Jueves, 27 Abril 2017 17:39

Historia de amor en un bus

Como bogotanos, todos hemos experimentado los terribles trancones del centro de la ciudad. Largas horas esperando cruzar semáforo a semáforo, interminables vendedores ambulantes y miles de buses, busetas, colectivos, SITP y hasta Transmilenios tratando de abrirse camino. ¡De solo pensarlo da dolor de cabeza!

Sin embargo, lo que para muchos es un problema eterno, se convirtió para nosotros en el mejor cómplice de lo que sería nuestra historia de amor. ¡Como todo lo de Dios, sorpresivo, inesperado y sencillamente milagroso!

¿A quién se le hubiera ocurrido encontrar al amor de su vida, enamorarse de él y oficializarse como novios bajando en un bus por la Calle 19? Fue allí donde empezó nuestra historia, esa que cuenta de dos muchachos universitarios, de una amistad entrañable y sobre todo de cómo Dios escribe en nuestras vidas. Tal vez usted sea un incrédulo más, un escéptico definido que confía en sus cálculos y números, pero la primera lección que Dios nos dio del amor es que en su ecuación esperar vale por dos.

Si esperas por tu príncipe llega, si anhelas tu princesa con tu corazón llega, porque al hacerlo estás permitiéndole a Dios marcar tu camino.

En nuestro caso así fue. Hoy sé que mi espera en Dios por Angie fue un tiempo precioso de paciencia, de aprendizaje y de crecimiento. Hoy sé que Angie escribió siendo todavía una niña, el príncipe que quería y su espera fue un tiempo de obediencia, amor, fe y crecimiento. Y a diferencia de otros que piensan que esperar es perderse el gozo de la vida, en nuestro caso significó aprender a tener límites, respetarnos, compartir, ser sabios y a través del amor demostrarles a los demás que una vida íntegra te pone siempre en las manos de Dios. Por eso nuestro noviazgo está lleno de grandes recuerdos, aventuras que nos permitieron descubrirnos como personas y así acrecentar nuestro amor. Al final aprendimos que un noviazgo sirve para edificarte, aprender a cuidar al otro, descubrirse y conocerse.

Antes de casarnos tuvimos que ver partir a una de nuestras madres, ver cómo uno de nuestros padres luchaba contra un cáncer terminal y pronto descubrir lo vital que sería para nuestra relación apoyarlos, como hijos y como hermanos. Nuestra historia sin ellos no sería la misma. Su amor, ejemplo, carácter, tiempo y consejos han estado allí para guiarnos Su amor es muestra fiel de lo bendecidos que Dios nos ha hecho. Fueron ocho años de noviazgo, que aún no terminan y que con el tiempo se transformaron en una petición de matrimonio y de allí en el sueño de una familia construida para Dios. Para este mes cumpliremos siete años de casados, en los que Dios haya bendecido nuestro amor, siete años de aventuras, sueños construidos y por construir, de lecciones de vivir y gozar de la mano de Dios.

Nuestra fórmula tal vez usted la conoce, tal vez alguien ya se la dijo… hacemos de Jesús el centro de nuestra relación y de nuestra familia. Parece costura, parece un cuento viejo, pero en nuestro caso es todo, de principio a fin. Ello lo hemos traducido en un esfuerzo constante por hacer de nuestro hogar un “pedacito de cielo” y en soñar siempre en las manos de Dios.

Todos los días pedimos a Dios que nuestros pasos se direccionen hacia Su voluntad, que Su llamado sea una realidad en nosotros, como cuando Jesús llamó a Pedro sobre las aguas. Por más fuerte que sean los vientos o altas que sean las olas de las pruebas, siempre sabremos que nuestra roca es inamovible y nuestra fe nos permitirá depender y esperar en Dios.

Construir un matrimonio es un proceso permanente, el título lo recibes cuando te casas, pero el verdadero esposo o esposa se construyen mutuamente, de la mano de Dios. Por eso no dude nunca en apostar por su hogar, inviértale tiempo, sáquelo de la rutina, aprenda cosas nuevas que nutran su hogar, sirva a otras parejas, sirva a su pareja siempre viendo el propósito eterno que Dios les ha confiado. Así verá su hogar resplandecer y su familia prosperar en Dios.

Hagan todo con amor. 1 Corintios16:14

El amor combina con todo...

Se viste blanco y lino el día del matrimonio, para luego volverse el botones que carga las maletas de las aventuras de los primeros años de casados, se pone delantal para llevar la comida a casa y sastre y corbata para proveer en abundancia para los suyos... luego huele a pañal y babero para aprender a enamorarse en las largas noches de poco sueño y mucho llanto, para después calzarse el uniforme de esposos y padres, y de rodillas pedir a Dios que la historia se siga escribiendo siempre guiado por Su voluntad...

Por: Angie y Wei Hung

Ilustración: 123RF

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