Opinión – ¡Al gran amigo, al que se fue!

por Revista Hechos&Crónicas
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Solo espero no quedarme corto sobre lo que escribo en esta columna del gran Pastor Darío Silva-Silva.

Conocí al pastor Darío mucho antes de que los dos diéramos el paso de Fe, estoy hablando de 44 o 45 años del pasado y cuando estábamos en el mundo de las comunicaciones. Él como un gran periodista, director y dueño de un noticiero de televisión; y yo como publicista y también propietario de una agencia de publicidad.

Pero como lo digo al principio, espero no quedarme corto con la descripción del gran Darío Silva- Silva que pueda hacer de él, en la vida que Dios nos permitió vivir.

Un Hombre admirable, sabio, esforzado, valiente, conciliador, inteligente en todo sentido, capaz de grandez logros, visionario, líder solido y seguro, teólogo de vedad como muy pocos, de memoria prodigiosa, audaz, gran comunicador en todo sentido, magistral, intelectual envidiable, amoroso, generoso, escritor soberbio, profeta de verdad, verdad; *culto, verdadero amigo, historiador, compositor, poeta, conocedor de música mundial, conversador*, conocedor del mundo, creativo magnifico.

Me quede corto, pero es lo que en este momento mi corazón puede expresar para poder escribir de un ser superdotado en todo sentido.

Cuando digo un verdadero amigo, lo describo como algo único, especial y eso fue lo que el Pastor Darío fue para mí, para mi esposa María Eugenia y mi familia. Momentos inolvidables en Colombia, Estados Unidos, viajes de vacaciones y claro en la única Villeta, su último refugio.

Cenas, almuerzos, casi todos los domingos, un profesor del IBLI inigualable y especialmente algo que es prácticamente irreparable. Un televidente, como el que mas ve buenos programas; claro sobre todo noticias, con la ubicación de cadenas en el mundo entero.

Consejero y compañero de situaciones difíciles y en especial, con las enfermedades y hospitales donde siempre estuvo a nuestro lado.

En un viaje a Tierra Santa-Egipto, que claramente él conocía y explicaba mucho mejor de los guías asignados para cada paso. Una Cena del Señor formidable en el Jardín de los Olivos, donde predicó, nos bendijo, y de qué manera y muy cerca a la tumba vacía.

Un rebautizo en el Jordán, donde prácticamente me derrumbe al sentir esa agua prodigiosa en mis pies. La visita al museo de las atrocidades, que cometieron con el pueblo de Israel, todo explicado por el pastor como si tuviera escrito lo que decía, pero era su cabeza maravillosa.

Un viaje que hicimos a Aruba donde, tal vez, el Señor le hablo mucho para la gran Casa Roca y explico cómo fue. Una vez al desayuno, conseguí una carpa en la playa para guardarnos del sol, el Pastor Darío se recostaba a orar y se quedaba quieto como si estuviera profundo, pero no, estaba en una conversación profunda de una hora o más cada día. Luego nos comentaba que había hablado con Dios, algo suntuoso lo que nos decía, de lo que prefiero no hablar ni narrar mucho, pero si algo sé es que nunca se me olvidara.

Dueño del noticiero, esa empresa demando a mi agencia de publicidad porque no se  le canceló un comercial de mi cliente que salió defectuoso al aire, fue algo muy molesto que solo lo solucionamos las dos organizaciones a las que estábamos inscritos.

Y claro, los encuentros en el estadio El Campín cuando jugaba Santafé- Millonarios, rivales los dos, pues él era hincha de un equipo muy complicado, el azul y yo del bueno, el rojo como el color de la Sangre de Cristo.

Como nos condujo magistralmente, el pastor y Ester Lu, a mi señora y a mí cuando llegamos al Señor y a Casa Roca: separados, a punto de divorciarnos y con una relación muy mala. Ellos, con mucha paciencia (Makrothumia), lograron que nosotros pudiéramos arreglar nuestras vidas y de qué manera, como todos ustedes lectores de esta gran revista nos conocen. Hechos y Crónicas, revista en la cual colabore mucho al comienzo, donde se reunía un grupo humano que trabajaba activamente: desde el diseño de la portada, artículos y textos, para que hoy sea esa revista cristiana premiada y de excelente aceptación.

En fin… hablar, escribir o narrar lo que fue el Pastor Darío, siempre será poco y hoy, prefiero dejarlo hasta aquí porque siempre su recuerdo me parte el corazón y mis ojos se llenan de lágrimas, todavía adoloridos, con su partida.

Se nos fue un gran amigo, un gran hombre, un gran cristiano, un gran líder, un profeta y un gran creador como lo fue de Casa Roca.

Dios quiera que podamos elegir bien y cuidar su gran legado en la iglesia, porque seguro es lo que él quiso al final de sus días.

Buen viaje gran amigo, nos encontraremos pronto.

Por: Rev. Jaime Gómez Velo, pastor de la iglesia Casa Sobre la Roca
 Foto: Archivo particular. 

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