Si se está preguntando cuál es el propósito de su vida y cómo puede servir a Dios, ha llegado al artículo correcto.
¿Ha escuchado esa historia del hombre que se estaba ahogando y pidió a Dios que lo salvara? Vinieron un bote, un barco y un helicóptero, pero él no aceptó ninguna ayuda porque esperaba un milagro de Dios. Cuando murió y llegó a la presencia del Señor, le reclamó por no haberlo salvado y Dios le respondió: “te mandé un bote, un barco y un helicóptero y no los aceptaste”. Bueno, pasa igual con nuestro llamado.
La historia de Diana
“Pasé mucho tiempo pidiéndole a Dios que me confirmara si debía comenzar a servir. Le pedía confirmación a Dios sobre el lugar en que debía estar y sentía que Dios no me respondía. Quería poner mis dones y talentos a su servicio, pero me asustaba un poco tener que sacrificar mi tiempo de descanso para el ministerio. Sabía claramente que Dios me había dado un gran talento con los niños, me encantaban y también amaba las actividades lúdicas y didácticas, pero quería hacer algo ‘significativo’ y Dios parecía guardar silencio, así que yo seguía orando y no me definía a comenzar mi servicio”, cuenta Diana Marcela Rojas a H&C.
Como ella, son muchas las personas que quieren servir a Dios, pero no tienen claro cuál es su llamado. No solamente hablando de un ministerio dentro de la iglesia, sino en general, no tienen claro cuál es su propósito en la vida y por eso viven a medias, como caminando a ciegas sin saber a dónde ir. La falta de claridad en ese propósito, el hecho de no encontrar significado a nuestras vidas puede hacernos caer en depresión, un trastorno que afecta a más 300 millones de personas en el mundo y que en muchos casos, comienza precisamente por sentir que nuestras vidas no tienen sentido, por falta de significado, de propósito.
¿Qué ocurre? La falta de Dios y de comunicación con Él nos hace perder nuestro enfoque y el enemigo nos lleva a pensar que no tenemos ningún propósito, que no hay ninguna razón para que estemos en este mundo y que no valemos nada. Pero todo eso es una gran mentira, Dios tiene un propósito para cada uno de nosotros, nos dotó con dones y talentos para que fueran útiles para nuestro llamado.
Dios no nos llama a algo que no queremos hacer. No es que Él arbitrariamente nos envíe a donde no queremos estar. Al contrario, lo que debemos evaluar es aquello que más disfrutamos, para lo que somos buenos (en alguna medida, porque siempre hace falta prepararse), eso que disfrutamos hacer aunque no se nos pague, y después de identificarlo, necesitamos un proceso para conocer nuestro llamado. …lo que Dios quiere que hagamos lo encontramos en intimidad con Él…
Cristo es mi Señor
Cuando reconocemos a Cristo como Señor y Salvador, nacemos de nuevo y nuestra vida comienza a tomar un rumbo diferente. Ya no nos trasnochan las cosas de este mundo, sino que nuestro corazón comienza a latir para Él y nuestro deseo es servirle y agradarlo, pues Dios pasa a ser lo primero en nuestras vidas. Así que, si usted siente que no tiene un propósito claro, tal vez no haya comprendido para qué fue creado en primer lugar.
Traigan a todo el que me reconoce como su Dios, porque yo los he creado para mi gloria. Fui yo quien los formé. Isaías 43:7 NTV.
Fuimos creados para alabar a Dios, para bendecirlo con cada cosa que hagamos, en cada rol de nuestras vidas. No solo en el trabajo que desempeñemos, o en el servicio en la iglesia. En todo. Como hijos, hermanos, amigos, padres, esposos… en todo. Nuestra vida debe ser un testimonio constante de adoración a Dios y esa es una gran razón para vivir.
1 – Comunicarse con Dios
Encomienda al Señor tu camino; confía en él, y él actuará. Salmo 37:5.
Tener una relación personal con Dios, íntima, cercana y constante es la clave para encontrar dirección en todos nuestros asuntos. Cuando oramos y ayunamos buscando a Dios y meditamos en Su Palabra, Él tendrá ocasión para respondernos cada una de nuestras palabras. Es igual con nuestro ministerio, llamado o propósito. Si no nos acercamos a Él, no rendimos nuestro corazón y no atendemos lo que tiene para decirnos, escucharemos el ruido de afuera que nos lleva a no servirle y a ignorar la voz de Dios.
El llamado es una experiencia personal con Dios, como la tiene un padre con cada hijo. El tiempo para servir e incluso lo que Dios quiere que hagamos lo encontramos en intimidad con Él, pues Él actuará abriendo las puertas para que podamos servirle como Él lo ha planeado.
Confía en el Señor y haz el bien; establécete en la tierra y mantente fiel. Deléitate en el Señor, y él te concederá los deseos de tu corazón. Salmo 37:1-7.
2 – Arreglar el pasado
Muchas veces no encontramos nuestro propósito porque somos víctimas de nuestro pasado y de todo lo que hemos vivido. No encontramos la razón de ser de nuestro sufrimiento y simplemente dejamos que el tiempo pase mientras nos lamentamos.
Dios nos llama a arreglar ese pasado. A cambiar de víctimas a protagonistas de nuestra propia historia. A solucionar lo que tenga solución y a sanar lo que se tenga que sanar. Se trata de encontrar el propósito en lo vivido. Generalmente el dolor trae crecimiento y una vez se ha sanado, puede ser muy útil para compartir con otros la esperanza que hay en Jesús.
Por eso es importante limpiar el corazón, perdonar y saber usar lo que sea que hayamos vivido para llevar esperanza a quienes viven experiencias similares y necesitan saber que Jesús también los puede restaurar.
Solo en Dios halla descanso mi alma; de él viene mi salvación. Salmo 62:1.
3 – Obedecer
¿Qué refleja tu vida? ¿Estás obedeciendo a Dios en todo? Servir en el propósito de Dios es tener claro que debes ir a donde Dios te lleve, en el tiempo que Él desee. Obedecer a Dios parte desde lo más pequeño, pues desde ahí Dios comienza a usarnos y a mostrar cuál es nuestro llamado.
Si obedeces al Señor tu Dios en todo y cumples cuidadosamente sus mandatos que te entrego hoy, el Señor tu Dios te pondrá por encima de todas las demás naciones del mundo. Deuteronomio 28:1.
4 – Actuar
No nos podemos quedar esperando el llamado, el teléfono no va a sonar, porque ¡ya sonó! Dios ya nos dio un propósito. Lo mejor que podemos hacer es retribuir Su amor con nuestras acciones, nuevamente, en todo lo que hagamos.
Sin embargo, Dios me había apartado desde el vientre de mi madre y me llamó por su gracia. Y, cuando él tuvo a bien revelarme a su Hijo para que yo lo predicara entre los gentiles, no consulté con nadie. Gálatas 1:15-15.
“Después de un tiempo de orar por una respuesta, Dios me mostró claramente que ese servicio que no parecía tan ‘significativo’, sí lo era, debido a mis dones y talentos. Cuando dije: ‘Señor, voy a servirte donde me pongas’, Dios abrió puertas y me llevó a trabajar en una fundación de niños, donde puedo hablarles con hechos y palabras del verdadero amor de Dios. Sé que este es un ministerio para transformar vidas y que no soy yo, es Dios quien me llamó y me dio un propósito de vida”, concluye Diana.

