Bebes reborn ¿Terapia, moda o idolatría emocional?

por Jennifer Barreto
A+A-
Reset

Los bebés reborn han dejado de ser un nicho artesanal para convertirse en un fenómeno global. ¿Qué opinan los expertos?

Historia 1: Alejandra Arias es colombiana y reside en España. Se hizo viral por utilizar un «bebé reborn» (muñeco hiperrealista) llamado «Batmancito» como parte de una terapia psicológica, luego de recibir un diagnóstico de un tumor en la base del cráneo que le impide tener hijos biológicos. Su muñeco lo es todo, pues según ella, le ha ayudado a superar el duelo y vivir el proceso de crianza.

Historia 2: “Perdí un embarazo y no quería enfrentar el vacío. Compré un reborn y lo trataba como mi hijo. Al principio me sentía tranquila, pero después me aislé de mi familia. Mi psicóloga me ayudó a entender que estaba evitando el duelo. Hoy lo tengo guardado, y aunque me costó, aprendí que el dolor también se sana con Dios y con la gente que me ama”: María, 38 años, Bogotá.

Historia 3: «Para mí el reborn no es un hijo, es una obra de arte. Lo colecciono como quien colecciona esculturas. Me impresiona el nivel de detalle y la dedicación de los artistas. No lo uso para terapia, sino como expresión estética.» Carolina, 42 años, Medellín.

Evolución histórica

La historia de los bebés reborn, que imitan a un recién nacido, se remonta a la Alemania de la Segunda Guerra Mundial, donde las madres, confinadas en refugios antiaéreos con escasos recursos, restauraban y personalizaban las muñecas de sus hijas para darles una nueva vida. En las décadas de 1980–1990: Surge el movimiento de “doll making” en EE.UU. y Reino Unido, con artistas que buscaban mayor realismo en muñecas de colección. Hacia el 2000, Internet impulsa comunidades globales; aparecen tutoriales y ventas online que convierten el reborn en fenómeno internacional. En 2010, se popularizan en terapias geriátricas y clínicas de duelo, especialmente en Europa y América Latina.

Actualmente, es una industria multimillonaria, que se ha convertido en el arte hiperrealista y la industria especializada que conocemos hoy. La revista Hechos&Crónicas habló con dos expertos para conocer desde la parte antropológica y psicológica este fenómeno que cada día tiene más adeptos.

Todo un negocio

Según estimaciones de mercado, la industria de los reborn mueve más de 25 millones de dólares anuales en ventas, con coleccionistas y usuarios en países como Estados Unidos, España, México y Colombia. En redes sociales, comunidades con más de 300.000 seguidores comparten fotos, rutinas y hasta “partos simulados” de estos muñecos.

El precio de un bebé reborn oscila generalmente entre $160.000 COP y más de $8.000.000 COP (aproximadamente entre $38 USD y más de $2.000 USD). Pero detrás de la apariencia tierna, se esconde un debate profundo: ¿son un recurso terapéutico, un síntoma de soledad, o una forma moderna de idolatría emocional?

Psicología del apego: ¿objeto transicional o dependencia?

Los reborn apelan al llamado “esquema del bebé”: ojos grandes, mejillas redondeadas, pelo, pestañas, uñas y proporciones que despiertan instintos de cuidado. Para el antropólogo, “existe el riesgo de un apego desadaptativo si se sustituye por completo el contacto humano real. Un reborn puede ser un ancla que impide transitar un duelo, por ejemplo, la pérdida de un hijo o la imposibilidad de concebir, pues si el objeto se usa para evitar el dolor de la realidad, se pierde la capacidad de gestión emocional”.

Un fenómeno ligado a la soledad y la caída de la natalidad

La psicóloga Sonia Gaitán Riveros, experta en alto rendimiento y Magister en responsabilidad social y sostenibilidad; y el antropólogo Andrés Murcia Navarro, investigador en neurociencia social, coinciden en que el auge de los reborn no es casualidad.

Murcia lo explica desde la antropología: “El reborn es el triunfo de la cosificación y del aislamiento. Es un objeto que reemplaza vínculos humanos reales”. Gaitán añade: “El cerebro es fascinante por su plasticidad, pero también por sus sesgos, por ejemplo, al estrecharse el apego al muñeco, no distingue del todo entre el estímulo visual de un reborn y un bebé real, activando los circuitos de oxitocina y el sistema de cuidado, mitigando el cortisol causado por estrés”.

¿Qué dice la Biblia?

Murcia recuerda lo que dice Éxodo 20:4-5a sobre los ídolos: No te hagas ninguna imagen, ni nada que guarde semejanza con lo que hay arriba en el cielo, ni con lo que hay abajo en la tierra, ni con lo que hay en las aguas debajo de la tierra. No te postres delante de ellos ni los adores. Yo, el Señor tu Dios, soy un Dios celoso.

“Es clave recordar que el señor nos dejó al consolador, el Espíritu Santo, pero si las personas no conocen la gracia del Señor, no conocen la Palabra, o en últimas viven en la naturaleza terrenal y las obras de la carne, un dolor profundo puede llevar a idolatría. Por eso desde la fe cristiana, es clave que se discierne pues es un tema que debe manejarse con cuidado, ya que el apego al objeto puede desplazar el proceso de sanidad que debe vivirse en la presencia de Dios”, explica.

Los especialistas advierten que el uso prolongado de reborn puede:

  • Favorecer aislamiento social.
  • Distorsionar vínculos reales.
  • Generar dependencia emocional hacia un objeto.

Un informe de la American Psychological Association (APA, 2024) señala que el 12 % de los usuarios frecuentes de reborn desarrollan síntomas de ansiedad social, al preferir la interacción con el muñeco sobre personas reales.

Estímulo supernormal: el truco del mundo

Murcia introduce el concepto de Nikolaas Tinbergen: el “estímulo supernormal”, versiones exageradas de un estímulo natural que generan respuestas más intensas que el original. Ejemplos: comida chatarra, pornografía, televisión, redes sociales.

“El reborn es un estímulo supernormal del instinto de cuidado. Ese es el truco del mundo, ese es el truco en la idolatría. El reborn engancha más que un bebé real porque no exige reciprocidad. Es un placebo emocional”. En un mundo marcado por la pandemia de la soledad y la mercantilización de las emociones, los expertos llaman a gestionar este tema con precaución: “No se trata de juzgar, sino de acompañar”, concluye Gaitán.

“Jesús nos enseñó a reconocer las emociones como creación divina. Si tenemos un Dios vivo lleno de gracia, ¿para qué buscar consuelo en un ídolo inanimado lleno de silencio?”.

Por Jennifer Barreto – jennifer.barreto@revistahyc.com
Fotos: Fuente particular.

Artículos relacionados

Dejar comentario