Alrededor de la mesa

por Revista Hechos&Crónicas
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La mesa es mucho más que un mueble, es la simbología de la unión y la restauración.

Si nos fijamos en la Biblia, casi todo lo importante sucedió en una mesa, un ejemplo que Dios nos da para aplicar en nuestros hogares.

“De unos años para acá, en la mesa nos sentamos solo mi hija menor y yo, a veces. La mayor, desde que entró a la universidad, muchas veces no coincide con nuestros horarios y mi esposo, que viaja mucho, tampoco está. Así que hacía mucho tiempo no teníamos una comida especial, juntos. Eso, claro, nos había afectado mucho como familia. Dios nos mostró la importancia de recuperar estos tiempos, así que decidí organizar una noche especial para nosotros cuatro: preparé una comida deliciosa, decoré la mesa muy linda, puse música suave y quité los distractores para que pudiéramos conversar. Es increíble lo que sucedió esa noche. ¡El ambiente familiar cambió completamente!  Nadie quiso tocar el celular (¡Ni siquiera mi hija adolescente!).

Fue una noche muy especial, nos reímos, compartimos y disfrutamos mucho. Ahora ese es nuestro nuevo normal y nos esforzamos por coincidir para compartirlo de la mejor manera”, contó Alejandra Zamudio a Hechos&Crónicas.

Así como comienza la historia de Alejandra, muchas familias han ido perdiendo poco a poco la importancia de compartir los alimentos. Se han dejado ganar por los afanes diarios y han perdido el valor de lo que ocurre alrededor de la mesa.

“A veces uno piensa que no es algo importante y significa mucho el tener ese tiempo de hablar, reír, de no tener que depender de un celular. Para mí en ese día Dios estuvo ahí presente obrando para que pudiéramos tener ese espacio que hace tiempo no teníamos”, continúa Alejandra.

Es la realidad. Poco a poco la sociedad nos fue alejando de la mesa. Se nos enseñó a darle prioridad a todo tipo de responsabilidades, lo que nos lleva a comer deprisa, cada uno en su espacio… y, peor aún, frente a una pantalla, y nos robó el diseño original de Dios: la mesa como altar de encuentro y restauración.

En el “Estudio Nacional de costumbres de las comidas en familia” en nueve ciudades principales de Colombia, se encontró que el 96 % de los encuestados comparte al menos una comida a la semana con su familia. ¡A la semana!

Pasa lo mismo a nivel mundial. El estudio Health Behaviour in School-aged Children (HBSC), realizado en 2024 y que abarcó a un total de 179.991 participantes de 43 países en Europa y Norteamérica, encontró que más de la mitad de los participantes no tienen comidas familiares todos los días.

Los mismos estudios internacionales muestran que una frecuencia más alta de comidas compartidas está correlacionada con menor prevalencia de síntomas depresivos, mayor sentimiento de conexión social, y niveles de felicidad más altos.

Hay evidencia de que los niños y adolescentes que participan en comidas familiares tienen mejor rendimiento académico. Se les atribuye también menor propensión a conductas de riesgo (por ejemplo, uso de sustancias). En adultos, los beneficios incluyen mejor salud mental, menos estrés, mayor satisfacción emocional.

Además, las familias que comen juntas tienden a consumir más frutas y verduras, menos bebidas azucaradas y alimentos ultraprocesados. Por eso también se observa menor riesgo de obesidad infantil.

La mesa en la Biblia

Para Dios, la mesa no es un mueble más, pues casi todos los sucesos importantes ocurren alrededor de una mesa o en relación a una comida, como símbolos profundos presentes en toda la Biblia que no solo sirven para la alimentación física, sino para la comunión, restauración y redención.

Hechos&Crónicas trae una pequeña lista de algunos momentos clave en la Biblia que ocurren alrededor de una mesa o una comida:

1 – Abraham recibe a los tres visitantes

En Génesis 18:1–8, encontramos cómo Abraham ofrece con generosidad una comida a tres hombres (uno de ellos, el Señor mismo). La hospitalidad abre la puerta a la bendición, pues es durante la comida que Dios anuncia el nacimiento de Isaac.

Abraham fue de prisa a la tienda donde estaba Sara y le dijo: —Date prisa, toma tres medidas de la mejor harina, amásala y haz unos panes. Génesis 18:1–8.

2 – El pacto entre Isaac y Abimelec

En Génesis 26:26–31 podemos leer que luego de tensiones, Isaac y Abimelec hacen un pacto de paz y lo sellan con una comida. Comer juntos simboliza reconciliación y compromiso de no agresión.

Isaac les preparó un banquete y comieron y bebieron. A la mañana siguiente se levantaron muy temprano e hicieron un compromiso mutuo. Génesis 26:30-31.

3 – La Pascua en Egipto

Dios instituye la cena pascual antes de liberar a Israel. (Éxodo 12:1–14). Es una cena de memoria y salvación. La sangre del cordero los libra de la muerte.

Comerán la carne esa misma noche, asada al fuego, con hierbas amargas y pan sin levadura. Éxodo 12:8.

4 – David y Mefiboset

David invita al hijo de Jonatán, Mefiboset, a comer siempre en su mesa real. (2 Samuel 9:6–13). Es un simbolismo de la gracia inmerecida y restauración. La mesa del rey simboliza adopción y dignidad.

Desde ese día Mefiboset comía en la mesa de David como uno de los hijos del rey. (2 Samuel 9:11).

5 – Jesús come con pecadores

En varios pasajes del Nuevo Testamento, vemos que Jesús se sienta a la mesa con publicanos y pecadores. (Mateo 9:10–13, Lucas 15:1–2). La mesa se convierte en lugar de gracia, inclusión y redención.

Mientras Jesús estaba a la mesa en casa de Mateo, muchos recaudadores de impuestos y pecadores llegaron y comieron con él y sus discípulos. Mateo 9:10.

6 – La multiplicación de los panes y los peces

Jesús alimenta a más de cinco mil personas. Él mismo se presenta como el Pan de vida, y la mesa se expande para todos. (Mateo 14:13–21; Juan 6:1–14).

—Yo soy el pan de vida —declaró Jesús—. El que a mí viene nunca pasará hambre y el que en mí cree nunca más volverá a tener sed. Juan 6:35.

7 – La cena en casa de Marta, María y Lázaro

Jesús es honrado con una cena, María unge sus pies y Marta sirve. En la mesa se revela el amor, la adoración y el servicio. (Juan 12:1–8; Lucas 10:38–42).

Allí se dio una cena en honor de Jesús. Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban a la mesa con él. Juan 12:2.

8 – La Última Cena

Jesús instituye la Cena del Señor con pan y vino. Es el nuevo pacto en su sangre, memorial de su sacrificio y símbolo de comunión entre los creyentes. (Mateo 26:17–30; Lucas 22:14–20).

Hagan esto en memoria de mí. Lucas 22:19.

9 – Jesús resucitado come con sus discípulos

En Emaús, lo reconocen al partir el pan. Luego, en el lago, prepara desayuno para ellos. (Lucas 24:30–35; Juan 21:9–13) La comida se convierte en encuentro, confirmación de fe y restauración de Pedro, uno de sus discípulos amados.

Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio, e hizo lo mismo con el pescado. Juan 21:13.

10 – El banquete del Reino

Isaías profetiza un gran banquete preparado por Dios; Jesús lo retoma como imagen del Reino de los Cielos. (Isaías 25:6–9; Mateo 8:11; Apocalipsis 19:9) Es una visión y una promesa futura, la mesa eterna donde Dios reúne a su pueblo y enjuga toda lágrima.

Dichosos los que han sido invitados a la cena de las bodas del Cordero. Apocalipsis 19:9.

En la Biblia, la mesa es el lugar donde Dios se revela, enseña y restaura. Cada comida es un recordatorio de su provisión y comunión, y un ensayo del banquete celestial donde todas las familias se reunirán finalmente con Él.

¿Cómo restaurar el altar en tu mesa?

Cuando pensamos en el origen del cristianismo, pensamos en templos grandes o en campañas de evangelización; sin embargo, mucho antes de todo eso existían familias reunidas alrededor de la mesa, en torno al pan y a la Palabra de Dios.

En la actualidad, la sociedad está enferma de afán. Lo urgente ha desplazado a lo importante y las pantallas se han convertido en el centro de la mesa, pero Dios nos invita a redescubrir nuestra mesa como un altar en el que Él debe ser del centro. Por eso, en Hechos&Crónicas, queremos proponerte algo: restaurar el altar de tu mesa.

No solamente de manera física, sino retornar al corazón del diseño de Dios para la familia. Ese lugar físico donde nuestros hijos no sólo aprenden modales, sino también misericordia, donde no sólo se alimentan, sino que descubren quiénes son y a quién pertenecen.

Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando. Incúlcalas continuamente a tus hijos. Háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino… Deuteronomio 6:6–7.

La mesa es ese “en tu casa” donde se siembran convicciones que ninguna cultura ni corriente podrá arrancar. En ella se enseñan lecciones que no están en los libros: cómo pedir perdón, cómo orar en medio del dolor y agradecer por lo poco o mucho que se tiene. Cada conversación, cada oración, cada risa es un acto de enseñanza espiritual. Sin necesidad de un púlpito, la familia se convierte en iglesia, y la mesa, en altar.

Satanás sabe todo esto, por eso su estrategia no necesariamente comienza destruyendo sino vaciando nuestro altar. Empieza por distraernos: Llena los horarios, divide las rutinas, roba los momentos, y, cuando llega la noche, cada uno cena frente a una pantalla distinta. Sin darnos cuenta, hemos cedido el altar que debía ser nuestro lugar más sagrado.

Pero, ¡no te desanimes! Restaurar el altar de la mesa no es complicado: comienza con un gesto sencillo y sagrado: apaga las pantallas y vuelve a mirar a los ojos a quienes comparten la mesa contigo. Ora antes de comer y entrega ese pequeño gran momento a Dios como anfitrión de tu mesa.

Reunirnos para orar antes de comer, escuchar a quien tuvo un mal día o al que está lleno de anécdotas graciosas, es una manera de levantar nuevamente nuestro altar invisible, piedra sobre piedra, porque la presencia de Dios se manifiesta donde hay unidad y amor.

Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. Mateo 18:20.

Si tu mesa está vacía, pídele al Señor que la llene de nuevo: de fe, de risas, de historias, de pan y de gratitud. Que sea el punto de encuentro donde las generaciones se reconcilian, donde se construyen memorias y donde los sueños vuelven a revelarse.

Por: María Isabel Jaramillo – isabel.jaramillo@revistahyc.com
Foto: Archivo 

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1 comentario

Alexandra pedriquez 6 de enero de 2026 - 12:56

Exelente recordatorio

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