Jueves, 16 Febrero 2017 16:25

La restauración está en Jesús

Mi nombre es César Tamayo y cuento mi historia como testimonio vivo del poder de sanidad y restauración que Dios ha hecho en mi vida.

Debido a diferentes circunstancias familiares como el alcoholismo, la infidelidad y la relación deficiente con mi papá, crecí con mucha inseguridad y resentimiento. Sin entender lo que pasaba, comencé a tener algunas experiencias sexuales en juegos de niños que fueron dejando una huella en mi mente y emociones. Además, me sentía bloqueado en la relación con otros niños y me refugiaba en mis hermanas y sus amigas. Al ir creciendo también escuchaba comentarios en tono de murmullo de algunos adultos acerca de mi comportamiento, al parecer amanerado. Sin embargo, nadie hablaba conmigo acerca de este tema o de sexualidad.

En la pubertad comienzan a aparecer pensamientos de confusión muy fuertes acerca de mi identidad sexual. Traté de ignorarlos pero esto me causaba mucha ansiedad. Siendo aun muy pequeño reflexionaba acerca  de estos conflictos y experimentaba sentimientos de rechazo hacia mi papá, porque me enteraba que le era infiel a mi mamá y porque a pesar de proveer lo que necesitáramos y no maltratarnos física o psicológicamente, siempre lo sentí ajeno a mi vida. Además, tomaba con mucha frecuencia.

Después de los 10 años comencé a experimentar mis primeras “borracheras”. El trago se convirtió en el catalizador de tanta ansiedad, así que seguí bebiendo hasta la adolescencia. Por otro lado, los conflictos de identidad sexual no resueltos siguieron creciendo y se manifestaban en fantasías que resultaron en las primeras experiencias homosexuales.

Hubo un momento en el cual traté de asimilar lo que me estaba pasando y no luchar más negando la condición homosexual. Esto me trajo un poco de alivio... pero solo por dejar una encrucijada sin que esto significara lo mejor para mí. Con el paso del tiempo renacían la ansiedad y la insatisfacción propias de mi estilo de vida. Cada experiencia sexual enredaba más mi vida porque no comprendía lo complejo y especial de la sexualidad humana, como un regalo de Dios que podemos disfrutar con principios que dignifican y permiten experimentar amor y bienestar.

Dios siempre estuvo cerca, yo era católico por cultura familiar y recuerdo también meditar en Dios frente a lo que me pasaba. Me decían que Él estaba pendiente de mí y que quería tener una relación conmigo, pero también escuchaba que Él no aceptaba el homosexualismo que yo sentía tan mío, así que pensé que Dios no me aceptaba.

Cuando reconocía que debía dejar adicciones como el alcohol y el cigarrillo, el resentimiento en mí salía para buscar culpables y pensar frecuentemente en mi papá, curiosamente el rencor hacía que mis intenciones por abandonar la adicción declinaran. Desconocer mi identidad espiritual me impedía tener una resolución firme para dejar las adicciones de las que quise librarme más de una vez.

Mi papá murió de repente, pero no sentí ningún dolor por su pérdida. Eso impactó mi mente porque a pesar de todo, no me consideraba un hombre malo. Decidí quedarme acompañando a mi mamá en el duelo. Ella, en medio de su dolor, dejó de escuchar música, de ver televisión, y yo la acompañe en este proceso, sin saberlo, esta desconexión de mi vida cotidiana, dio paso al fortalecimiento de mi relación con Dios y como resultado la sanidad de los conflictos que me abrumaban.

Durante este tiempo deje de consumir alcohol y comencé a asistir a una iglesia, pero mis emociones y pensamientos fluctuaban entre lo que aprendía y había vivido. Me alimentaba constantemente de la Palabra de Dios. Reconocía que necesitaba ayuda y después me centraba en los problemas de los demás. Así transcurrió un tiempo hasta que comprendí que solo con Dios podía hablar. A nadie le quería contar lo que sucedía, le preguntaba a Él todo el tiempo acerca de lo que me pasaba y al pasar el tiempo la oración dejó de ser un monólogo y se convirtió en relación con Dios, en la que aprendía de lo que leía en Su Palabra y como resultado entendí que Dios se comunica aun cuando no soy consciente que lo hace.

Comencé a experimentar que Dios sanaba mi corazón y conocí un grupo de personas que enseñaba fuera de las iglesias sobre la relación con Dios como Padre. Ellos decían que Dios estaba ahí para levantarnos cuando nos caemos, como hace un papá con su hijo y allí hubo mayor entendimiento del plan de Dios, porque hasta ese momento yo pensaba que Dios estaba para señalarme cuando caía, no para ayudarme. Así que empecé a orar por perdonar a mi papá.

Poco a poco Dios me permitió reflexionar y recordarlo de forma diferente… al principio no supe que esto era lo más importante para el proceso de restauración de mi sexualidad, pero así lo fue. De repente por un tiempo ni pensaba en el problema sexual ni en el rencor. Mi autoestima comenzó a mejorar. Al sanar una cosa, Dios estaba transformando otra.

Fue así como noté que mi atracción hacia los hombres perdía fuerza. En la adolescencia había tenido un par de novias pero el problema sexual no me permitía sentir esa atracción que Dios diseñó para el hombre y la mujer. Sin embargo, las cosas cambiaron porque Dios me conquistó. No se trató de buena conducta o de aprender principios cristianos, lo que Dios estaba haciendo conmigo era enseñándome a tener una relación con Él.

Tuve un tiempo de debilidad en el que me dejé convencer de prácticas como masturbación y pornografía, creyendo que era parte del proceso de mi libertad del homosexualismo. Sin pretenderlo, volví a caer en inmoralidad sexual. Es ahí donde Dios me aclara el panorama haciéndome saber que me ama. Dios restauró poco a poco mi corazón y me mostró que no estaba en mis fuerzas. Mi capacidad viene de Dios. Ésta es la confianza que delante de Dios tenemos por medio de Cristo.

No es que nos consideremos competentes en nosotros mismos. Nuestra capacidad viene de Dios. 2 corintios 3:4-5.

Además de la sanidad interior, de perdonar a mi papá y a mí mismo, otra clave en mi proceso fue el arrepentimiento. Comencé a vivir un tiempo de liberación. Dios dice que hay un mundo sobrenatural, que hay espíritus en contra de nosotros y que tenemos autoridad en el nombre de Jesús, así que comencé a ejercerla. Cuando venían pensamientos a mi mente, yo los atacaba en el nombre de Jesús y declaraba libertad en mi vida. Dejé de prestarle atención a la batalla en mi mente porque sabía que era salvo y libre.

Después de un tiempo de servir y compartir mi testimonio de perdón, alcoholismo y cigarrillo, estando en un colegio sentí que debía compartir mi testimonio sobre homosexualismo. Ese día muchos jóvenes pasaron para que oráramos por ellos, pero además comprendí una parte que me faltaba: la confesión de mi pecado. Cuando tenía un problema y lo confesaba, este perdía poder en mi vida y si no lo confesaba, me llenaba de ansiedad. Actualmente el enemigo no tiene nada para amenazarme, porque todo lo he confesado.

Dios me dio su diseño, me dio una vida nueva. Hoy estoy cerca de cumplir cinco años de casado y junto a mi esposa Karen a quien amo demasiado, más de lo que llegué a imaginar, disfrutamos la vida juntos, ella conoce todo de mí y yo de ella. Tenemos un hijo de 18 años con quien convivo desde que nos casamos y acabamos de ser padres de un hermoso bebé. No tenemos nada diferente a cualquier hijo de Dios, solo que sabemos que Él es nuestra vida y cada día vivimos Su misericordia.

Después de ser creyente, estudié psicología. Trabajo para comprender las dinámicas del desarrollo psicosexual. Realizo talleres y seminarios de intervención en colegios, sobre educación sexual, donde se exponen los estereotipos de feminidad, masculinidad y diversidad sexual, reconociendo el impacto que tienen en la construcción de identidad de los niños, niñas y jóvenes. Y sigo compartiendo que somos seres humanos creados por Dios y que Jesús es el salvador y modelo perfecto de identidad para todo ser humano. Soy libre y como dice la Palabra tengo cuidado de mí… Soy hijo de Dios, soy hombre y soy heterosexual. Soy libre y Dios me da esa libertad y paz con el placer indescriptible de conocerlo. La restauración está solo en el Señor Jesús.

Visto 1631 veces

logo-con-transp4

Revista Hechos&Crónicas es la opción perfecta para los lectores que quieren estar bien informados de lo que pasa en Colombia y el mundo. Analiza desde la perspectiva cristiana integral con cifras, datos y hechos, temas sociales, económicos, religiosos, políticos, deportivos, del mundo del espectáculo, entre otros.
Este medio impreso cuenta con el respaldo de la iglesia Casa Sobre la Roca.

 

Contáctenos

Revista H&C

Tel: (571) 6346100 ext 1090
Cel: (57) 320 275 0899
Email: servicliente@revistahyc.com
Dir: Cll 104 # 14a - 22 
Bogotá - Colombia