El amor no tiene forma de corazón

por Jennifer Barreto
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La Biblia está impregnada de amor desde el inicio hasta el fin porque su mensaje central es la revelación del amor de Dios hacia la humanidad.

Este amor no es solo un sentimiento, ni un dibujo en forma de corazón, sino una acción constante, redentora y transformadora que atraviesa cada página, desde Génesis hasta Apocalipsis.

Y pido que, arraigados y cimentados en amor, puedan comprender, junto con todos los creyentes, cuán ancho y largo, alto y profundo es el amor de Cristo. En fin, que conozcan ese amor que sobrepasa nuestro conocimiento, para que sean llenos de la plenitud de Dios. Efesios 3:17b-19.

Clases de amor  

Ágape: es la palabra que describe el amor sacrificial e incondicional de Dios. En Juan 3:16 leemos: Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Se nos manda amar a Dios (Mateo 22:37) y amarnos unos a otros (Juan 13:34) con ese amor ágape que leemos en 1 Corintios 13.

Phileos: Se refiere al amor cálido o amistad entre amigos o familia. Por ejemplo, se usa en Mateo 10:37 para indicar amor por padre y madre o hijo e hija. Philos era la palabra que se usaba para referirse al amor de Jesús por su amigo Lázaro (Juan 11:3,36) y su amor por su discípulo (Juan 20:2).

Eros: Se refiere al amor físico o sexual que podemos leer en el libro de Cantares. Este se afirma en el Nuevo Testamento (1 Corintios 7:5; Hebreos 13:4).

Tres reflexiones

1 – Amar, el mayor mandamiento

Jesús resumió toda la ley en dos mandamientos que giran en torno al amor: Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente… Ama a tu prójimo como a ti mismo. Mateo 22:37-39.

Este doble mandamiento revela que el amor no es opcional, es esencial.

2- Sí al amor romántico

Fuerte es el amor como la muerte… Las muchas aguas no pueden apagar el amor. Cantares 8:6-7.

3 – El mayor acto de amor en la Biblia es el sacrificio de Jesús en la cruz

Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros. Romanos 5:8.

Un amor que no espera perfección, sino que transforma por gracia.

El amor da salud

¿Sabías que las personas que se sienten amadas y valoradas tienen niveles más bajos de ansiedad y depresión? ¿Sabías que el amor activa áreas del cerebro relacionadas con el placer y la recompensa, como el sistema límbico, liberando dopamina, oxitocina y serotonina, conocidas como las “hormonas de la felicidad”?

  • El estudio sobre el Desarrollo Adulto de la Universidad de Harvard, muestra que aquellos que mantienen relaciones afectivas saludables tienen mayor resiliencia emocional y mejor autoestima.
  • Por otra parte, la Universidad de Carolina del Norte asegura que una relación de pareja estable ayuda a reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares, baja la presión arterial, mejora la calidad del sueño, disminuye el insomnio y se tiende a tener una mayor esperanza de vida.
  • El amor fortalece el sistema inmunológico, ayuda al cuerpo a combatir infecciones y a recuperarse más rápido. El contacto físico afectuoso (como abrazos) reduce los niveles de cortisol, la hormona del estrés.
  • Según la neurocientífica Stephanie Cacioppo, el amor es una necesidad biológica tan vital como el agua o el alimento.
  • La bióloga americana Sue Carter, del Instituto Kinsey, destaca que el amor ayuda a reducir el riesgo de enfermedades crónicas, mejora la recuperación tras cirugías o enfermedades y trae mayor bienestar emocional.

Y el corazón ¿en Dónde queda?

 En el libro El eterno presente del pastor Darío Silva-Silva encontramos la siguiente reflexión: “Rafael Núñez dejo poemas brillantes y, también, algunos ripios literarios; pero acertó en toda la línea cuando dijo que ‘el corazón del hombre es un abismo inescrutable’. Jeremías lo ha calificado de perverso y se pregunta, perplejo: ¿Quién lo conocerá?  Salomón recomienda a su hijo que guarde, cuanto lo primero, el corazón. Jesús mismo descifra la clave de la conducta humana:

Porque de adentro, del corazón humano, salen los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, el engaño, el libertinaje, la envidia, la calumnia, la arrogancia y la necedad. Todos estos males vienen de adentro y contaminan a la persona. Marcos 7: 21-23.

Del corazón humano salen los malos pensamientos. El hombre primero piensa y después siente. De la mente al corazón, del pensamiento al sentimiento viene la contaminación. Por eso Ezequiel profetiza un cambio de corazón, un trasplante por medio del cual se muda la piedra en carne en el interior del ser humano. La palabra corazón en la Biblia no describe simplemente al músculo que sirve de ariete para mover la sangre física, sino al ser íntimo de la persona, propiamente lo que se conoce como ego. Pero si cambiamos la manera de pensar, cambiará la manera de sentir”.

Llena tu corazón del amor de Dios

¿De qué llenas tu corazón? ¿Qué tanto de Dios tienes en tu interior? ¿Por qué es clave llenarnos con su amor?

– Porque el corazón humano tiene un vacío que solo Dios puede llenar, y cuando está lleno de Dios, deja de buscar en lo temporal lo que solo lo eterno puede ofrecer.

– Porque el amor de Dios sana, restaura y da propósito. Su amor no solo consuela, sino que transforma: nos da identidad como hijos, nos libera del temor y nos capacita para amar a otros.

– Porque un corazón lleno de Dios vive con pasión, santidad y dirección. Amar a Dios con todo el corazón nos lleva a vivir con integridad, obediencia y gozo, incluso en medio de pruebas.

– Porque el amor de Dios nos capacita para amar verdaderamente. Solo cuando nuestro corazón está lleno de Dios, perdonamos sin reservas y servimos con humildad.

Y recuerda que el amor de Dios, como dice Efesios 3:17–19, es más ancho, largo, alto y profundo que cualquier forma visible. No cabe en un símbolo, ni en un órgano. El verdadero amor no tiene forma de corazón… porque es más profundo que el corazón.

Foto: DS stories (Pexels)
Por: Jennifer Barreto –  jennifer.barreto@revistahyc.com

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