La pluma NGC

por Revista Hechos&Crónicas
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Con frecuencia surge una pregunta: ¿Qué diferencia hace la educación en un colegio cristiano? Y sin duda pueden compartirse muchos puntos de vista; incluso argumentos interesantes que podrían esgrimirse como características positivas de colegios seculares.


Proponemos una respuesta al interrogante planteado que apoya el inmenso valor que tiene la educación cristiana, y es el hecho de que, al encontrar un colegio cristiano para los hijos, se encuentra -entre muchas otras cosas un aliado en el desarrollo de competencias que resultan definitivas para que ellos puedan descubrir su sentido personal de utilidad, impactar a otros y dar gloria a Dios.

En medio de un ambiente académico que pregona las sonadas competencias para el siglo XXI es pertinente pensar ¿cuál podría ser el criterio para privilegiar ciertas competencias en las instituciones educativas cristianas? la respuesta está ligada con recordar que cada misión educativa nació primeramente en el corazón de Dios y goza un ADN particular, que da forma a un perfil del estudiante.

Alguien mencionó cierta vez que es un buen símil pensar que el equivalente al “nombre” es: colegio cristiano, pero que el “apellido” es ese diferenciador que responde a cómo cada institución educativa forma parte del cumplimiento del plan de Dios acá en la tierra, cada uno desde una arista singular.

De allí que es a lugar que los padres formulen la pregunta ¿cómo se ve reflejada la misión del colegio en su énfasis en el proceso de enseñanza aprendizaje? En el caso del Nuevo Gimnasio Cristiano la impronta de nuestro fundador, el pastor Darío Silva-Silva, con su destacada trayectoria periodística, ha orientado la intencionalidad curricular, los recursos educativos elegidos, las experiencias significativas de aprendizaje y los contextos que se proveen para que el estudiante dé cuenta de su saber hacer.

Así es como en esta edición de la revista H&C publicamos escritos que muestran la pluma de varios estudiantes del NGC, merecedores de galardones, meses atrás en un concurso de oratoria. Estas competencias de producción textual, expresión oral, creatividad e incluso apologética, permiten que los estudiantes logren entregar el mensaje de las buenas nuevas de Jesús, con pertinencia y autoridad.

En esas líneas escritas por estudiantes del NGC resulta evidente que la integración bíblica que persigue un colegio cristiano se entrelaza orgánicamente en todas y cada una de las metas de aprendizaje, hasta llegar a ser evidente a la hora de expresarla en sus escritos sobre Dios, sobre su apreciación de la creación y sobre los aspectos más tiernos de su preciosa vida. Esto bien puede contarse como otra evidencia de que aprender a expresarse con propiedad es aún más valioso en el contexto de una institución educativa cristiana que promueve ese diálogo de su fe, como una conexión personal y vital con su Creador.

Cierto es que -como lo expone John F. MacArthur en su clásico libro “Doce hombres comunes y corrientes”- lo importante no eran los hombres escogidos por Jesús para seguirle y sus características en sí, sino la tarea a la que fueron llamados y que dependen por completo del poder del Espíritu Santo. Sin embargo, desde la academia cada maestro y formador deberá brindar todos los saberes, recursos, competencias y experiencias, en su rol de discipulador de generaciones, tal como Jesús lo ejerció en su ministerio de este lado del cielo.

Foto: Montaje con fotos de la revista Hechos&Crónicas y de Khoiru Abdan en Unsplash.

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