De niños a siervos

por David Bernal
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Los niños han sido usados por Dios para llevar su Palabra, enseñar a otros y para dar testimonio de fe a los adultos.

Los grandes profetas y discípulos del Señor fueron niños y muchos de ellos, desde esta tierna edad empezaron y encendieron su amor y pasión por Dios, para definir su propósito de vida que era llevar las Buenas Nuevas. Sin embargo, El Señor también ha usado la vida, el testimonio y las características propias de los más pequeños para dar grandes lecciones de fe al mundo entero.

No en vano que Jesús durante su ministerio de salvación en la tierra señalará sin vacilar que el reino de Dios es de quienes son como niños: Dejen que los niños vengan a mí; no se lo impidan, porque el reino de los cielos es de quienes son como ellos: Mateo 19:14.

El diácono Germán Bahamón, director de la Rocakids de la iglesia Casa Sobre la Roca en Bogotá, señala que los más pequeños son los mejores teólogos: “Creo que lo primero que necesita un niño es adultos a su alrededor que crean como el Señor cree en ellos, que les dé la oportunidad de seguir siendo niños, haciendo las preguntas de niños y viviendo como niños, porque a veces los adultos queremos que entren en un esquema de ser como queremos que sean. Porque los mejores teólogos que te vas a encontrar en la vida son niños, ellos hacen las preguntas que nosotros no haríamos, cuestionan la Palabra como nosotros no lo haríamos, porque nosotros entramos ya en el modelo de muchas veces parecer. El niño es honesto en lo que piensa y en lo que duda, entonces el niño no pasa a siervo, es el siervo que sigue siendo niño”, sostiene.

En este sentido, esto son algunos de los niños que fueron usados por Dios y que gracias a su disposición para recibir las buenas nuevas, fueron protagonistas del poder divino:

Jesús

El relato de la infancia del Jesucristo en los Evangelios es muy corto, pero deja ver como Él se disponía y preparaba desde niño para aprender, escuchar y profundizar en el conocimiento de Dios. El niño crecía y se fortalecía; se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios lo acompañaba, dice Lucas 2:40

Jesús no sólo estaba con sus padres aprendiendo de ellos como “era por costumbre” sino que también buscó, con empeño, aprender todo lo que pudiera de la Sagradas Escrituras de los maestros de la ley de la época y lo que no conocía lo preguntaba sin temor.

Al cabo de tres días lo encontraron en el Templo, sentado entre los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que le oían se asombraban de su inteligencia y de sus respuestas. Cuando lo vieron sus padres, se quedaron admirados. —Hijo, ¿por qué te has portado así con nosotros? —dijo su madre—. ¡Mira que tu padre y yo te hemos estado buscando angustiados! Él respondió: —¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que tengo que estar ocupado en los asuntos de mi Padre?, señala Lucas 2: 46 – 49.

Niños anónimos de Judea

La Sagrada Escrituras cuentan que, en la región de Judea, Jesús oró por dos chicos y en ese momento compartió una de las lecciones espirituales más profundas para los más pequeños. En Mateo 19: 13 – 14 narra esta historia: Llevaron unos niños a Jesús para que les impusiera las manos y orara por ellos, pero los discípulos reprendían a quienes los llevaban. Jesús dijo: “Dejen que los niños vengan a mí; no se lo impidan, porque el reino de los cielos es de quienes son como ellos”. Después de poner las manos sobre ellos, se fue de allí.

Nadie supo el nombre de estos dos pequeños por los cuales Jesús oró, pero esta enseñanza ha retumbado por siglos y siglos entre quienes quieren llegar al reino de Dios. La disposición a dejar usarse a través de lo poco que se tenía, fue la cuota inicial de uno de los mayores milagros y lecciones que Jesús hizo en su paso por la tierra.

El niño de los panes y peces

Otro de esos niños desconocidos pero que dejan una gran lección espiritual es el niño de los panes y los peces. Este gran milagro de Jesús es conocido por millones, pero el pequeño que dispuso su corazón y su alimento fue la cuota inicial de uno de los mayores milagros u enseñanzas de Jesús.

La disposición de este pequeño es tan valorada por el Creador del universo, que no solo dio ejemplo a todos los discípulos sino a las cinco mil personas que esperaban ser alimentadas por Jesús. Tras este milagro, parte del pueblo reconoció a Jesús como como “el profeta que había de venir al mundo”.

Josías

El hijo del rey Amón no siguió el mal ejemplo de su padre, sino que, al contrario, desde muy joven se empeñó en buscar a Dios y su reinado trajo bendición al pueblo de Judá.

2 Crónicas 34 relata: Josías tenía ocho años cuando comenzó a reinar; reinó en Jerusalén treinta y un años. Josías hizo lo que agrada al Señor, pues siguió el buen ejemplo de su antepasado David; no se desvió de él en el más mínimo detalle. En el año octavo de su reinado, siendo aún muy joven, Josías comenzó a buscar al Dios de su antepasado David. En el año duodécimo empezó a purificar a Judá y a Jerusalén, quitando los altares paganos, las imágenes de la diosa Aserá, así como los ídolos y las imágenes de metal fundido.

Desde los ocho años se enfrentó contra la idolatría y lo que no le agrada a Dios. Sin embargo, durante su reinado en Judá siempre buscó que su pueblo estuviera comprometido con la práctica los mandamientos de Dios.

Y subió el rey a la casa de Jehová, y con él todos los varones de Judá, y los moradores de Jerusalén, los sacerdotes, los levitas y todo el pueblo, desde el mayor hasta el más pequeño; y leyó a oídos de ellos todas las palabras del libro del pacto que había sido hallado en la casa de Jehová. Y estando el rey en pie en su sitio, hizo delante de Jehová pacto de caminar en pos de Jehová y de guardar sus mandamientos, sus testimonios y sus estatutos, con todo su corazón y con toda su alma, poniendo por obra las palabras del pacto que estaban escritas en aquel libro”, señala la Biblia en 2 Crónicas 34: 29 – 31.

Finalmente, el director de la iglesia infantil de Casa Sobre la Roca concluye: “Jesús pone a los niños en el centro de la conversación y dice aquí están, sean como ellos. Y es eso, ser niño, disfrutar la vida como ellos la ven, tener esperanza y sueños. Tal vez tengan que madurar, sin embargo, ellos siguen a Jesús porque Jesús no quiere cambiar su forma de ser”.

Por: David Bernal – david.bernal@revistahyc.com 
Foto: Freepik y Alex Kramarevsky (Unsplash) // Freepik y Ron Lach

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