Los beneficios de quitar la mirada del “yo” y pensar en los demás.
Vivimos a una velocidad exagerada, donde poco importan los demás. Cada uno vive a su ritmo, buscando la autopromoción y el logro individual. Pero en medio de este mundo acelerado y egocéntrico, el servicio (ofrecer de tu tiempo, talentos e interés a Dios y a otros) es el mejor antídoto que Dios nos dejó para eliminar el culto al “yo”.
El corazón del servicio
La Biblia no deja dudas: el servicio es ejemplo, pero también mandato divino. En su carta a la iglesia de Filipo, Pablo envía un mensaje muy importante sobre la importancia de dejar el egoísmo y velar por los intereses de los demás: No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos. Cada uno debe velar no solo por sus propios intereses, sino también por los intereses de los demás. Filipenses 2:3–4.
El mismo Pablo recuerda la bendición de dar: Con mi ejemplo les he mostrado que es preciso trabajar duro para ayudar a los necesitados, recordando las palabras del Señor Jesús: “Hay más dicha en dar que en recibir”. Hechos 20:35. Y Pedro añade una instrucción práctica: Cada uno ponga al servicio de los demás el don que haya recibido. 1 Pedro 4:10.
Sin embargo, la mayor enseñanza sobre el servicio nos la dio Jesús. Sus palabras, sin duda, son nuestro modelo a seguir: El Hijo del hombre no vino para que le sirvan, sino para servir. Mateo 20:28.
Evidencia científica
En las últimas décadas, la investigación social y médica ha documentado repetidamente que ayudar a otros se asocia con beneficios reales para la salud física y mental. Dios lo hizo así. Él es bueno y por eso, cuando nos deja un mandato tan noble como este, nos deja también grandes recompensas para nuestro bienestar que la evidencia científica ha comenzado a documentar.
Por ejemplo, una revisión y meta-análisis de estudios sobre voluntariado en adultos mayores publicado por Mayo Clinic, encontró una asociación entre participar en voluntariado organizado y una reducción del riesgo de mortalidad. Además, de acuerdo con Harvard Health, las personas que se comprometen regularmente en actividades de ayuda tienden a vivir más y presentan menos factores de riesgo como hipertensión, incluso si se trata de solo una hora en la semana. Todo esto relacionado con la sensación de ser útiles, el compromiso y la visión de comunidad que se generan.
Estudios publicados en revistas como The Journal of Gerontology y BMJ Open, muestran que “el voluntariado y el servicio frecuente están asociados con menores tasas de depresión, baja sensación de desesperanza y mejor puntuación en medidas de bienestar mental”. Además, el contacto social, la sensación de ser útil y el reconocimiento comunitario reducen la soledad y la depresión, que son factores de riesgo conocidos por afectar también la salud física y mental.
Sirviendo también se ejercitan la humildad, la generosidad y la compasión, grandes virtudes del creyente que ayudan en su labor de evangelización, pues transforman vidas y se convierten en testimonio del amor de Dios.
Servir cuando no tengo esperanza
Muchas veces sentimos que los problemas nos ahogan y no nos dan espacio para el servicio desinteresado. Sin embargo, la realidad es otra. Cuando una persona se compromete con el bienestar de otra, dándole un poco de los dones que Dios le ha dado, es como si sus fuerzas se multiplicaran y la claridad regresara a su mente.
Servir te saca de tu propio sufrimiento, te conecta con un propósito mayor, te ayuda a redescubrir tu valor a través de los dones que Dios te ha dado, cambia tu perspectiva, alivia el egoísmo y te da una nueva fuente de fe y significado, haciendo que tus problemas parezcan más pequeños.
Además, te permite ver el amor de Dios en acción, como lo hizo Jesús. El pastor Mario Andrés Santa, de Casa Sobre la Roca Sabana Norte, lo explica así: “Basándome en el libro Depresión Espiritual de Martin Lloyd-Jones, donde el autor toma el texto de 2 Timoteo 1:7, se habla de que el amor siempre te lleva a dar. Por eso se involucra a la persona en el servicio. Cuando alguien tiene problemas de autoestima o desánimo, en el momento en que tú lo llevas a servir, la persona tiene una confrontación al sentir que puede bendecir a otros que se contrapone con el pensamiento constante de ‘no sirvo para nada’, lo que lo lleva a conectar nuevamente con su propósito”.
Comienza con lo pequeño
Si aún no sabes cómo comenzar a servir, no te preocupes. El servicio debe nacer en la voluntad de tu corazón, pero también es un llamado que Dios te hace y, cuando Él te llama, abre las puertas del lugar donde quiere plantarte. Necesidades hay muchas en este planeta, así que no tienes que comenzar sirviendo en algo grande, valora cada pequeño acto de servicio que realizas por los demás y comienza a incrementarlos. La generosidad de tu tiempo, dinero y dones son el regalo más importante que puedes entregar.
Ora para que Dios te revele dónde debes comenzar a servir o dónde más puedes hacerlo. Él te mostrará dónde quiere contar contigo. Usa tus dones con sabiduría, pero también busca la excelencia. Servir es un acto de fe, pero también de mayordomía, así que no te conformes con ser bueno en algo, prepárate para ser cada día mejor.
Mira a Jesús. Él vino a esta tierra a servir, a entregar cada don que Dios le había dado para que la humanidad entera no se perdiera. Nunca escatimó poniéndose por encima de los demás. Por el contrario, se entregó hasta tal punto de morir para salvarnos. Ese ejemplo de entrega es el que debemos seguir. Hay tantas personas que necesitan de ti… solo basta con disponer tu corazón y dejarte usar por Dios para compartir su amor con otros.

