Opinión – Conciencia, fe y voto: una decisión espiritual

por Revista Hechos&Crónicas
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El cristianismo no es amarillo ni azul, ni verde, colorado o negro; tampoco es de izquierda ni de derecha; es únicamente cristianismo.

Si la Biblia misma declara que el producto de la justicia será la paz, no estamos inventando nada cuando afirmamos que donde hay justicia, hay paz; eso lo dice la Palabra del Príncipe de la paz, no la palabra de un simple y falible predicador.

Mi iglesia desde su fundación decidió enfrentar el tema de la justicia social; por eso, con todas sus anexidades, genera cientos de empleos directos e indirectos debido a la forma en que está organizada para bendecir al mayor número posible de personas. Gracias a Dios, desde un principio, se montó la oficina de Misericordia, Amor y Servicio para ayudar a los necesitados de la congregación con mercados, vestuario, vivienda, etc.

Nos hemos impuesto la difícil obligación de interpretar a Jesucristo, quien es muy terminante cuando dice que al que tiene hambre hay que darle de comer, al que tiene sed hay que darle de beber, al desnudo hay que cubrirlo. Y por eso, se sostienen varios internados de niños desamparados en algunos lugares donde esta iglesia funciona. Es mejor hacer obra social que hacer política.

Mejor dicho, hacer obra sociales hacer política en la forma correcta. Los cristianos, personalmente, deben hacer lo que puedan, como puedan, donde puedan y a quien puedan.

El cristianismo no es amarillo ni azul, ni verde, colorado o negro; tampoco es de izquierda ni de derecha; es únicamente cristianismo. Por eso, la única guerra que el Señor nos ha autorizado a librar es la guerra espiritual. No estamos de acuerdo con la injusticia social y no estamos de acuerdo con la violencia, pues queremos mirar las cosas mucho más a la luz del Sagrado libro que a la luz de las simples circunstancias de la vida diaria. Y, aunque parezca una incongruencia o una contradicción, la guerra espiritual se libra pacíficamente, de rodillas en oración y con armas espirituales.

Hemos dicho que un buen cristiano será un buen ciudadano. Soñamos con países regidos por nuevos modelos económicos que garanticen trabajo justamente remunerado, igualdad de oportunidades en el crédito, en la educación, en todas las áreas; y desde luego, más circulación social, más democracia representativa, más ascensos de los de abajo hacia arriba; honestidad, ética ciudadana, fraternidad y paz. Por todos esos ideales debemos librar la guerra espiritual.

El voto pertenece al círculo íntimo de la libertad de conciencia, pero el creyente debe darlo a quien mejor interprete –desde la izquierda o desde la derecha- un programa de gobierno ceñido a las exigencias de la Palabra de Dios, que busca para todo el género humano el tesoro de la paz. La bendición de Aarón contiene, entre sus elementos estructurales, el de la paz, bellamente expresado: El Señor te bendiga y te guarde; el Señor te mire con agrado y te extienda su amor; el Señor te muestre su favor y te conceda la paz. Números 6:24-26.

Por: Rev. Darío Silva-Silva, Fundador y presidente de Casa Sobre la Roca, Iglesia Cristiana Integral.
Foto: Muhammad Rayhan Haripriatna (Pexels)

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