar valores. También aprendió que la educación no podía limitarse a los contenidos académicos. Para ella, enseñar era acompañar, escuchar y sembrar principios.
Su estilo pedagógico se caracterizaba por la cercanía con los estudiantes y por la convicción de que cada niño podía alcanzar su máximo potencial si se le brindaba amor y disciplina.
Gimnasio El Renuevo: un proyecto con impacto social
Presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre, que se lee en Colosenses 1:28 (RV 1960), fue la inspiración inicial de Yilda Cardona a comienzos del nuevo milenio. Su visión era clara: fundar un colegio que no solo transmitiera conocimientos, sino que formara niños y niñas en valores cristianos tomados directamente de las Sagradas Escrituras.
El nombre de la institución, Gimnasio El Renuevo, fue confirmado en la Palabra de Dios a través de Isaías 60:21 (RV 1960): Y tu pueblo, todos ellos serán justos, para siempre heredarán la tierra; renuevos de mi plantío, obra de mis manos, para glorificarme. Con esta convicción, Yilda entendió que cada estudiante sería un “renuevo” de esperanza, un fruto de la obra divina que debía crecer en justicia y verdad.
El colegio fue fundado en 2003. Durante sus primeros 11 años, El Renuevo funcionó en Bogotá, consolidándose como un espacio de formación integral. En 2015, la institución abrió su sede campestre en una hermosa hacienda ubicada a pocos metros de la Autopista Medellín (calle 80 de Bogotá), a la altura del municipio del Rosal, Cundinamarca. Allí, los alumnos cuentan con más de 20.000 metros cuadrados de campo, un entorno natural que potencia la educación integral y permite que la enseñanza viva en contacto con la creación. La coherencia era la clave. Yilda compartía con los estudiantes y acompañaba a las familias. Su vida personal y profesional se fundieron en un mismo propósito: educar para la vida y para la eternidad.
Más allá de lo académico, El Renuevo se convirtió en un espacio de comunidad. Allí se organizaron convivencias, campañas de solidaridad, programas de apoyo a familias vulnerables y actividades que trascendieron las paredes del colegio.
Los estudiantes aprendían que la educación debía traducirse en servicio. Participaban en brigadas de ayuda, visitas a comunidades necesitadas y proyectos de voluntariado. Padres de familia recuerdan que el colegio fue un lugar donde sus hijos no solo aprendieron matemáticas o ciencias, sino también principios de solidaridad, respeto y fe.
Una madre que eligió a sus hijos
La vida de Yilda Cardona estuvo marcada por decisiones que definieron su legado. En 1992, atravesaba una crisis personal: el divorcio, la infidelidad de su esposo y las dificultades escolares de dos de sus hijos. Una noche lluviosa, mientras conducía por la Avenida Boyacá, pensó en acabar con todo precipitándose desde un puente. Sin embargo, tomó otro rumbo: se dirigió a la casa de Pastora Robledo (Q. E. P. D.), amiga cristiana que había orado por ella durante años. Esa decisión cambió el destino de su familia.

Tres años más tarde, Hernán David, Fernán, Joaquín Alonso y Manuel Alejandro entregarían su vida simultáneamente a Jesucristo, pese a la oposición de su padre formado en el Opus Dei. Yilda, fortalecida en la fe, tomó entonces otra determinación trascendental: renunciar a su lucrativa carrera de abogada para dedicarse por completo a la educación de sus hijos. Con edades comprendidas entre los 7 y 13 años, ellos se convirtieron en el centro de su vida, y ella sacrificó sus propios deseos personales para asegurarles un futuro cimentado en valores y formación.
Testimonios de impacto
Exalumnos han compartido que gracias a El Renuevo aprendieron a ver la educación como un camino de vida y no solo como un requisito académico. Algunos de ellos hoy son profesionales que reconocen en Yilda una influencia decisiva en su manera de entender el servicio y la responsabilidad social. Docentes que trabajaron allí recuerdan que ser parte de El Renuevo era pertenecer a una familia extendida. La enseñanza estaba impregnada de valores, y la comunidad educativa se apoyaba mutuamente en momentos de dificultad. Aunque Yilda ya no está físicamente, su obra continúa inspirando a quienes fueron parte de la institución. El colegio se convirtió en un símbolo de cómo la educación puede transformar comunidades cuando se fundamenta en valores sólidos y en un compromiso genuino con las personas.
“La obra de mi mamá, seguirá con más fuerza que nunca. Esperamos que El Renuevo siga dando fruto, la junta directiva sacará varios proyectos adelante y seguiremos dando la mejor educación en este colegio que tiene tanto por ofrecer”, explica su hijo mayor Hernán a H&C.
Inspiración en Casa Sobre La Roca
Desde 1993, Yilda mantuvo un estrecho vínculo con la iglesia Casa Sobre La Roca, iglesia donde se congregó por varias décadas y donde creció una amistad entrañable con el pastor Darío Silva-Silva y su esposa. El corazón generoso de esta mujer decidió formar a decenas de niñas del internado en Chía de la Fundación M.A.S. Misericordia, Amor y Servicio, labor que Esther Lucía Ángel de Silva y Gloria de Vega agradecen a Dios por haber graduado varias jovencitas con principios y valores claros en la Palabra de Dios.
Casa Sobre la Roca fue también el lugar donde sus hijos encontraron a sus esposas y donde la familia halló un espacio de crecimiento espiritual. Yilda partió a la presencia de Dios con la alegría de ver a sus hijos casados, tener buenas nueras (Jennifer, Linda, Esther Lucía y Sofía) y con la dicha de haber disfrutado cuatro hermosos nietos: Martín, Juanita, Amelié y Manuela.

La voz de Yilda entrevista de 2011
En una entrevista realizada el 6 de junio de 2011, Yilda compartió reflexiones que hoy cobran un valor especial y que revelan su visión educativa y comunitaria. Consultada sobre cómo logró que sus hijos fueran exitosos, respondió con firmeza: “La fórmula es sencilla: ama al Señor tu Dios con todo tu corazón. Cuando esta condición es la prioridad que rige tu vida, todas las necesidades de tu descendencia son suplidas de una manera ordenada, armónica, suficiente”.
Su respuesta muestra cómo concebía la educación: no solo como transmisión de conocimientos, sino como formación en valores y principios espirituales. Para ella, la familia debía estar “construida sobre la Roca”, y esa base era la que garantizaba el éxito de sus hijos y estudiantes.
Sobre el futuro de sus hijos, confesó que jamás imaginó lo que serían: “Bien dice la Palabra de Dios: cosas que ojo no vio ni oído oyó son las que Él tiene preparadas para los que le aman.”
Al preguntarle por los sacrificios realizados, aclaró que no los concebía como tales: “Para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia. Es innegable que al emprender el Camino debimos hacer algunas renuncias, pero cada vez crece más la certeza de que solo podemos hallar plenitud buscando cada día en las Escrituras”.
En esa misma conversación, describió con ternura las cualidades de cada uno de sus hijos, reflejando cómo la educación comenzaba en casa: De Hernán, resaltó la prudencia, la caballerosidad y la paciencia; de Fernán, la inteligencia, la humildad y la fidelidad; de Joaquín, la misericordia, la genialidad en el lenguaje y el don de servicio; y de Manuel, la disciplina, el radicalismo en la fe y el amor.
Más allá de las aulas
El legado de Yilda no se limita a los muros de El Renuevo. Su visión trascendió hacia la comunidad, generando un impacto social que hoy es reconocido. Fue reconciliadora de familias: como abogada de familia, buscaba evitar rupturas y promover la unidad. Su despacho fue un espacio donde más de una pareja encontró caminos de reconciliación.
Fue formadora de generaciones: cientos de niños y jóvenes pasaron por sus aulas, recibiendo no solo educación académica, sino también principios de vida. Muchos de ellos hoy son profesionales que reconocen en Yilda una influencia decisiva.
Hoy, su familia y comunidad descansan en la certeza de que Yilda está en un lugar mejor. Su vida fue semilla, su obra es fruto, y su legado seguirá floreciendo en cada generación que encuentre en la educación y la fe un camino de transformación.
Entonces oí una voz del cielo, que me decía: «Escribe esto: “¡Dios bendecirá a los que de ahora en adelante mueran unidos al Señor Jesucristo!”» Y el Espíritu de Dios dice: «Así es, porque ellos descansarán de todos sus sufrimientos y dificultades, pues Dios los premiará por todo el bien que han hecho.» Apocalipsis 14:13 TLA.

