Opinión – El llamado de una mujer verdadera

por Revista Hechos&Crónicas
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En medio de agendas llenas, debemos estar atentas a oportunidades para acompañar, instruir y animar. 

«Acercándose Jesús, les dijo: “Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado; y recuerden: Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo». Mateo 28:18-20.

En la Gran Comisión encontramos el corazón del discipulado: vivir y enseñar a otros a guardar lo que Jesús ha mandado. Es caminar juntas hacia la ciudad celestial, aferradas a Cristo sin volver atrás.

¿Cómo cumplir este llamado? Tito 2 nos muestra que, para nosotras, el discipulado ocurre en relaciones intencionales entre mujeres. Las mayores enseñan a las más jóvenes a amar a Dios, a sus familias y a vivir con pureza, prudencia y obediencia, para que la Palabra no sea desacreditada.

Este modelo nos recuerda que cada creyente está llamada a ser discípula y discipuladora. En medio de agendas llenas, debemos estar atentas a oportunidades para acompañar, instruir y animar. No es un llamado cómodo. Implica morir al yo y servir con constancia. A continuación, algunas maneras prácticas de vivirlo.

Primero, recuerda y ora. El discipulado debe ser una prioridad real, no un deseo abstracto. Inclúyelo en tu agenda. Depende del Espíritu Santo y de la Palabra. Ora por tus hermanas y con ellas. Solo Dios transforma corazones y da crecimiento. Pídele sensibilidad para ver necesidades y valentía para acercarte. La oración profundiza el amor.

Segundo, planifica y comparte recursos fieles a la sana doctrina. Organiza lecturas, conversaciones o grupos pequeños donde puedan estudiar juntas.

Tercero, lean juntas la Biblia. Un plan de lectura compartido fomenta perseverancia y rendición de cuentas. Al dialogar sobre lo aprendido, la Palabra se vuelve viva y eficaz en medio de ustedes, produciendo ánimo y corrección.

Cuarto, crea espacios de estudio bíblico presenciales. Reunirse para examinar un libro de la Biblia permite conocerse mejor, compartir luchas y orar unas por otras. Bajo la autoridad de la Palabra, somos confrontadas, edificadas y consoladas. De estos encuentros surgen conversaciones más profundas y oportunidades de cuidado pastoral.

Quinto, organicen clubes de lectura con libros centrados en la feminidad bíblica y el crecimiento espiritual.

Sexto, cultiva relaciones cercanas. Escucha sus cargas, pregunta por sus necesidades y comparte la vida cotidiana. Un mensaje durante la semana o una conversación sencilla después del culto puede fortalecer vínculos y abrir puertas para el consejo.

Séptimo, sirvan juntas de forma práctica. Ayuden a hermanas con necesidades, visiten a otros y estimúlense al amor y a las buenas obras. El discipulado no es solo teoría, sino vida compartida.

Octavo, sé ejemplo. Modela obediencia, humildad y dependencia de Cristo. Busca también ser discipulada. No basta hablar; nuestra vida debe reflejar lo que enseñamos.

Nuestras agendas siempre estarán llenas, pero no esperes el momento perfecto. Jesús tiene toda autoridad y prometió estar con nosotras hasta el fin. Confiadas en Él, discipulemos con intención y esperanza.

Por: Yeimy de Robainas. Líder del ministerio para mujeres en la congregación “Escogidos por Gracia”. Coordinadora del proyecto Redimida de Verdad y escritora en Aviva Nuestros Corazones y Ella Florece.
Foto: Priscilla Du Preez (Unsplash) 

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