Jueves, 09 Abril 2015 00:00

¿Por qué falló el secuestro de Darío Silva-Silva?

El milagro de la desaparición de un auto en donde iba el pastor Darío Silva-Silva. Entrevista con Guillermo Rodríguez Molina en la prisión de máxima seguridad en Cómbita, Boyacá.

La cárcel de alta seguridad de Cómbita a 15 minutos de Tunja es, realmente, una cárcel de muy alta seguridad. Y tanto, que en nuestra visita a un interno para este reportaje, con el pastor Darío Silva- Silva, debimos dejar afuera en nuestro auto todo lo que sonara a metales: cinturón del pantalón, anillos, monedas, carteras, bolígrafos, etc., y estampar la huella del índice derecho tanto a la entrada como a la salida, sentarse en una silla electromagnética que detecta metales u otros objetos dentro de las partes nobles de hombres o mujeres que ingresan, incluidos los guardias cuando retornan tras tomar el almuerzo fuera del penal.

Se solicitó un permiso especial para las dos cámaras de televisión que llevaba el pastor Franklin Peña y sus tres asistentes para su programa de televisión Hechos&Crónicas de los sábados a las 8:00 a.m.

Llegamos a la prisión a las 11:00 a.m. y llegamos tarde porque a esa hora los internos hacen filas en sus patios para recibir el almuerzo. A las 5:00 p.m., la comida y muy temprano al otro día el desayuno. La vida transcurre con mucho silencio, como si dentro de los pabellones llamados patios, no viviera nadie.

El penal fue inaugurado el 1 de agosto de 2002 por el entonces ministro de Justicia, el abogado huilense Rómulo González Trujillo y tiene los mismos planos y diseño de la Cárcel Federal de La Florida. El de acá costó unos 15 millones de dólares, y el de La Florida, unos 140 millones de dólares. Cada pabellón tiene 102 celdas de 2 x 3 metros para dos internos con camas de concreto y colchón blando en forma de camarote y tienen cobijas, sábanas, sobre sábanas y almohadas. Hay un salón con un televisor y hay siete pabellones para 204 internos cada uno, con condenas de 10 a 30 años. En total, hay 1.600 internos con 400 vigilantes.

Vimos entrar con su respectivo permiso a varias esposas de internos, muy bien arregladas ellas, bien vestidas para la ocasión de visitar a su esposo, todas en silencio y con la mirada puesta allá lejos como queriendo traspasar los muros porque allá adentro dentro de poco podrán ver a su esposo. Y hay recintos propios para las visitas conyugales que se permiten una hora cada 45 días con la mujer que ellos inscribieron al llegar. Los solteros o gais no entran mujeres ni hombres.

Cuando supuse que serían las 3:00 p.m., estábamos aún en el patio de visitantes al lado de un parque con juguetes infantiles como caballitos de madera, rodaderos y otros juguetes, y sin reloj en nuestra muñeca preguntamos a un guardia de seguridad de la prisión que nos custodiaba: - por favor, ¿qué hora es?- Los guardias no nos parecieron guardias sino respetuosos custodios. Muchos de ellos jóvenes, muy jóvenes. Al que pregunté la hora me respondió mostrándome las muñecas de sus manos vacías: “aquí no se permiten relojes. ¿Y eso por qué? Porque son prohibidas cualquier tipo de joya, porque son metales, y un reloj acá se considera una joya”.

Fuera del edificio del penal hay tres anillos con alambradas de púas, una más alta que las otras, y las demás más altas que las demás. Al ver esas alambradas, y sin necesidad de más, uno desde afuera deduce que es imposible escaparse de ese recinto, e imposible es imposible. Hay, además, tres anillos de seguridad periférica con policía, o ejército o guardianes del Inpec. Este reclusorio es considerado el más seguro y temido en América Latina.

En Tunja hace frío, y en Cómbita hace muchísimo más, aunque en ese viernes de comienzos de marzo el sol brillaba por varios lados, con una que otra nubecilla viajera por ahí vagando, y al lado de Cómbita aún supervive el viejo penal de El Barne.

No fue mucho lo que vimos porque el patio para visitas está relativamente cerca de la entrada. Pero con lo poco que vimos, ciertamente es un penal de alta, y muy Alta Seguridad. Y algo importante: allá permiten tener Biblias y, desde luego, se permite su lectura. Cada semana va un pastor de iglesia cristiana y un sacerdote católico, ambos desde Tunja, para hablar con los internos; con quien quiera, pues no hay privilegios para nadie. Todos son iguales.

Llegan las 5:00 p.m. y debemos salir. Y, claro, es más difícil salir que entrar. Desde luego que así es porque así debe ser. Que el Señor asista a toda la población residente en Cómbita y El Barne, que los asista y los bendiga, incluyendo, claro, a sus directivas administrativas y a todos sus jóvenes guardias.

Ese domingo estaba todo listo para secuestrarlo, pero…su carro se nos perdió

El milagro de la desaparición de un auto en donde iba el pastor Darío Silva-Silva. Entrevista con Guillermo Rodríguez Molina en la prisión de máxima seguridad en Cómbita, Boyacá.

Hechos&Crónicas: En su carta a la Dirección de la revista Hechos&Crónicas, revela que el motivo de fondo es que hace varios años usted iba a secuestrar o a capturar o a retener al pastor Darío Silva-Silva. Y agrega que desea pedirle perdón por ese hecho que les fracasó. ¿Qué pasó realmente para que no pudieran efectuar la captura?

Guillermo Rodríguez Molina: La retención se iba a realizar en Bogotá, un domingo en la tarde pero…

H&C: luego de una pausa del entrevistado, que sirvió para restregarse los ojos que soltaban algunas lágrimas, repetimos la pregunta: ¿qué pasó?

G.R.M.: Eso fue en 1999 y en el 2000 esto yo lo dije en Justicia y Paz, pues pertenecía allí y debíamos hablar de todos los delitos que hemos cometido. Mi vida fue bastante compleja, pues yo pertenecía a las Fuerzas Armadas y después de esto, por cuestiones de la vida, vine a conocer de la guerrilla. Estando precisamente en un grupo urbano se nos encomendó con una orden exacta y expresa que nos fue dada por Jorge Briceño alias el “Mono Jojoy”, secuestrar a un pastor en Bogotá, y ese pastor debía ser Darío Silva-Silva y fue así como se le hizo un seguimiento de inteligencia sobre sus recorridos durante varias semanas…y otros pormenores para retenerlo en Bogotá.

Ya habíamos realizado en esa época bastantes secuestros de empresarios en la capital y cuando fuimos a retener al pastor Darío Silva-Silva sucedió algo inesperado. La primera vez que lo estuvimos siguiendo, no pudimos capturarlo por cuestiones de logística.

H&C: ¿Por qué? ¿Cuál logística?

G.R.M.: Nos faltaron algunas personas que debían acompañarnos y no llegaron en el momento indicado. En otra ocasión, cuando lo seguíamos, ya estaba todo listo… lo íbamos siguiendo en dos carros y siempre teníamos el mismo modus operandi, esa vez íbamos detrás del pastor Silva cuando había salido de una iglesia por allá en la calle 103 arribita de la carrera 15, y ya teníamos todas las indicaciones, ya le habíamos hecho todos los estudios de estrategia, ya sabíamos más o menos qué ruta iba a tomar, todo estaba planificado.

Cuando íbamos detrás de su vehículo intempestiva e inesperadamente sucedió algo tremendo porque yo era el que organizaba el grupo y la operación, yo era quien daba las órdenes y las personas que iban en moto y los que íbamos en los vehículos nos dimos cuenta que ya era el momento preciso para la retención y en un instante el carro donde él iba con otras dos personas se desapareció de nosotros y pensamos que se nos había escondido detrás de un bus o un camión y todos nosotros quedamos perplejos, dijimos -¿pero qué pasó?¿Por dónde cogió si la avenida es la única que hay, acá no tiene salidas, qué pasó?- Entonces, comencé a alterarme, a regañar a mi gente, a ver qué era lo que había pasado, por qué el carro al que íbamos a parar se nos esfumó, sencillamente se desapareció…

H&C: ¿Usted estudió la personalidad y hasta la vida del pastor Darío para obedecer la orden del “Mono Jojoy”?

G.R.M.: Sí señor, porque al sujeto que se va a retener se le hace un estudio previo y detallado de todo el historial y de sus hábitos diarios personales que nos es entregado, y yo tenía que responder por la inteligencia del grupo la cual se hizo para la retención que no pudimos concretar.

H&C: Obviamente ustedes sabían a dónde lo iban a llevar, ¿verdad?

G.R.M.: Yo debía cumplir, porque recibí una orden para efectuarla en el frente 22 de las Farc y la compañía Policarpa Salavarrieta de Cundinamarca. Nosotros debíamos salir de Bogotá por la Calle 80 o por la Autopista Norte, según como se nos dieran las circunstancias, según como… nos fuera en el suceso, por lo general salíamos por la 80, vía hacia Villeta y allá nos internábamos por el monte, cerca de un pueblo llamado Útica.

H&C: En su carta escrita a mano, muy bien redactada, por cierto, hay varios aspectos para tratar y muy importantes. Usted ¿cómo llega a estudiar y a graduarse de Psicología en la Universidad Nacional si lleva 13 años en prisiones tan severas como La Picota de Bogotá o ésta de Alta Seguridad en Cómbita?

G.R.M.: Llevo privado de la libertad más de trece años, pero el Inpec nos ofrece la posibilidad de estudiar a distancia, entonces comencé con la Universidad Nacional a Distancia, es decir, en una de las mejores universidades del país, me gradué y llevo 12 años como instructor en el área educativa enseñando a mis compañeros de reclusión.

Ahí fue donde me di cuenta que había la posibilidad de que recibiéramos un subsidio económico, mediante el cual el Inpec nos ayudaba para hacer una carrera universitaria a distancia, fue cuando tomé la decisión de estudiar Psicología y terminé y me gradué hace ya algunos años.

H&C: ¿Cómo aquí, en la prisión, llega a conocer a Jesucristo?

G.R.M.: Bueno, es una historia un poco larga pero con resultados. A mí, afuera en la calle, de oídas, sabía de Jesús, sabía de Dios, y nunca hice caso por conocerlo. ¿La verdad?, por los afanes de la vida. Nunca hice caso. Recuerdo que hace más de 12 años, un 25 de diciembre, me encontraba bastante afligido, estaba en el patio con mis compañeros en la penitenciaría de La Picota en Bogotá y se acercó a mí un líder cristiano y me invitó a una reunión; yo no quería ir pero algo me motivaba a hacerlo, fue cuando decidí acompañarlo a la iglesia, una iglesia cristiana muy bonita, me acerqué allá y nos pusimos a orar entre compañeros y el líder comenzó a predicar y me entró un quebranto tremendo, ese día me dijeron que hiciera la oración de fe y desde ahí comenzó esa entrega con el Señor. Fue como un gran sentimiento de paz el buscar de Dios, de leer la Biblia, de entregarme, de pedirle perdón por todos mis…(rueda una lágrima por sus mejillas), por todo lo que había hecho yo, de lo que estoy arrepentido.

H&C: ¿Usted tiene y usa una Biblia aquí, en Cómbita?

G.R.M.: La tengo, la uso y la leo todos los días. Y la presto a mis compañeros que quieran leerla. No hay muchas Biblias, pero ahí vamos… ahí vamos.

H&C: ¿Cómo consiguió el nombre del Director de la revista y su dirección para enviarle esta carta?

G.R.M.: Mi esposa fue un sábado a un supermercado porque iba a venir a visitarme al día siguiente, y mirando revistas vio Hechos&Crónicas, y como ella sabía que yo andaba en asuntos cristianos en la prisión, me la trajo para que leyera esos muy buenos artículos que ustedes publican.

H&C: Pues mire que le tenemos una sorpresa, una enorme sorpresa, voltee a mirar, para allá, para su derecha, quien está por acá…

G.R.M.: ¡Pastor!... pastor Darío…

Pastor Darío: Pues mire Guillermo, este es uno de los días más bonitos de mi vida, usted le envió a don Augusto Calderón, director de nuestra revista, esta carta, en la que usted le pide que me contacte para hacérmela llegar. Y me llegó, y aquí estoy para decirle que… he venido personalmente a decirle que lo perdono de todo corazón.

Los dos, el pastor y Guillermo, se dan un abrazo, el abrazo del perdón, unas lágrimas caen en ambos rostros, el uno al pedir perdón y pastor al conceder, con un fuerte abrazo, ese perdón.

G.R.M.: Muchas gracias pastor…

Pastor Darío: Gracias por lo que está haciendo dentro de la prisión, como lo hizo el apóstol Pablo por el Evangelio en su tiempo. Hay que recordar que Pablo era realmente un organizador de “Bacrims” en la época del imperio romano para matar cristianos, y yendo por el camino de Damasco, el Cristo resucitado lo secuestró, lo emboscó a él y San Pablo se convirtió en el primer apóstol del evangelio y en el mejor ejemplo de que Cristo cambia a las personas. Somos nuevas criaturas gracias al poder de su Espíritu, y quiero decirle que le doy muchas gracias al Señor por su vida Guillermo, por el lenguaje que utiliza, por el trabajo que está realizando dentro de la prisión, educando a toda clase de internos y espero que muy pronto el Señor rompa las cadenas aquí, lo ponga en libertad y que esa profesión que usted adquirió con esfuerzo dentro de la cárcel se pueda utilizar para que el país entienda el perdón y la reconciliación.

G.R.M.: Amén… pastor. Yo sé que Dios ya me perdonó y que este sea un momento para pedir al pueblo colombiano, a todas las personas que con nuestro actuar en otra época les hicimos daño, a las víctimas del conflicto, a todas esas personas y sus familias a las cuales por uno u otro motivo retuvimos a sus seres queridos, a esos hijos, a esas madres, a esas esposas que sufrieron el dolor en carne propia yo les pido perdón de corazón, solo le pido al Señor que así como a mí me ha dado fortaleza para llevar a cabo todos estos años de prisión, también a ellos les dé fortaleza para seguir luchando y orar por el pueblo colombiano.

P.D.: De eso no cabe la menor duda porque la oración es el vehículo de comunicación entre el cielo y la tierra, pero la oración hay que ponerla en acción.

G.R.M.: Amén, pastor.

P.D.: Eso es lo que usted ha hecho, que Dios lo bendiga porque su ejemplo va ayudar a muchos a comprender, cuál es el Plan de Dios para Colombia. A propósito, en la iglesia tenemos un grupo que se llama Pazcificadores y su director es Alberto Pardo.

Él y su esposa Sandra tienen este maravilloso grupo de trabajo en la iglesia… Que podamos pensar que mientras haya injusticia social puede haber violencia. No podemos permitir que la gente siga sin perdón, sin reconciliación, pero sobre todo, sin pensar en el prójimo como Jesús nos enseñó. Invitación de Alberto Pardo para trabajar en cárceles…

G.R.M.: Si el Señor me va utilizar de esta manera, yo sé que hay un propósito para mí en esta cárcel y si el Señor me va a utilizar como instrumento de bendición bienvenido sea el programa.

P.D.: Quiero finalizar agradeciendo a Guillermo por la generosidad como nos recibió… yo hubiera querido una entrevista privada porque lo privado se vuelve público cuando el cuerpo de Cristo actúa sobre una nación; no hay más remedio que buscar a Cristo para que Colombia pueda ser transformada.

En las prisiones hay mucha gente que ya cambió su corazón, que es nueva criatura en Cristo Jesús y son nuestros hermanos en la fe a quienes debemos respaldar en la obra de evangelización que adelantan…

Este es el país que queremos ver, que un día los guerrilleros, los paramilitares, los militares y la población civil nos abracemos todos bajo la bandera tricolor y la cruz de Jesucristo. Con lo anterior, no se cierra un capítulo en las vidas de uno y otro protagonista sino que se abre un camino para que todos quienes lean esta singular historia, aprendamos que el perdón es posible otorgarlo aun en las condiciones más difíciles de la vida. Y, sin duda, este episodio sucedido dentro de la prisión de Alta Seguridad de Cómbita, ocurrido un viernes de marzo, es un ejemplo cristiano para otorgar el perdón para alcanzar la paz.

Foto: Franklin Peña / Hechos & Crónicas Televisión

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