La Copa Mundial de la Fifa 2026 finalizó y nos dejó momentos increíbles, récords batidos, momentos inesperados y sobre todo mucho fútbol.
Más allá del torneo, este deporte nos regaló varias lecciones de sacrificio, fracaso y esperanza que reflejan el poder de Dios.
Jérémy Doku: renunciar a la gloria y a la aprobación para agradar al Señor
El 22 de junio, mientras Bélgica disputaba el Mundial, Jérémy Doku recibió la noticia de que el nacimiento de su primer hijo era inminente. El futbolista decidió regresar a Londres para acompañar a su esposa, Shireen, durante el parto. La decisión generó críticas, especialmente después de que la presentadora France Pierron cuestionara públicamente la importancia de la presencia del padre durante el nacimiento de un hijo. L’Équipe terminó disculpándose por los comentarios de su presentadora.
Doku, sin embargo, había sido claro desde antes: quería estar presente en el nacimiento de su primer hijo. Finalmente, el pequeño Praise nació el 22 de junio y el jugador regresó posteriormente a la concentración de la selección belga.
Más allá de la polémica, la decisión de Doku permite plantear una pregunta importante: ¿qué estamos dispuestos a sacrificar por aquello que realmente consideramos valioso?
El futbolista belga ha hablado públicamente de su fe. En el último episodio de su documental The Truth That Opened My Eyes, publicado en YouTube, expresa su deseo de vivir de tal manera que, al encontrarse con Dios, pueda escuchar las palabras de Mateo 25:21: ¡Hiciste bien, siervo bueno y fiel! Su mayor aspiración, según sus propias palabras, no es únicamente alcanzar la gloria deportiva, sino llegar a la presencia de Dios.
Desde esa perspectiva, su decisión resulta significativa. Doku no escogió simplemente entre el fútbol y su familia; escogió entre dos prioridades que, en ese momento, competían por su presencia. Y decidió estar junto a su esposa en uno de los momentos más importantes de sus vidas.
La Biblia presenta la familia como una responsabilidad que no debe ser tratada como secundaria. Efesios 5:25 llama a los esposos a amar a sus esposas así como Cristo amó a la iglesia, mientras que 1 Timoteo 5:8 recuerda la responsabilidad de cuidar de los propios. El amor cristiano no se limita a las palabras: también se manifiesta en la presencia, el sacrificio y la disposición a estar allí cuando más se necesita.
Para quienes seguimos a Jesús, la lección es clara: no toda oportunidad que el mundo considera imperdible debe convertirse en nuestra máxima prioridad. A veces, agradar a Dios implica decepcionar ciertas expectativas humanas. Y, en ocasiones, la verdadera victoria consiste precisamente en reconocer qué cosas no estamos dispuestos a sacrificar.
Lionel Messi: aun cuando todo está perdido
«Lloré porque sentí que le había fallado al grupo, pero Dios una vez más tenía algo especial preparado para mí».
Estas fueron las palabras de Lionel Andrés Messi después de la agónica victoria de Argentina sobre Egipto en los octavos de final del Mundial. Aquel día, muchos pensaron que la selección argentina estaba a punto de quedar eliminada. Faltando poco más de 20 minutos para el final, la Albiceleste perdía 2-0. Messi, además, no había tenido su mejor partido y había fallado un penalti que, en ese momento, podía significar el empate.
Sin embargo, cuando todo parecía perdido, Argentina no bajó los brazos. Entre los minutos 79 y 93, la selección marcó tres goles y consiguió darle la vuelta al partido. Messi fue elegido como la figura del encuentro después de marcar un gol y dar una asistencia. Lo que parecía una eliminación terminó convirtiéndose en una de las remontadas más dramáticas del torneo.
Cualquier espectador pudo sentir que aquel partido parecía escrito por un guionista de ficción. Pero, más allá del resultado deportivo, la escena nos recuerda algo que los creyentes conocemos bien: no siempre podemos interpretar correctamente una historia mientras todavía la estamos viviendo.
La Biblia presenta una historia similar en la vida de José. En un principio fue rechazado por sus hermanos y vendido como esclavo a Egipto. Desde su perspectiva, su vida parecía avanzar en la dirección opuesta a cualquier promesa. Sin embargo, con el tiempo, terminó ocupando una posición de autoridad junto al faraón.
Esto no significa que todo sufrimiento terminará necesariamente en una victoria visible, ni que Dios siempre resolverá nuestras circunstancias de la manera que esperamos. Pero sí significa que el creyente no debe confundir un capítulo doloroso con el final de la historia.
Cuando todo parece perdido, la fe no consiste en fingir que nada está mal. Consiste en seguir confiando en Dios incluso cuando todavía no podemos ver cómo terminará la historia.
Ferran Torres: Siempre hay un gol por delante
Todos hemos vivido momentos de desesperación y en los que le pedimos al Señor que, por lo menos, una cosa pueda salir bien.
Así parecía encontrarse Ferran Torres durante buena parte del Mundial. El delantero español fue objeto de críticas y burlas por parte de algunos aficionados y tuvo un comienzo complicado en el torneo. En uno de sus primeros partidos, ante Cabo Verde, falló varias oportunidades. Posteriormente, frente a Arabia Saudita, consiguió marcar un gol que finalmente fue invalidado.
Mientras el árbitro revisaba la jugada, las cámaras enfocaron al delantero español. Su rostro reflejaba la ansiedad de quien parecía estar rogando que, por una vez, algo saliera bien. Aquel gol habría significado el 5-0 para España y, desde una perspectiva estrictamente deportiva, no habría cambiado demasiado el destino del partido. Pero para Ferran parecía significarlo todo.
Era un desahogo. Un respiro. La posibilidad de sentir que, por fin, una jugada había salido bien. Pero el gol no fue convalidado.
A muchos nos ocurre algo parecido. En este mundo caído experimentamos fracasos, decepciones y momentos en los que nos encontramos contra las cuerdas, pidiéndole a Dios que nos permita marcar, al menos, un pequeño «gol». Y cuando ese gol no llega, podemos sentir que todo está perdido.
Sin embargo, la historia de Torres tuvo un giro inesperado. El gol sí llegó. Pero no en un partido cualquiera: llegó en la final del Mundial, el 19 de julio de 2026, en el minuto 106, frente a Argentina. Su celebración —un grito desaforado, cargado de emoción— parecía decir: «Por fin fue gol». España se consagró campeona del mundo gracias a ese tanto.
Después de la final, Ferran habló sobre las críticas que había recibido durante el torneo y afirmó que «el destino está escrito», además de agradecer a Dios por darle las fuerzas para continuar.
La historia, sin embargo, merece una precisión importante desde la fe cristiana: no siempre el «gol» que esperamos llegará de la manera que imaginamos. Y no toda decepción será compensada con un éxito visible. Nuestra esperanza no puede depender de que Dios nos conceda exactamente aquello que deseamos. Pero sí podemos aprender a no quedarnos atrapados en los goles que no se dieron.
El apóstol Pablo escribió en Filipenses 3:13: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante. El pasado puede enseñarnos, pero no debe convertirse en una prisión. Hay oportunidades que no regresarán, relaciones que terminaron, proyectos que fracasaron y puertas que nunca se abrieron. Aun así, la vida con Dios continúa.
Tal vez el «gol» que tanto esperábamos no llegue. Pero, en cualquier caso, nuestra tarea es seguir caminando con Dios, sin permitir que los fracasos del pasado nos impidan avanzar hacia lo que Él todavía tiene por delante.
El mundial terminó, los jugadores regresarán a sus clubes, los aficionados seguirán estando, las estadísticas quedarán registradas, pero hay preguntas que estos momentos nos dejarán para siempre: ¿qué priorizamos en nuestra vida? ¿qué actitud tomamos cuando todo parece perdido? Y ¿en dónde está nuestra confianza cuando nuestros planes fracasan?

