Una de las cosas que más paraliza a los servidores de Cristo es el temor. Nos da temor hablar, acercarnos a otros, caer mal, hacerlo mal. Pero, muchas veces, el temor es el arma que usa el enemigo para pararnos en el servicio.
Una cosa que siempre digo en los seminarios: “Si hay alguien que no debe tener miedo de servir en ningún lugar, es un cristiano”.
Nosotros estamos preparados para servir en el mundo y para servir a la Iglesia. En las empresas, en cualquier lugar donde estemos. No somos menos, podemos hacerlo, ¿o no? Quebremos esa cosa de que a veces nos atemorizamos, porque una vez logramos vencer el temor, conectamos con las necesidades de los demás y servirles.
Aunque usted sienta temor, siga adelante y pregunte al Señor: “¿Qué quieres que haga para servirte hoy? ¿Papá, qué quieres que haga hoy afuera de mi cáscara?”
¿Sabe que a veces no podemos salir de nuestra cáscara y nos perdemos las oportunidades más hermosas en la vida por no salir de nuestro caparazón? Así que, además de vencer el temor, necesitamos establecer prioridades. Si usted no pone metas en su vida, no va a poder servir nunca porque la vida lo va a sobrepasar. Establezca una prioridad, dese un tiempo para servir a otros. Aparte ese tiempo en su agenda (¡y en su chequera!), no solamente para servir a Dios, sino también a los demás, porque trabajando 18 horas por día, nunca podrá servir a un hermano y así terminamos por convertirnos en los grandes servidos, en cristianos del TPM: “Todo para mí”, demandantes.
Ése no es el método de Dios, Dios para nosotros tiene métodos visibles, ¿saben cómo se llaman esos métodos? Hermanos. Usted tiene en su hermano la persona que Dios puso como recipiente para que usted le sirva. Aparte un tiempo para servir, aparte una hora del día para hacer feliz a alguien.
Piense: “Cómo puedo hacer feliz al otro”. Anticipe que habrá problemas, por supuesto, pero los problemas se debaten en la oración con Dios.
Necesitamos ser cristianos servidores de motivación. Hay algo que entre nosotros tiene que usarse que se llama honrarse unos a otros. No puede ser que a mí me vaya bien y a usted le vaya mal. Que, si usted está ahí, yo le pueda dar la mano, porque usted va a subir más alto que yo, y cuando usted esté más alto que yo, me dé la mano para que yo pueda subir un escalón más. Que ése sea nuestro testimonio, hermanos.
Como dice la Palabra de Dios (parafraseo): – “porque Él sabía su destino manifiesto, porque Él sabía que era Dios y que volvía a Dios, porque Él sabía que no estaría mucho tiempo más aquí y que volvería a un lugar de gloria, porque Él sabía que era la gloria, porque Él sabía que era el alfa y el omega, porque Él sabía que era el principio y el fin, porque Él sabía que era la puerta, porque Él sabía que era el camino. Porque Él sabía se puso la toalla en la cintura y comenzó a lavarle los pies”.

