Necesitamos hermanos para servir. Como dice el Pastor Darío: “En cualquier momento vamos a ver avisos en los diarios que digan se necesitan lavadores de pies”. Esta es la época de servir, cuanto más alto vamos, más tenemos que servir al prójimo, ése es el propósito.
Edward M. Bounds en su libro ‘El poder a través de la oración’ dice esta frase que quiero compartir con ustedes: “Desde nuestras iglesias y organizaciones, siempre estamos esforzándonos para crear nuevos métodos, nuevos planes, nuevas organizaciones con el fin de lograr el avance de la Iglesia y asegurar su crecimiento y eficiencia; pero el método de Dios es el hombre, la Iglesia busca mejores métodos pero Dios busca mejores hombres”.
¿Qué significa esto? Que Dios no está buscando de usted un método, Dios está buscando de usted un instrumento, un vaso nuevo que Él pueda usar para llenar con esa agua que Él tiene para lavar los pies de las multitudes. Él necesita esa vasija y nosotros como siervos de Dios, debemos empezar a apartar vasijas para el Señor, colgarnos la toalla y decir:
“Señor, yo te voy a servir me pongas donde me pongas, no importa. Los títulos ya los colgué, Señor, y te los agradezco, pero para servirte no son importantes”. ¿Por qué? Porque, aunque no hay que subestimar nuestros títulos, nuestro esfuerzo y nuestra preparación, lo que Dios busca es la disposición de nuestro corazón humilde para servir. La preeminencia no, porque Dios quiere que nosotros seamos relevantes, no exitosos.
Tenemos que ser relevantes como hijos de Dios. El éxito es algo que va a venir al lado de la relevancia, pero si nos quedamos solamente con el éxito sin el servicio, vamos a estar incumpliendo lo que Dios tiene para nosotros.
Acuérdese, usted puede buscar mejores métodos, pero eso no es lo que le va a dar el crecimiento, el crecimiento lo va a dar que nosotros seamos mejores hombres o mujeres de Dios.
Hace un tiempo le preguntaban en campaña a un presidente que después cayó en la oficina oval, si la vida privada era importante para ejercer su vida pública, y aunque su respuesta en el momento fue no (e hizo tambalear a todo un país e incluso tuvo que salir luego a pedir perdón por las consecuencias de sus actos en privado), la respuesta correcta es un rotundo sí. La vida privada define el ministerio público que nosotros tenemos porque la verdad es que lo que otros ven no es lo que decimos, sino lo que vivimos. Hay un dicho que dice que talvez nosotros seamos la única Biblia que otros puedan leer. Como dice Hebreos 13:7, que nosotros podamos mirar a los líderes que nos comunicaron la Palabra de Dios y que podamos hacer dos cosas: considerar su estilo de vida e imitar su fe.
Y la verdad, aunque yo conozca y hable mucho, aunque tenga un montón de títulos colgados en la pared y un discurso extraordinario, si cuando ustedes consideran mi estilo de vida no pueden decir: “lo quiero imitar”, estamos mal. Porque el estilo privado define el estilo público. Si no, seríamos hipócritas. El estilo privado, como usted se conduzca en privado, sin duda define su acción pública. Y eso, justamente es lo que quiere Dios cuando vemos que busca mejores hombres y no mejores métodos.
Foto: Timur Weber – Pexels (Imagen usada bajo licencia Creative Commons)

