Panorama de la ayuda internacional y local que sostiene al país vecino tras los sismos.
Han pasado casi dos meses desde el doblete sísmico que sacudió a Venezuela el 24 de junio de 2026. Dos terremotos de magnitudes 7,1 y 7,5, separados por apenas 39 segundos, dejaron una huella imborrable en la historia del país. El balance oficial actualizado habla de más de 5.400 fallecidos, más de 17.000 heridos y más de 23.000 personas viviendo en campamentos temporales. La magnitud del desastre lo convierte en el evento sísmico más devastador en más de un siglo en la región norte del país.
Las escenas de dolor se multiplicaron en Caracas, La Guaira y Miranda, donde se concentran los damnificados. “Sentí que la tierra se partía en dos. Corrí con mis hijos y apenas logramos salir antes de que el edificio colapsara. Perdimos todo, pero estamos vivos, y eso es lo que agradezco a Dios”, recuerda María Fernanda, 36 años, en La Guaira. Un bombero voluntario en Caracas resumió la tensión: “Cada vida que logramos sacar de los escombros nos dio fuerzas para seguir”.
La magnitud de la tragedia movilizó una ola de solidaridad global. Más de 15 países y organismos multilaterales enviaron apoyo. Colombia desplegó un hospital de campaña y más de 154 toneladas de ayuda humanitaria; México envió 250 elementos del Ejército y Fuerza Aérea junto a 18 binomios caninos (equipos de trabajo formados por un manejador humano y un perro entrenado); Estados Unidos aportó equipos de rescate y 150 millones de dólares en asistencia; España y Francia enviaron brigadas especializadas en estructuras colapsadas; Argentina sumó personal médico y equipos de rescate; y otros países europeos como Italia, Alemania, Países Bajos y República Checa participaron bajo el Mecanismo de Protección Civil de la Unión Europea. La ONU y la Cruz Roja Internacional coordinan la distribución de alimentos, agua potable y medicinas en los campamentos de damnificados.
En medio del dolor, la solidaridad se convirtió en refugio. “La iglesia se transformó en albergue. Dimos comida, cobijo y oración. La fe nos recuerda que no estamos solos, incluso cuando todo parece perdido”, dice el pastor José en Yaracuy.
Vecinos ayudando a vecinos, rescatistas trabajando sin descanso y naciones enteras que continúan extendiendo su mano muestran que la compasión sigue siendo más fuerte que la tragedia.

La ayuda de la Fundación M.A.S.
Aunque gran parte de la ayuda internacional no ha llegado a Venezuela debido a las sanciones financieras, trabas administrativas, logística limitada, y centralización gubernamental, la Fundación MAS (Misericordia, Amor y Servicio), respaldada por la iglesia Casa Sobre la Roca, logró abrir un camino directo de apoyo a los damnificados. La organización decidió centralizar las donaciones en una cuenta única nacional en Bancolombia, garantizando transparencia y rapidez en la entrega de recursos.
Bajo la coordinación del Pastor Gabriel Blanco de Valientes Church, los fondos se han destinado a necesidades específicas de las comunidades afectadas tras la devastación.
Hoy, en agosto, el llamado es a mantener viva la memoria y la esperanza. Orar por Venezuela, por quienes aún buscan a sus seres queridos, por los heridos que luchan por recuperarse, por los rescatistas que arriesgan sus vidas y por las autoridades que enfrentan una de las emergencias más complejas de las últimas décadas.
Que la fe levante el ánimo de quienes lloran; que Dios conceda consuelo a los afligidos, fortaleza a los cansados y protección a quienes continúan trabajando para salvar vidas y reconstruir las zonas devastadas. Porque incluso cuando la tierra se mueve bajo nuestros pies, las promesas de Dios permanecen firmes.

