Viernes, 27 Enero 2017 21:55

Los peores papás del mundo

Hace poco llevé a mi hijo de cuatro años a almorzar a un restaurante que tiene parque infantil. Una de las atracciones del lugar es un tobogán gigante al que los niños suben escalando una malla de niveles que equivale a los cuatro pisos del restaurante.

Era una situación atemorizante para mi pequeño. Él se quería lanzar del tobogán con todas sus fuerzas, llevaba una semana entera hablando de eso, pero simplemente tenía miedo de subir solo y no se permitían adultos.

Cuando más frustrados estábamos (yo tratando de convencerlo casi obligado y él asustado casi llorando), apareció otro niño que nunca habíamos visto. Era solo un poco más grande que mi hijo, pero con voz fuerte le dijo: “¿vamos?” Mi hijo esquivó la mirada, hizo un quejido negándose y se escondió en mis brazos. El niño, sin sentirse ofendido le dijo: “Es chévere. Yo primero me asusté pero después me gustó. Vamos los dos y el último que llegue es una papa frita”. Mi hijo se rió, lo miró y salió temeroso detrás de él. Subieron juntos y se lanzaron por el tobogán como por dos horas seguidas.

Cuando apareció la mamá del niño, que llevaba un rato desde otro punto del restaurante, me acerqué a ella y le pregunté “¿Él es tu hijo?” Ella extrañada me respondió que sí, así que le dije: “Tu hijo es muy sociable y valiente. Mi niño no quería subir y él lo animó. Qué rico ver niños así, se nota que recibe mucho amor”.

La mujer poco a poco fue cambiando la expresión de su cara. De la sorpresa pasó a la emoción y hasta sus ojos se vieron aguados por un segundo. Me agradeció mis palabras y me dijo que no era común recibir ese tipo de comentarios cuando se es mamá. ¡Y tiene razón!

Un estudio publicado recientemente por la marca Similac reveló que 95% de las mamás se sienten juzgadas constantemente por la forma en que crían a sus hijos; así mismo, reconocen que ellas también suelen juzgar a otras madres.

Es algo que he vivido en carne propia desde el momento en que quedé embarazada de mi hijo mayor, durante sus cuatro años, en mi segundo embarazo y durante los meses que tiene mi niña: los consejos no pedidos, los regaños, la descalificación por mis acciones, los reproches y las miradas condenatorias de otras mamás. Lo triste es que son justamente otras mamás, no otras personas, sino otras mamás.

Críticas más comunes

• Parto natural o cesárea. Si nació por cesárea, eres menos madre.

•Lactancia natural, mixta o leche de fórmula.

•Pañales desechables o de tela.

•No ven televisión, se limita el tiempo o ven libremente.

•¿Hijo único o familia numerosa?

•Tipo de colegio que se eligió

•¿Comida rápida u orgánica?

•¿Mamá trabajadora o ama de casa?

•Recuperó la figura después del embarazo o no.

Que si le da biberón, que si lo deja en una guardería a los cuatro meses, que si es madre soltera, que si es una esclava del pecho, que si le da fórmula, que si practica el colecho, que si sale antes del trabajo para cuidar de sus hijos... ¿Quién sabe qué hay detrás de cada historia para poner en tela de juicio las decisiones que cada una toma con respecto a sus hijos? El mensaje es claro para acabar con la absurda guerra de las madres: dejemos de juzgar cómo cada una cría a sus hijos.

Guerra de madres

Con la llegada de la tecnología, los papás nos dedicamos a estudiar a fondo lo que debemos hacer con nuestros hijos. Tenemos una buena intención, no queremos cometer errores y queremos lo mejor para nuestros pequeños. Aprendemos sobre el colecho y decidimos no practicarlo, aprendemos sobre la lactancia y la practicamos, decidimos alimentar a nuestros hijos con comida libre de sal o azúcar porque eso nos dijo el pediatra y nos sentimos excelentes mamás por hacerlo. De pronto encontramos a otra mamá que le da azúcar a su bebé, duerme con él y le da leche de fórmula y entramos en pánico.

“Es muy fácil juzgar. Todos queremos lo mejor para nuestros hijos y encontramos unos parámetros para criarlos que nos parecen los mejores. Sentimos que quien se salga de estos parámetros está haciendo un mal trabajo y eso nos da la libertad no solo de opinar, sino de juzgar”, asegura Kimberly Acosta, psicóloga y madre de dos pequeños.

Ante esto, diferentes entidades han desarrollado campañas. La más conocida es #EndMommyWars que invita a acabar la “guerra de madres” en la que se juzga indiscriminadamente a una madre por la forma en que ha decidido criar a sus hijos.

La campaña incluye un conmovedor video en el que se siete madres cuentan su testimonio y cómo han juzgado y han sido juzgadas por otras madres. Al final estas mujeres, que no se conocen, se reúnen y comparten sus experiencias, lo que genera una mayor empatía entre ellas.

El video ha sido visto más de dos millones de veces y termina con una frase que resume lo que todas esperamos: “Nada es más satisfactorio que escuchar a otra mamá decirte que eres buena madre o que estás haciendo un buen trabajo. A veces es todo lo que necesitas escuchar”.

Cuando sentimos que lo estamos haciendo bien, a la mayoría se nos sube el ego y comenzamos a creernos psicólogos, pediatras, maestros, consejeros y sobre todo, mejores padres. Sin embargo, eso no nos da la libertad de juzgar, por lo que deberíamos seguir las palabras de Pablo en Filipenses 3:13-14: Hermanos, no pienso que yo mismo lo haya logrado ya. Más bien, una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús.

No somos perfectos ni podemos pretender serlo y tampoco conocemos las luchas diarias de otros papás como para entrar a cuestionarlos. Respetemos y enfoquémonos en la tarea de ser los mejores papás para nuestros hijos.

¿Cómo apoyarnos?

Es muy sencillo. Tenemos que entender que es fácil juzgar cuando no se está en los zapatos del otro. Todos somos excelentes papás de hijos ajenos, pero nadie necesita consejos no pedidos y menos que se  le descalifique su labor como padre. Lo primero es salirse de la cotidiana figura de ego y buscar empatía. ¿Cómo se sienten estos papás con la situación? ¿Les funciona? ¿Sus hijos están sanos y en buenas condiciones? Si la respuesta es sí, cierre su boca. Todos tenemos derecho a pensar diferente, pero no a opinar en las vidas de los demás.

La campaña #EndMommyWars invita a apoyarnos mutuamente para detener el  juicio de una vez con estos sencillos tips:

• Piense antes de hablar. Mejor aún, no diga nada.

• Analice cómo está mirando. Evite fruncir el ceño y levantar la ceja.

• Respete a la mamá. Incluso si es un tipo diferente de mamá.

Por: María Isabel Jaramillo | @MaiaJaramillo 

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