Opinión – Testigo presencial

por Revista Hechos&Crónicas
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Un hombre extraordinario, íntegro, pero como muchos de nosotros, imperfecto, y como pocos, transparente.

Parafraseando las palabras de Lucas al comenzar su Evangelio, diré: Muchos han intentado hacer un relato de las cosas que se han cumplido entre nosotros, tal y como las presencié yo, que fui testigo directo, de tu tiempo en el exilio… transmitiéndolas para dejar testimonio de tu paso por estas tierras.

Por lo tanto, querido lector, habiendo acompañado a su pastor en su paso por estas tierras, con esmero desde su origen, he decidido escribírtelo ordenadamente, para que llegues a tener plena seguridad de lo que te hayan podido contar:

Cuando entregamos nuestra vida a Jesús allá en el 95, yo aún trabajaba en la Revista Visión de Política y Economía Latinoamericana. Cuando, en un viaje a Colombia, decido contar mi testimonio de conversión a Jesús a los colegas del buró de noticias colombiano, recuerdo que, uno de los ejecutivos me comentó de un periodista muy famoso que luego de convertirse fundó una de las iglesias evangélicas más relevantes del país. Deberías conocerlo, me dijo. Me gustaría conocerlo, pensé. No podría mi imaginación haber anticipado, ese mayo del año 2000, cuando de la mano del pastor Luciano Jaramillo, irrumpió en nuestra “esfera” el famoso periodista y pastor Darío. Las circunstancias, conocidas: Siendo ya presidente de Editorial Vida y Darío un reconocido pastor, pionero en Latinoamérica en abrazar la traducción NVI para sus congregaciones, lo invitamos a ser el orador invitado en Expolit. El “Ángel” que siempre llevaba a su lado y mi esposa Patricia se sentaron con nosotros en esa mesa de honor en el banquete.

A partir de allí, la historia… Amigos, colegas, confidentes, paño de lágrimas. Un hombre extraordinario, íntegro, pero como muchos de nosotros, imperfecto, y como pocos, transparente. Su casa, su oficina, su biblioteca, su música, su memoria prodigiosa, su billetera generosa, permitía ver sus virtudes, muchísimas, y sus debilidades, poquísimas. Sus amigos, siempre estaban a flor de labio en cada cuento; su tierra, su añoranza; su esposa, su vida; sus hijas, sus sobrinas y sus esposos, su orgullo; sus nietos, su debilidad, su esperanza, su proyección; sus bisnietos llegarían luego para multiplicar exponencialmente esa mezcla de amor, temor, dolor por lo que pudiera venirles.

El pastor Darío Silva-Silva y su esposa Esther Lucía junto al presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, y a su lado el pastor Esteban Fernández y su esposa Patricia, durante el homenaje al fundador de la iglesia Casa Sobre la Roca en 2014.

En fin. Quería hablar de la humanidad de un hombre cabal. Fue el único, repito, único, que cuando me retiré a cuarteles de invierno, quiso homenajearme públicamente. Cuando muchos otros ya estaban borrándome de sus agendas, no se demoró en organizar y costear nuestro viaje con el esplendor que lo caracterizaba a la hora de dar.

Una última cosa que presencié en mi oficina de Miami, antes de su regreso a su patria amada: En una reunión con los directivos de una importante universidad cristiana, uno de representantes que fluía en el ministerio profético nos dio una palabra a cada uno. A mí me hablo de pedirle a Dios los medios de comunicación, luego se para, le impone las manos a Darío y le dice: “Me dice El Señor que tu salud está muy bien y que vas a vivir muchos años, que cuando quieras irte, le digas y Él te lleva”.

Un centenar de conferencias en diferentes centros de estudio y de foros latinoamericanos…

Cientos de millas voladas, de grabaciones de radio, TV, videos…

Cientos de líneas editoriales en su amada H&C, la revista….

Una colección de libros de su autoría…

Y hasta hacerlo participar en uno de los roles protagónicos de una película premiada…

Usar bastón para darle peso a su papel…

Comer tacos en un chiringuito de chapa en medio del sol de Tucson…

Dormir en un hotel 1/2 estrella en Puerto Rico…

Muchas cosas, muchas, muchas.

Amigo, se ve que estuviste hablado al respecto con Dios ha ce unos días…

Nos prometimos un viaje a Tarqui, Huila…. pero nos quedó pendiente, nos prometimos novelar la vida con el tío Oliverio… pero nos quedó pendiente, nos prometimos publicar una Biblia de Estudio de Teología Integral NVI… pero nos quedó pendiente.

La iglesia de Latinoamérica no lo olvidará, los medios latinoamericanos no lo olvidarán, la familia de Casa Roca alrededor del mundo no lo olvidará. Sus amigos, nosotros «Los Fernández», su familia, pero, sobre todo, su amada Esther Lucía, su ángel y su corazón, nunca lo olvidarán. Hasta pronto.

Por: Esteban Fernández. Pastor y Presidente del ministerio de capacitación a líderes “Nuestra Fortaleza”.

Foto: Archivo particular. 

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