“Dios me escogió para ser su portavoz en las naciones”

por David Bernal
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De joven conoció el amor de Dios en Colombia y hoy se prepara en Brasil para llevar las Sagradas Escrituras a todo el mundo.

Luis Alirio Gualdron Gonzales nació en Bogotá y desde muy pequeño, conoció qué era vivir entre la necesidad y el rebusque. Proveniente de una familia humilde del sur de la capital colombiana, Luis vio de frente cómo el problema de alcoholismo y el maltrato dividía a su familia mientras sobrevivían entre pedir dulces, ayudar a su madre y hermanas y soñaba con conocer el mundo.

“Mi madre era una joven sin escolaridad y mucho menos profesión. Mi padre, un guardia de seguridad con un problema con el alcohol. Los primeros años de mi vida no fueron muy interesantes, realmente no tengo buenos ni lindos recuerdos de aquella época, son pocos, porque siempre vi como mi padre llegaba del trabajo embriagado, golpeaba a mi madre sin ninguna necesidad. Y mi madre soportó muchos años ese trato, porque ella sabía que no tenía cómo sustentarnos a mí, a mis hermanas y a ella misma”.

Mientras la situación familiar y económica se volvía más difícil, su madre María, él y sus hermanas pedían dulces y comida en el transporte público para ayudar a su mamá con todos los gastos del diario vivir.

“Con el pasar del tiempo, mi padre salió de la casa para nunca más volver. La situación económica empeoró porque mi padre era el que sustentaba el hogar. Y mi madre tomó la decisión de salir a trabajar o a pedir dulces en el transporte público de la ciudad. Muchas veces yo, de 4 o 5 años, y mis hermanas la acompañábamos por Bogotá. Nos subíamos al transporte público, y allí, siendo muy niños, vendíamos dulces, a veces pedíamos comida, así fuera lo que se estuvieran comiendo”, sostiene Lucho, como le dicen a Luis sus amigos y conocidos.

Lo que él no sabía era que Dios ya lo había escogido para una de las labores más especiales, apasionantes y retadoras: llevar la Palabra de Dios al mundo.

La vida para su madre seguía con las dificultades propios de sacar adelante a tres hermanas y un hijo, sin la presencia ni el apoyo del papá. Sin embargo, esta familia no estaba sola.

“Y esa fue en sí mi vida hasta los 8 años de edad. En ese tiempo mi madre se enteró que había una iglesia con un servicio social muy hermoso. Y decidió ponerse en contacto. Cuando llegamos allá, la iglesia se llamaba Casa Sobre la Roca, y tiene un internado de niños. Ahí fue cuando mi vida se transformó completamente. Ese internado es de la fundación Misericordia, Amor y Servicio (M.A.S) a cargo de la doctora Esther Lucía de Silva, una mujer a la que yo admiro bastante y tengo mucho respeto hacia ella”.

Dios tenía un propósito con la vida de Lucho y poco a poco lo iba orientando en ese camino divino preparado para su futuro. “Mi vida se transformó completamente. Dios se reveló hacia mi familia, se reveló hacia mis hermanas, y hacia mí. Como era su amor, algo que yo nunca tuve y ni sabía que podía tener en mí, empezó a dar abundancia, como cosas simples: una cama para mí solo, tres comidas al día, amigos con los cuales podía estudiar, jugar y divertirme. Fueron etapas muy hermosas de mi vida. El cambio fue drástico y agradezco mucho ese amor que yo recibí de parte los que hicieron parte de ese proceso y a la iglesia Casa Sobre la Roca, especialmente en los internados. Con el tiempo fui creciendo, me fui formando como un hombre”, señala el protagonista de esta historia desde Brasil.

Sin embargo, Dios tenía mucho más para la vida e historia de Luis Alirio.

El paso de la Esperanza

Años después de la llegada de Luis a este internado evangélico, la fundación M.A.S creó uno exclusivo para hombres con el objetivo de formar varones cristianos en valores y en el amor de Dios para ser hombres de influencia en la sociedad.

Luis (en el círculo) durante una de las actividades de la Fundación Misericordia, Amor y Servicio (M.A.S).

“A mis 12 años de edad, se fundó el hogar específicamente para los varones, que se llama ‘el Paso de la Esperanza’, que estaba a cargo del pastor Luis Fernando Cortés, que es mi padre, al que respeto y admiro, junto con su esposa Adriana, a quien también considero como una madre. Todavía tengo un contacto muy hermoso con ellos. Entonces, ellos me fueron criando y transformando en lo que soy, un hombre conforme al corazón de Cristo”, recuerda Gualdron.

Con el apoyo de esta fundación, Luis inició y concluyó sus estudios de básica primaria y bachillerato en un colegio privado y tras su graduación, Lucho decidió integrar la Fuerza Aérea Colombiana.

“Estuve dos años en la Fuerza Aérea y conocí parte del mundo. Yo siempre viví en la iglesia, pero me dejé llevar realmente por aquella banalidad de tener, de ser, aparentar, y cuando terminé mi proceso en la Fuerza Aérea, decidí también apartarme de la iglesia, de Cristo. Salí del cuidado del internado y empecé a “vivir mi vida”, del modo que yo quería. Empecé a trabajar y a estudiar, pero algo dentro de mí sabía que no era verdad lo que yo estaba viviendo, no era lo que Dios quería para mi vida”, explica.

Este punto de estancamiento espiritual pronto desencadenaría una espiral de vivencias, situaciones y vacíos que prenderían las alarmas en la vida de Luis.

“Viví muchas cosas de las que hoy en día me arrepiento. Conocí las drogas, el alcohol, las fiestas, sexo sin sentido y entonces me dejé envolver por ese ambiente de mundo, algo de lo que Dios me había apartado desde muy pequeño. Fue una aparente alegría porque tenía momentos en donde me sentía feliz, pero después de que esa felicidad se iba, sentía un vacío profundo dentro de mí, y así viví casi seis años”.

A pesar de que sus estudios iban bien y en el trabajo todo marchaba, el fuego de Dios lo consumía por dentro, pero todavía había algunos muros por derribar y baratijas espirituales que desenmascarar.

“Tomé la decisión de empezar a procurar a Dios a mi modo, fui a buscar un dios que sea mejor para mí, que me aceptara como era, y entré en contacto con el budismo y con personas que lo practicaban. Buscaba algo un poco más tranquilo, relajación, zen y toda la cosa, tanto así que me puse en contacto con una de estos grupos budistas y terminé viajando a Brasil para conocer esa comunidad”.

Este punto de la historia se asemejaba al gato y al ratón, debido a que Dios buscaba a su oveja mientras esta traspasaba límites territoriales para huir de Él buscando una espiritualidad más light.

Antes de viajar a Brasil, Luis había empezado a estudiar portugués en Bogotá (Colombia), pero al aterrizar en Brasil para integrarse a dicha comunidad, esta no lo aceptó.

“Ya estando en Brasil, me dije voy a conocer este país, quiero conocer el carnaval y demás”. Sin embargo, a Dios no se le escapa nadie. El Señor usó el viaje a Brasil para darle un giro por completo a la vida de Luis.

La galleta de avena

Dios es misterioso y usa las formas más increíbles para acercar a sus ovejas y así fue con Lucho.

“Un vendedor pasaba cada semana por donde residía y vendía unos bizcochos, unas galletas de avena muy deliciosas que se hacen acá en Brasil, y empecé a comprarle, hasta que un día él no paso ni me pudo hacer el domicilio. Al contactarme con este vendedor, me explicó que estaba un poco enfermo, pero me dio la dirección de la panadería que elaboraba estas galletas, era la panadería que tenía el Centro Misionero. Yo no sabía, él tampoco me avisó, y llegué allá. Fue un poco extraño, porque antes de entrar a la panadería se tenía que pasar por un salón de reunión, y allí el pastor estaba predicando sobre las misiones y el propósito que el Señor tiene para nuestras vidas”, explica Luis.

Luis lee la Biblia durante una jornada de evangelización realizada en Brasil.

Este fue el segundo toque de Dios para la vida de este colombiano.

“Empecé a escuchar, y en ese momento, el Espíritu Santo latió fuerte en mi interior, me quebré totalmente, pagué las galletas, y tuve que salir corriendo de ahí, porque el corazón empezó a latir muy fuerte. Pasaron los días, pasaron las semanas y confieso que ya no sentía aquella atracción por todo lo que hacía anteriormente, sabía que Dios me había hablado directamente con aquella visita a ese seminario”.

Un nuevo amanecer

Días después de este suceso, Lucho entregó su vida nuevamente al Señor. Allí, de rodillas como él mismo lo narra, le pidió perdón a Dios por sus pecados y decidió “empezar a vivir para lo que Tú me dijiste, quiero empezar a vivir para Ti”.

En medio de este quebrantamiento, Dios le recordó un versículo que el tutor del internado le había enseñado: Estoy convencido de esto: el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús. Filipenses 1:6.

Y mientras Dios se encendía en pasión en el interior de Luis, este no perdió el tiempo.

“Desde ese momento me contacté con el seminario y decidí entrar a estudiar. Yo estaba en Manaos, una ciudad brasilera cercana al Amazonas y con clima muy húmedo y caliente, y allí me enfermé varias veces por lo que decidí trasladarme para poder enfocarme en la escuela misionera. Empecé a estudiar en la sede principal que se encuentra en Guaraparí, un municipio del estado del Espíritu Santo en Brasil, y empecé a estudiar teología, doctrina y labor misionera. Hace tres años que me estoy capacitando y gracias a Dios he tenido la oportunidad de participar en varios eventos de evangelización en distintos estados y ciudades de Brasil, donde he podido compartir mi testimonio con muchas personas”, relata este joven de 30 años.

Una semilla sobre la Roca

Tras pasar más de 16 años recibiendo la enseñanza cristiana y viviendo en los internados de la Fundación M.A.S de la iglesia Casa Sobre la Roca, la semilla de las Sagradas Escrituras sembrada en la vida de Luis Alirio está dando frutos para la obra de Dios.

En un mensaje enviado a toda la iglesia Casa Sobre la Roca, al pastor Darío y a su esposa Esther Lucía, Luis agradece haber llegado a esta congregación cristiana porque lo llevó a conocer a Dios y su amor que finalmente transformó su vida: “Esta es el soporte de la Roca, Dios los usó a ustedes como primicia en mi vida. El Señor los usó a ustedes, a los integrantes y voluntarios de la fundación M.A.S, a las personas que participan de iglesia, para que yo hoy esté aquí haciendo misiones en Brasil. Muchas gracias iglesia, muchas gracias Pastor Darío porque usted tuvo la valentía de seguir a Cristo, de dejar su profesión para empezar a caminar por Cristo. Usted es un ejemplo para mí como pastor, padre, y admiro mucho toda la labor que ha hecho con su esposa, Esther Lucía. Admiro mucho la labor que ustedes han tenido para mi vida y doy gracias por todos los padres, y las madres, que enseñan el camino verdadero a sus hijos.

La semilla de la Palabra de Dios fue plantada en mi vida, y ahora estoy yo dando frutos. Hay muchos niños y jóvenes en Colombia que necesitan escuchar esa Palabra. Esta es una labor nos corresponde a nosotros porque Dios nos levantó a nosotros para que llevemos esa palabra de salvación y esperanza para aquellos que se están perdiendo en el mundo, especialmente en Colombia”.

El pastor y tutor de la Fundación M.A.S., Luis Fernando Cortés, viajó hasta Brasil para acompañar a Luis en su grado.

Luis recibió su grado de Teólogo Misionero del Seminario Teológico Servos de Cristo (SDC) en diciembre y quiere continuar preparándose en el Evangelio para ser “portavoz de Dios para todas las naciones” y en diversos idiomas.

“No me importan los títulos, lo que realmente me interesa es que mi testimonio pueda salvar vidas, ser ejemplo. Eso es realmente para lo que Dios me llamó, yo voy a continuar los pasos de Cristo por obediencia a Dios que me escogió, porque yo soy un misionero del evangelio, y continuaré siendo un misionero, para su amor”, concluye Luis Gualdron

Por: David Bernal – david.bernal@revistahyc.com
Fotos: Archivo particular y Andrew Stutesman – Unsplash (Montaje foto principal) 

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