El antónimo de la heterosexualidad

por Revista Hechos&Crónicas
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El sexo es un tema de candente actualidad mundial. La fornicación, el adulterio, el homosexualismo, la promiscuidad, han llegado a extremos nunca antes conocidos en la historia humana. La idea que podríamos considerar esencialista en esta materia es la siguiente: La Biblia dice sobre la especie humana que Dios “varón y hembra los creó”, de donde queda claro que la pareja heterosexual es la culminación del plan divino.

Muchos piensan, erróneamente, que la palabra “homosexual” se deriva de la raíz latina homo, que significa hombre; sin embargo, su prefijo proviene propiamente del griego omos, que quiere decir “igual”; por eso define a las personas de ambos géneros –masculino y femenino- que prefieren relacionarse sexualmente con quienes pertenezcan a su propio sexo. Semánticamente, homosexual es el antónimo de heterosexual, vocablo que define a quienes, por el contrario, practican la sexualidad con alguien del otro género, ya que hetero significa “opuesto”.

La homosexualidad no es un problema posmoderno, ni tuvo origen humano. Los estudiosos cristianos, independientemente de su orientación doctrinaria, aceptan por lo general, que ángeles caídos -curiosamente identificados por la Nueva Era como extraterrestres- trajeron semejante aberración a este planeta, junto con la idolatría, los horóscopos, el curanderismo y otras viejas novedades, descritas minuciosamente en el libro apócrifo de Enoc. Tales demonios, tangencialmente mencionados por la Biblia, en alguna forma -acaso por medio de posesos-, lograron comerciar carnalmente con las hijas de los hombres. (Leer Génesis 6:1-2).

Según Judas 6-7, estos seres cayeron en prácticas antinaturales, afirmación que no admite dudas sobre la índole del pecado que la Biblia les imputa y que no es otro que la sodomía. En efecto, las mujeres cambiaron las relaciones naturales por las que van contra la naturaleza. Así mismo los hombres dejaron las relaciones naturales con la mujer y se encendieron en pasiones lujuriosas los unos con los otros. Hombres con hombres cometieron actos indecentes, en sí mismos recibieron el castigo que merecía su perversión. Romanos 1: 26a-27.

La desviación homosexual tuvo, pues, inspiración demoníaca, lo cual explica el que su práctica se halle ligada, en algunos casos, a ritos satánicos. Los hieródulos, o esclavos sexuales consagrados al servicio de un templo, están otra vez de moda en cultos clandestinos, pero eran ya conocidos en los tiempos de Tamuz.

La Sagrada Escritura es terminante en reprensiones al homosexualismo; de hecho, puede contarse casi medio centenar de pasajes bíblicos que se refieren al tema en forma condenatoria. El libro de Levítico advierte en lenguaje que no admite dudas: No te acostarás con un hombre como quien se acuesta con una mujer. Eso es una abominación. Levítico 18:22.

El mismo autor es tajante sobre la suerte de los afeminados y los que se echan con varones: No heredarán el Reino de Dios. Pero la misericordia vence, si hay arrepentimiento. He aquí una llave que algunos extraviaron: el cristianismo no es discriminatorio, sino inclusivo; cualquier persona cabe en él. Un espíritu de piadosa comprensión permitirá al homosexual -como a todo pecador recibir el perdón divino y la regeneración en Cristo. Un falso concepto de la tolerancia prefiere dejar las cosas como están; pero cristianismo es nuevo nacimiento, el cual se produce en la vida actual, que es la única sobre la tierra.

Por: Rev. Darío Silva-Silva. Fundador y presidente de Casa Sobre la Roca, Iglesia Cristiana Integral.

Foto: Freepik (Foto usada bajo licencia Creative Commons)

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